Marvel Essentials Spiderman: la última cacería de Kraven. Una reflexión sobre la obsesión

Ser villano en el universo Marvel nunca ha sido sencillo. La competencia es feroz. Hay científicos locos con tentáculos mecánicos, millonarios con armaduras imposibles, dioses nórdicos con problemas familiares y tipos morados obsesionados con coleccionar piedras brillantes. En ese panorama, destacar vestido con un chaleco confeccionado con la cabeza de un león requiere confianza. Muchísima confianza. O una alarmante falta de supervisión profesional. Kraven el Cazador siempre fue ese personaje peculiar al que los lectores miraban con cierto cariño desconcertado. Sí, era uno de los enemigos clásicos de Spiderman. Sí, había debutado en los años sesenta. Pero también era un aristócrata ruso que decidió abandonar las comodidades de la alta sociedad para dedicarse a perseguir animales cada vez más peligrosos. Porque, al parecer, coleccionar sellos le pareció poco estimulante.

Sin embargo, en 1987, J. M. DeMatteis y Mike Zeck tomaron a ese villano excéntrico y decidieron hacer algo extraordinario. Convertirlo en el protagonista de una de las historias más intensas, inquietantes y memorables de Spiderman. El resultado fue «La última cacería de Kraven», una obra que sigue figurando entre los mejores cómics del trepamuros y que ahora Panini Comics recupera dentro de su colección Marvel Essentials. Y sí, el formato es pequeño. Pero también lo son los frascos de perfume y nadie duda de que pueden contener auténticas maravillas.

La historia comienza con una idea tan sencilla como perturbadora: Kraven ha decidido que ya basta. Después de años persiguiendo a Spiderman sin conseguir demostrar su superioridad, ha llegado el momento de poner fin al juego. Pero no quiere derrotarlo como haría cualquier villano estándar. Nada de rayos mortales, ejércitos de secuaces ni planes absurdos que dependan de que el héroe permanezca inmóvil escuchando explicaciones durante veinte minutos. Kraven quiere algo mucho más sofisticado. Quiere ser Spiderman. Y ahí es donde uno comprende que esta historia no se parece a ninguna otra. Porque La última cacería de Kraven no va de quién golpea más fuerte. Va de identidad. De obsesión. De orgullo herido. De la desesperada necesidad de demostrar que uno importa. Y también, por qué no decirlo, de lo mal que puede acabar una crisis de la mediana edad cuando tienes acceso a dardos tranquilizantes y un guardarropa francamente cuestionable.

J. M. DeMatteis construye un relato profundamente introspectivo. Los monólogos internos abundan, pero lejos de ralentizar la lectura, generan una atmósfera absorbente y casi hipnótica. Cada personaje parece atrapado en su propia jaula emocional. Peter Parker sigue siendo el héroe compasivo y resistente que todos conocemos, pero aquí aparece más vulnerable que nunca. Mary Jane vive consumida por el miedo a perder al hombre que ama. Y Kraven… bueno, Kraven es una tragedia griega envuelta en estampado animal. Lo fascinante es que DeMatteis logra que el lector comprenda sus motivaciones sin justificar jamás sus actos. Kraven no deja de ser peligroso ni se convierte de repente en un antihéroe moderno. Sigue siendo un hombre roto, incapaz de aceptar sus propios límites, obsesionado con encontrar un sentido a su existencia a través de una victoria imposible. Y vaya si se toma en serio esa misión. Mientras otros villanos se conformarían con una rueda de prensa anunciando su triunfo, Kraven opta por un enfoque mucho más teatral. Porque si vas a tener una crisis existencial, al menos que sea con estilo.

La estructura de la obra también merece elogios. A pesar de estar repartida entre tres colecciones distintas (Web of Spider-Man, The Amazing Spider-Man y Peter Parker: The Spectacular Spider-Man) la narración fluye con una naturalidad admirable. No hay sensación de fragmentación. Todo forma parte de un mismo descenso a los infiernos. Y es que esta historia tiene algo de pesadilla. Llueve constantemente. Las sombras se alargan. La ciudad parece más hostil. Incluso los silencios pesan.

Ahí entra en juego el espectacular trabajo de Mike Zeck. Su dibujo transmite una intensidad extraordinaria. Los rostros reflejan agotamiento, desesperación y rabia contenida. Las escenas de acción resultan contundentes, pero son los momentos íntimos los que dejan huella. Una mirada perdida. Una figura aislada bajo la lluvia. Una expresión de derrota. Zeck entiende perfectamente que esta no es una aventura convencional. Y eso se nota en cada página. También conviene destacar el trabajo de Bob McLeod a las tintas y el color realizado por Janet Jackson y Bob Sharen, que contribuye a reforzar esa atmósfera opresiva y melancólica que define la obra.

Por supuesto, siendo un cómic de Spiderman, hay espacio para la acción. Pero incluso esos momentos están impregnados de una tensión diferente. Aquí no se trata únicamente de salvar el día. Se trata de sobrevivir. De recuperar aquello que nos define. De levantarnos cuando alguien ha decidido que nuestra historia ha terminado. Puede sonar grandilocuente, pero este tebeo se gana cada una de esas emociones. Y quizá por eso continúa funcionando tan bien décadas después. Porque todos conocemos la sensación de compararnos con otros. De pensar que debemos demostrar constantemente nuestro valor. De obsesionarnos con metas que, una vez alcanzadas, tal vez no solucionen nada. Claro que la mayoría gestionamos esas inseguridades apuntándonos a clases de pilates o comprando una cafetera nueva. Kraven decide convertirse en el hombre araña. Cada uno lidia con el estrés como puede.

Respecto a esta edición de Marvel Essentials, resulta difícil poner demasiados reparos. Panini pone al alcance de nuevos lectores uno de los títulos fundamentales de Spiderman. ¿Es el formato definitivo para coleccionistas exigentes? Probablemente no. ¿Es una oportunidad magnífica para descubrir esta obra maestra sin hipotecar el presupuesto destinado a cómics del mes? Sin ninguna duda. Además, existe cierto encanto en sostener entre las manos un volumen modesto que contiene una historia tan inmensa.

Porque eso es exactamente este tebeo. Una obra inmensa. Un cómic que redefinió a uno de los villanos más peculiares de Marvel. Un relato que demostró que Spiderman podía protagonizar historias adultas, psicológicas y profundamente emotivas sin perder su esencia. Y una prueba irrefutable de que nunca conviene subestimar al tipo del chaleco de león. Treinta y muchos años después de su publicación original, sigue emocionando, inquietando y sorprendiendo. Continúa siendo recomendada generación tras generación de lectores. Y conserva intacta esa extraña capacidad para hacernos reflexionar sobre quiénes somos cuando nos arrebatan aquello que creemos que nos define. Así que sí. Si nunca has leído «La última cacería de Kraven», este tomito es una puerta de entrada perfecta. Y si ya la conoces, volver a ella es como reencontrarte con un viejo amigo… aunque ese amigo tenga tendencias obsesivas, recite monólogos existenciales bajo la lluvia y posea un vestuario digno de la peor pesadilla de un diseñador de interiores.

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