Biblioteca Marvel El poderoso Thor 13: Imaginación desatada

Hay personajes de Marvel que viven preocupados por problemas relativamente normales. Spiderman no llega a fin de mes. Daredevil intenta ejercer la abogacía sin acabar en urgencias cada dos días. Los Cuatro Fantásticos tienen discusiones familiares con la pequeña particularidad de que a veces incluyen invasiones alienígenas. Y luego está Thor, que en esta etapa parece haber decidido que la Tierra le viene pequeña y que lo suyo es recorrer galaxias, desafiar dioses, discutir con entidades cósmicas y protagonizar aventuras que convierten cualquier problema cotidiano en una nota a pie de página.

Esta decimotercera Biblioteca Marvel del Poderoso Thor recoge precisamente uno de esos momentos en los que Stan Lee y Jack Kirby ya habían comprendido que intentar encerrar al Dios del Trueno en historias convencionales era tan absurdo como utilizar el Bifröst para ir a comprar el pan. Si tienes un personaje capaz de plantar cara a Galactus, lo lógico es lanzarlo a escenarios cada vez más imposibles y dejar que la imaginación haga el resto. Y vaya si lo hace. Lo primero que llama la atención al abrir este volumen es que Thor lleva ya bastante tiempo alejado de los asuntos terrenales. Nueva York parece existir en otra dimensión. Donald Blake aparece cuando toca recordar que técnicamente sigue existiendo, pero el verdadero interés de la serie está en Asgard, en los rincones más extraños del cosmos y en cualquier lugar donde Jack Kirby pueda dibujar algo que desafíe las leyes de la geometría, la física o directamente el sentido común.

El tomo comienza cerrando la aventura anterior relacionada con Galactus y los rigelianos, una historia que ya había colocado el listón de la escala en niveles absurdamente altos. El problema de enfrentarte a un devorador de mundos es que luego cuesta mucho volver a entusiasmarse con amenazas más modestas. Es como si después de salvar el universo te pidieran que vigilaras un paso de peatones. Stan Lee conocía perfectamente ese problema. Así que optó por una solución sencilla: seguir hacia delante sin mirar atrás. Si Galactus era gigantesco, el siguiente enemigo debía ser igual de impresionante. Si el escenario era una galaxia lejana, el siguiente debía parecer todavía más espectacular. Si la aventura era épica, la siguiente debía intentar ser legendaria. El resultado es una colección que parece escrita con el único objetivo de demostrar que siempre se puede exagerar un poco más.

El primer gran enfrentamiento del volumen lleva a Thor contra Plutón, el hermano de Zeus. Porque cuando eres un dios nórdico ya no tiene mucho sentido pelear contra criminales corrientes. Lo razonable es empezar conflictos diplomáticos entre panteones mitológicos. Marvel todavía estaba construyendo su inmenso universo compartido y Lee aprovechaba cualquier oportunidad para conectar conceptos, personajes y mitologías distintas. Plutón funciona razonablemente bien como antagonista, aunque la historia tiene un curioso efecto secundario: leída hoy resulta imposible no compararlo con todos los villanos que vendrían después. Y la comparación no siempre le favorece. Tiene presencia, tiene poder y tiene motivaciones reconocibles, pero también transmite cierta sensación de personaje creado para resolver una necesidad puntual antes que para convertirse en una figura imprescindible del universo Marvel. El verdadero plato fuerte llega con Él.

Sí, ese «Él«. El personaje que más adelante evolucionaría hasta convertirse en Adam Warlock. Resulta fascinante volver a estas páginas sabiendo lo que vendrá después. Aquí todavía estamos viendo una versión embrionaria del personaje, una especie de experimento que aún no ha alcanzado su forma definitiva. Y quizá por eso funciona tan bien. Hay algo encantador en contemplar cómo Marvel construía su propio futuro sin ser plenamente consciente de ello. Lee y Kirby probablemente sabían que tenían entre manos una idea interesante, pero difícilmente podían imaginar hasta dónde llegaría aquel personaje nacido de una crisálida. El lector actual disfruta de una ventaja curiosa: puede observar las semillas mientras ya conoce el árbol. Aunque siendo sinceros, el principal espectáculo del tomo no está en los guiones. Está en Jack Kirby.

Decir que Kirby dibuja bien sería como decir que Thor tiene un martillo curioso. Técnicamente es cierto, pero se queda bastante corto. A estas alturas de su carrera, Kirby parece decidido a demostrar que cada página puede convertirse en un acontecimiento visual. Las splash pages aparecen cada vez con más frecuencia. Las composiciones se vuelven más atrevidas. Los escenarios adquieren una escala casi delirante. Los fondos parecen diseñados por alguien que hubiera pasado una tarde entera mezclando mitología, ciencia ficción y sueños febriles provocados por una cena demasiado pesada. Y funciona. Funciona de maravilla. Hay momentos en este volumen en los que uno deja de leer los diálogos durante unos segundos simplemente para quedarse contemplando las ilustraciones. No porque el texto sea malo, sino porque Kirby está desplegando semejante festival de creatividad que resulta imposible apartar la vista.

Por supuesto, no todo es perfecto. Porque entonces aparecen las tintas de Vince Colletta para recordarnos que la felicidad completa no existe. Hablar de esta etapa de Thor implica mencionar inevitablemente una de las discusiones más eternas entre aficionados. Las tintas de Colletta llevan décadas dividiendo opiniones y este tomo no va a resolver el debate precisamente. Hay páginas magníficas. Hay secuencias espectaculares. Pero también hay momentos en los que uno tiene la sensación de estar viendo una versión reducida de lo que Kirby había imaginado originalmente. Es una pena porque el dibujo desprende una energía descomunal. Aun así, la fuerza visual del material logra imponerse casi siempre.

La edición de Panini Comics vuelve a cumplir sobradamente. La línea Biblioteca Marvel continúa demostrando que existe un enorme interés por recuperar estos clásicos en formatos accesibles y bien cuidados. Tenemos los números The Mighty Thor #162-167 con traducción de Gonzalo Quesada y los boletines de redacción traducidos por Víctor Rubio y Juanan Cruz. Por eso, son tebeos que forman parte de la historia del medio y resulta un placer poder disfrutarlos en ediciones cómodas y atractivas. Al finalizar el volumen queda una sensación bastante clara. Estos tebeos continúan consolidándose como una de las colecciones más ambiciosas de Marvel en aquellos años. Este tomo del Poderoso Thor es, en gran medida, una exhibición de creatividad gráfica. Una demostración de cómo un autor podía convertir una aventura en algo cercano a una experiencia gráfica única. Hay números mejores y peores, enemigos más o menos memorables y algunos elementos inevitablemente envejecidos, pero la sensación de asombro permanece intacta. Y eso tiene mucho mérito. Porque más de medio siglo después, estas páginas siguen transmitiendo exactamente lo que pretendían transmitir cuando fueron publicada. La sensación de que cualquier cosa puede ocurrir cuando el Dios del Trueno levanta el martillo y Jack Kirby decide abrir una nueva puerta hacia lo imposible.

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