Vendetta: asuntos de familia

“Quando fai piani per la vendetta, scava due tombe: una per la vittima e una per te stesso…”


Con el secuestro de la hija del gobernador de Lousianna comienza “Vendetta”, donde Fabrice Colin y Bartolome Seguí adaptan a las viñetas la novela “A Quiet Vendetta” de R. J. Ellory. Un thriller de una pieza que acaba de editar en castellano Norma y que tiene todos los ingredientes para que, una vez comiences la lectura, no la sueltes hasta llegar a la última página.

Lo que aquí espera es uno de esos relatos fuertemente armados y presentados. Al igual que en la excelente novela de Roger Jon Ellory, estamos ante una trama que agarra al lector desde el primer momento, pues el planteamiento de partida ya tiene los elementos esenciales para atrapar al lector: un secuestro difícil de resolver. La clave para hacerlo será el personaje de Ernesto Pérez, autentico catalizador de esta obra tan dura y fría como el metal de un revolver.


En esta adaptación Fabrice Colin mantiene la esencia de la novela en todo momento, conservando tanto el ritmo como el tono de la novela. En un eficiente ejercicio de síntesis traza un guion sólido, que tiene vida propia, alejándolo de la zona de las adaptaciones rutinarias para ofrecer algo más estimulante, que aprovecha las virtudes del medio de expresión donde es traspasado el relato: el cómic.

Es ahí donde se potencia “Vendetta”, en el apartado gráfico. Con un Bartolomé Seguí que aparta la luz de sus lápices y pinceles y ofrece páginas efectivas e implacables, como el relato que dibuja y cuenta. Páginas que no solo potencian lo mostrado, sino que están compuestas por viñetas que narran gráficamente desde la excelencia. Bien sea la secuenciación elegida o por los enfoques adoptados . El trazo de Seguí se desenvuelve con oficio mientras atrapa al lector en la venganza que cuenta el relato.


Poco más se debería saber de este relato, donde la política y la familia, en el sentido más criminal del término, dan el contexto de lo que muestra en sus adentros. Lo demás, conviene descubrirlo mientras uno se sumerge en las 128 páginas que componen la edición de Norma, que cuenta con la traducción de Gema Moraleda. Porque, como las cosas buenas, es mejor vivirlas – o leerlas – que que te las cuenten. Y “Vendetta” es una de ellas. Como uno de esos “asuntos de familia” que conviene descubrir.

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