
Más de seis décadas han pasado desde que comenzara su andadura en «Pilote» con «Fort Navajo«. Mike Steve Donovan pasó a la historia del cómic europeo por su apodo: «Blueberry». Desde entonces no ha dejado de protagonizar aventuras, llegando a ser el personaje más icónico del western en viñetas. Jean-Michel Charlier (Lieja, 30 de octubre de 1924 – París, 10 de julio de 1989) y Jean Giraud «Moebius» (Nogent-sur-Marne, Val-de-Marne; 8 de mayo de 1938-París, 10 de marzo de 2012), que entones firmaba como Gir, habían creado todo un icono de la Bande Desinée. Uno que ha sobrevivido a sus autores y sigue cabalgando en las llanuras del cómic actual, manteniendo una esencia propia que lo sigue distinguiendo y definiendo, sin desdibujarse en ningún momento.
Es pues motivo de celebración esta trayectoria, tan longeva como fructífera. Una celebración a la que ahora se suma este homenaje «Tras la pista de Blueberry» («Sur la piste de Blueberry«), que acaba de editar en castellano Norma editorial con traducción de Eva Reyes de Uña. 128 páginas que celebran por todo lo alto a este peculiar héroe. Uno que no lleva bien la disciplina ni lo impuesto. Uno que, en tiempos de fuertes barreras raciales y exclavistas, tiene simpatías hacia los indios o combate en el bando del sur en la Guerra de Secesión. Con esos rasgos comenzó a cabalgar hasta ser el icono que hoy es. Dejando huella en varias generaciones.

Baste, para corroborarlo la nómina de autores que participan en el volumen: Mathieu Lauffray, Blutch, Daniel Goossens, Jean Mallard, Lu Ming, Milo Manara, Ralph Meyer, Stefano Carloni, Corentin Rouge, Dominique Bertail, Enrico Marini, Félix Meynet, Olivier Taduc, Thierry Martin, Vincent Perriot, Fred Nuval, Jean- François Vivier, Jerome Félix, Mathieu Mariolle, Mats, Olivier Bocquet, Vincent Brugeas, Alberto Belmonte, Alexandre Coutelis, Anlor, Michel Blanc-Dumont, Paul Gastine, Phillipe Xavier, Ronan Toilhoat, Jocelyne Chattance, Olivier Taduc, Paul Gastine, Raphael Bauduin y Tohan Glémarec. Todos aportando su grano de arena a este homenaje, a la altura de lo que crearon Charlier y Moebius.
Ya desde la portada de Lauffray, donde hay implícito otro homenaje hacia otro grande, Mike Frazetta, se nos advierte que estamos ante algo grande. Ideal para los fans del personaje, pues en estas páginas albergan varios relatos que abordan desde diferentes perspectivas a Blueberry, pero siempre conservando su esencia. La cual se adivina tanto en la historia de su infancia que abre el volumen como en la que lo retrata ya más ajado y crepuscular. En todas está la esencia con la que lo hicieron cabalgar Charlier y Gir. Aún con los matices y personalidad que le otorga cada autor que participa en esta obra coral, la seña de identidad propia es imborrable. Y ese es el rasgo que otorga a un personaje la categoría de icono. Blueberry, con sus humanas imperfecciones y personalidad propia, ya lo es por mérito propio desde hace décadas.

Así que, volvamos a sentir el desierto y aridez de esos días de aventura y peligro en las zonas de frontera con este homenaje. Una celebración «Tras la pista de Blueberry«, a la altura del mejor western europeo en viñetas. El que crearon Charlier y Moebius. Imperecedero. Como los mitos de frontera de donde bebe el género. Por eso «Blueberry» sigue cabalgando.
