Hiedra Venenosa 4. El origen de las especies: el clímax.

En ocasiones, debido a la incesante producción de novedades que inundan mes tras mes las estanterías de las librerías especializadas, hay cabeceras que corren el riesgo de pasar desapercibidas. Alejadas de los hypes del momento, quedan relegadas a un discreto segundo plano en el que, cuando un lector las descubre, se encuentra una pequeña joya oculta. Es el caso de la serie dedicada a Hiedra Venenosa a con la que G. Willow Wilson la hizo brillar desde “el Amanecer de DC”. Una serie que panini ha ido publicandola que eficaces tpbs que contenían los diversos arcos argumentales de los dos primeros años de vida editorial de esta reveladora emancipación de un personaje secundario de la cosmogonía de Batman.

Una emancipación a la que desde este lugar del universo le hemos dedicado la atención que merece, desde la fresca sopresa que fue “El circulo virtuoso” al buen rumbo tomado en “Consumo poco ético” y “ La semilla del diablo”. Volúmenes que hicieron crecer la serie hacia terrenos creativamente muy fértiles, donde G. Willow Wilson, acompañada de Marcio Takara, entre otros artistas, y Arif Prianto han dado con la piedra filosofal que hace de Pam Isley un personaje totalmente irresistible. Por la ambigüedad como es mostrada, con un halo siniestro que anida en su interior, como esas esporas que desprendía a su paso al comienzo de la serie; pero también con una caracterización que la hace muy tridimensional, esa que entronca con una especie de ecologismo retorcido y de querer conservar el medio ambiente al precio que sea. Junto a esas dos pinceladas, están los matices de un personaje de carne y hueso que ido evolucionando a cada entrega, con sentimientos, miedos y retos por superar.

Desafíos que le han llevado a compartir páginas con la flora más significativa del universo DC. También con su eterna pareja, Harley Quinn, cuya relación también ha servido de apoyo para ir cimentando puntos fuertes a un argumento donde la botánica y lo terrorífico conviven junto a las relaciones humanas en perfecta simbiosis. Sintetizadas en páginas que quedarán para el recuerdo de los fans de Hiedra Venenosa, como si desprendieran esas feromonas de atracción que el personaje emanaba en sus orígenes.

Por todo ello, era conveniente hacer una escala en el clímax que supone “El origen de las Especies”, (“Poison Ivy: Origin of the species”), obra de G. Willow Wilson, Marcio Takara, Haining y Arif Prianto: el cuarto volumen de la serie que ha editado en castellano Panini con traducción de Santiago García, en el que se recogen los números #19 al #24 editados en grapa en Estados Unidos.

En este arco, que cierra el segundo año de la serie, se mantienen algunos de los estándares que han hecho de la cabera algo para recordar. Desde las efectivas portadas principales de Jessica Fong, que presentan y sintetizan cada una de las grapas en autentica sincronía, hasta lo que espera en las mismas raíces de cada entrega. Ahí es donde todo lo que ha sembrado G. Willow Wilson desde el primer número da unos frutos robustos y jugosos. Excepcionalmente cultivados por Marcio Takara, tan determinante para dar identidad gráfica a la serie como la conceptual que ha dado la escritora de New Jersey. En cuanto a la pigmentación de estas hojas, Arif Prianto mantiene su esencia. Hecho que permite que cuando Takara descansa, como es el caso de las entregas #22 a #24 que dibuja Haining, mantener la unidad estética de la serie.

Así florece este clímax. Porque “El origen de las especies” es exactamente eso: un clímax tras dos años de cultivar una trama sembrando elementos en cada una de las entregas para llegar a este arco donde no solo todo encaja, sino que G. Willow Wilson reasienta su etapa en la cronología clásica del personaje para darle una mayor robustez conceptual a la propuesta. Una que enlaza con el origen del personaje, que se asimila en perfecta simbiosis a todo lo que ha sembrado Wilson. Como si añadiéramos capas al tronco de un árbol imponente, haciéndolo más fuerte y sólido.

Es pues “El origen de las especies”, en el sentido más darwiniano del término, la consolidación evolutiva de una cabecera notable y de un personaje que ha crecido mientras la han cultivado con oficio G. Willow Wilson, Marcio Takara, Arif Prianto, Jessica Fong y el resto de artistas que han pasado por la cabecera durante sus dos primeros años de vida. Una serie que puede que esté fuera de los focos principales, pero que conviene perderse entre sus páginas. Como cuando estás en un jardín botánico y, mientras todos miran las macetas expuestas, descubres la belleza de una enredadera que crece imponente en una pared.

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