Viejas Promesas: cambio de banquillo

«Viejas promesas» es una de esas obras que consigue una hazaña bastante notable. Hacer un cómic sobre fútbol que, en realidad, no trata de fútbol. Bueno, sí trata de fútbol, claro. Hay representantes, jugadores, clubes, fichajes, ojeadores y conversaciones que probablemente provocarían lágrimas de emoción en cualquier aficionado capaz de recordar alineaciones de Real Madrid de 1997(que no es mi caso). Pero lo verdaderamente importante aquí no son los goles ni los trofeos. Lo importante son los sueños que se quedaron por el camino, las oportunidades perdidas y, sobre todo, esa maravillosa incapacidad humana para aceptar que algunas cosas ya pasaron y quizá no vuelvan jamás.

En el centro de todo está Beni Castanera, un representante de futbolistas que vive instalado en un estado permanente de nostalgia profesional. Hubo un tiempo en que estuvo a punto de tocar el cielo. Descubrió a Fali, una joven promesa destinada a convertirse en estrella, y creyó que aquel sería el golpe definitivo que lo colocaría entre los grandes nombres del negocio (seguro que a los aficionados al futbol saben los nombres de grandes representantes). Pero entonces apareció una lesión, el sueño se hizo añicos y tanto el futuro del jugador como el de su representante quedaron atrapados en el limbo de lo que pudo haber sido. Han pasado casi tres décadas desde aquello, pero Beni sigue caminando por la vida como si el universo le debiera una explicación y, de paso, una segunda oportunidad.

Lo maravilloso del personaje es que resulta imposible decidir si es un visionario incomprendido o simplemente un cabezota profesional. Probablemente sea ambas cosas. Es uno de esos individuos que se niegan a evolucionar porque están convencidos de que el mundo es el que ha tomado el camino equivocado. Mientras el fútbol moderno se ha convertido en una gigantesca industria global donde los adolescentes tienen agentes, nutricionistas, asesores de imagen y contratos millonarios antes de aprender a aparcar un coche (vamos lo que yo llamaría una gilipollez supina). Beni sigue funcionando con una mentalidad que parece extraída directamente de los años noventa. Es un superviviente de otra época, un romántico perdido en un negocio donde el romanticismo suele durar menos que una promesa electoral.

Álvaro Velasco e Iñaki San Román entienden perfectamente el potencial cómico de esa situación y construyen gran parte de la historia alrededor del choque entre dos mundos. Por un lado, está el fútbol de antes, con sus negociaciones improvisadas, sus personajes extravagantes y su aire de aventura permanente. Por otro está el fútbol actual, convertido en una maquinaria económica tan sofisticada que parece diseñada por consultores financieros en lugar de aficionados al deporte. Beni se mueve entre ambos escenarios con la elegancia de un elefante intentando utilizar una aplicación móvil para pedir comida a domicilio.

La ironía funciona porque nunca se utiliza para ridiculizar al personaje. Los autores se ríen de él constantemente, pero también le tienen un enorme cariño. Y eso se nota en cada página. Beni puede ser un cuñado de manual, un hombre incapaz de entender muchos de los cambios que se han producido a su alrededor y alguien que toma decisiones cuestionables con una facilidad casi artística, pero también es buena persona. Sigue creyendo en los jugadores antes que en el dinero. Sigue valorando la lealtad en un entorno donde la lealtad parece una reliquia arqueológica. Y sigue convencido de que las personas importan más que los contratos.

Esa combinación convierte al protagonista en uno de los grandes aciertos del cómic. Porque cuanto más lo conocemos, más gracioso resulta. Y cuanto más nos reímos de él, más terminamos entendiendo sus frustraciones. Todos hemos conocido a alguien parecido. Esa persona que lleva veinte años hablando de aquella oportunidad que estuvo a punto de cambiarle la vida. Ese amigo que sigue convencido de que habría triunfado si las circunstancias hubieran sido diferentes. Ese familiar que conserva intacta una versión idealizada de sí mismo que el paso del tiempo se ha empeñado en desmentir. Beni pertenece a esa estirpe de soñadores obstinados que convierten la nostalgia en una forma de vida. Pero Viejas promesas no se limita a encadenar bromas sobre un representante desfasado. Debajo de todo el humor existe una historia sorprendentemente humana. La relación con su hija aporta algunos de los momentos más interesantes de la obra y sirve para mostrar las consecuencias de ciertas actitudes que durante décadas fueron consideradas normales. El cómic aborda estos aspectos con inteligencia, sin necesidad de grandes discursos ni dramatismos excesivos. Simplemente muestra a un hombre enfrentándose a las decisiones que tomó cuando era más joven y descubriendo que algunas de ellas dejaron cicatrices que no desaparecen con facilidad.

El dibujo de Pedro Rodríguez encaja perfectamente con esa propuesta. Su dibujo posee una expresividad extraordinaria y un trazo que aporta personalidad a cada página. Los personajes tienen vida propia, los escenarios resultan creíbles y todo funciona con enorme fluidez. Además, demuestra una habilidad notable para la comedia gráfica. Muchas veces basta una mirada, una expresión facial o una postura corporal para provocar una sonrisa. No es casualidad que buena parte de los mejores chistes funcionen incluso sin necesidad de diálogo. También merece reconocimiento el trabajo de caracterización de los numerosos personajes vinculados al mundo del fútbol. Futbolistas, entrenadores y representantes aparecen retratados de forma reconocible sin caer en caricaturas excesivas (para los no aficionados como yo cuesta un poco reconocerlos). Todo fluye con naturalidad dentro de una historia que nunca pretende convertirse en una simple colección de guiños que pueden sorprender al avezado futbolero. Quizá ahí esté la clave de su éxito. Porque aunque el fútbol está presente en cada página, no es necesario sentir una pasión desmedida por este deporte para disfrutar de la lectura. Los aficionados encontrarán multitud de referencias y detalles que apreciarán especialmente, pero quienes no distingan un mediocentro defensivo de un delantero centro tampoco tendrán ningún problema para conectar con la historia. Al fin y al cabo, los temas que aborda son universales.

Aunque ya se publicó en su momento por ECC, Dolmen Editorial recupera este comic para poder volver a disfrutar de esta historia tan entretenida. 96 páginas a color y una excelente reproducción del apartado gráfico en una edición cuidada para una obra que demuestra que todavía quedan muchas historias interesantes por contar alrededor del fútbol sin necesidad de centrarse en lo que ocurre dentro del terreno de juego. Porque «Viejas promesas» no habla de campeones. Habla de los que se quedaron a medio camino. De quienes siguen persiguiendo una oportunidad cuando todo indica que ya es demasiado tarde. De los románticos incorregibles que se niegan a rendirse, aunque el marcador lleve años jugando en su contra. Quizá por eso resulta tan divertida, tan cercana y tan fácil de querer. Porque mientras observamos a Beni correr detrás de un sueño que parece escaparse continuamente de sus manos, acabamos reconociendo algo incómodo. Todos tenemos una promesa guardada en algún rincón de nuestra vida. La diferencia es que la mayoría intentamos olvidarla. Beni, en cambio, sigue persiguiéndola como si el tiempo no hubiera pasado. Y verlo intentarlo es tan ridículo como entrañable.

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