
Apenas unas horas tras finalizar, y el conveniente sueño reparador, han bastado para afrontar estas líneas. Ahora que los recuerdos y sensaciones se entremezclan, antes de que el tiempo haga su pertinente trabajo, es momento de esbozar estos apuntes al natural de lo que ha sido “El 21 Festival”, evento con el que la sala oscense ha celebrado sus quince años de existencia. Años en los que esta pequeña sala ha colocado a la capital oscense en el circuito de la música española. No es una exageración esta afirmación, basta ver la nómina de artistas que han pasado allí para comprobarlo.
Por ello el festival ya tenía un halo especial. Si a eso se le suma una atractiva propuesta gastronómica y una programación infantil (y gratuita) para la mañana del sábado, la combinación ganaba enteros. Sin olvidar lo más importante: quienes han pasado por los escenarios: una selección de artistas eclécticas que han hecho del cartel algo, a priori, atractivo. Y en este caso, el hype ha quedado pequeño a la vista de lo exhibido en el Palacio de Congresos de Huesca. Iremos pues, bajo un criterio personal (¿acaso hay otro cuando hablamos de música que haga sentir?), esbozando lo más representativo de estas dos noches.

Dos noches repartidas en dos escenarios. El principal dentro del recinto y el exterior y gratuita para cualquiera que quisiera pasarse por la fiesta. Porque esto fue una fiesta. Lúdica y popular, pero también con una impronta artística cercana a los excitantes márgenes. Y es esa amalgama donde se ha forjado un cartel que ha resultado el de un Festival que, si no es el que Huesca necesita, se le acerca mucho. Tanto en lo organizativo, pues ha funcionado como un metrónomo en cuanto a horarios, como en lo artístico: un menú muy ecléctico pero con una constante. La del alto nivel de los conciertos. De lo gastronómico aquí no hablaremos, pues en un evento de estas características optamos por satisfacer nuestras apetencias sonoras visto el menú musical propuesto. Menú del que a continuación reseñaremos los sabores que nos dejaron.
Sabores como el sofisticado pop electrónico con los que puso música Hidrogenesse a la tarde del sábado, a los que precedieron Behaves! con un set en el que se adelantó material de su nuevo trabajo. Texturas como las de la intensa propuesta techno del show de Zahara Live, la performance que sirvió como fin de fiesta al festival. Tan estimulánte como el inicio con la agradable sorpresa que son Marina Domínguez, el joven grupo femenino zaragozano que tiene muchos elementos en bruto para dejar huella, por frescura y desparpajo.

Marina Domínguez fueron las encargadas de abrir el festival la tarde del viernes en el escenario exterior con un set energético. De los que calan mientras las canciones se suceden. Después de ellas, tocaba el turno a “Boney M. Experience”, el grupo tributo al proyecto disco con el que el productor Frank Farian se hizo un nombre en la industria musical internacional. Anunciado en los medios como “Boney M”, esta banda, capitaneada por Edna Proctor, una antigua colaboradora de Bobby Farrell, calentó el ambiente entreteniendo desde lo más lúdico y popular. Con muchas ganas de agradar y emulando a los Boney M originales – tres cantantes femeninas junto a uno masculino, que también ponía el punto bailarín sello del grupo original – se sucedieron “Daddy cool”, “Rivers of Babylon”, “Ma Baker”, “Sunny”, “Belfast” y, como no, “Rasputin”. Música pregrabada y voces en directo, como si estuviéramos en una discoteca de finales de los 70. Eso bastó para que la propuesta funky disco llenara el exterior del Palacio de Congresos de Huesca. Y al publico, uno tan intergeneracional como heterogéneo, le bastó para convertir el “ momento revival” en una fiesta a la altura de las mejores noches de San Lorenzo. Y eso, en un caluroso viernes tarde de junio, ya es mucho.

Dentro del Palacio de Congresos, como no podía ser de otra manera, quedaba mucho por disfrutar en estos dos días. Como la euforia que desplegó Veintiuno cerrando la primera noche. O el trago lleno de power pop de Ginebras que nos sirvió la banda madrileña previamente, en un show irregular pero con momentos muy altos y divertidos. También emotivos en lo personal para Margüi Berto, voz principal y guitarra, que supo sacar oficio para tirar adelante del show y dejar un buen sabor de boca ante el público.

Otro de los puntos más excitantes del festival fue la cita con Alice Wonder del sábado. Ella era la elegida para abrir la segunda velada en el escenario interior y no solo cumplió con las expectativas, sino que las superó a base de temas hipnóticos y un notable dominio de recursos vocales y escénicos. De esos que calan, como muchas de sus canciones.

En ese sentido, pero con unas formas más catárticas, habían encarado su set León Benavente la noche del viernes. Uno en el que “En el Festín”, uno de sus temas de “Nueva Sinfonía del Caos”, su último trabajo hasta la fecha, resume la catarsis que supuso su paso por el Festival. Catalizada por un Abraham Boba en estado de gracia, un front man que no solo potencia la solvente propuesta musical de la banda, sino que la amplifica con una intensidad notable.

“Como pistoleros de sangre caliente
Juégatela un poco, valiente”
Del mismo modo, pero en otro registro, cabe resaltar a Quique González, que protagonizó otros de los conciertos más especiales del viernes. Abriendo en el interior, lo fio todo a un repertorio imbatible y a la banda compacta que lo arropa. El resultado: un acertado paseo a lo más selecto de “1973”, su notable último disco y a esas joyas de su discografía que son “Miss camiseta mojada”, “Salitre”, “Nadie podrá con nosotros”. “Kamikazes enamorados” y la gran “Vidas cruzadas” con la que cerró en lo alto. Con el último estribillo de la canción – “Esta es vuestra” – coreada por un público que ya sabía que, viendo a Quique en directo, éste era el sitio donde había que estar.

Sensación que igualmente se produjo ayer cuando Alcalá Norte pisó por primera vez Huesca. Dejando huella de su personal monolito musical. Cincelado en varios estilos, que deviene en uno propio y sólido. Entre lo bizarro y lo sublime. Donde cabe una refrescante y personal versión del “After Midnight” de ABBA, que no desentona junto sus joyas propias, como “Superman”, “El hombre Planeta”, “No llores Doctor G”, ”la vida cañón”, “Westmister”, o, entre otras, “La calle Elfo”. Ingredientes suficientes para hacer de su actuación un concierto cañón. Tan intenso que ni tomamos fotos, pues cuando se goza al máximo uno no está pendiente de inmortalizarlo. Basta con disfrutarlo plenamente.
“¿Acaso crees en Dios, Superman?”

Dejamos para el final el momento de mayor comunión de banda y público de los vividos en el festival. Este no es otro que el que ofreció Mikel Erentxun, que ha resucitado Duncan Dhu en una gira 40 aniversario destinada al recuerdo. Y no solo por el repertorio imbatible que cosechó junto a Diego Vasallo en los años que duró en activo la banda, sino por cómo afronta estos shows. Por como rejuvenece parte del repertorio (a destacar el aire rockabilly de “La barra de este hotel” o la cadencia sexy que ha potenciado en “Mundo de Cristal”) sino por armarlo concienzudamente, combinando los hits imperecederos con otras joyas menos conocidas (“El ritmo de la calle”). Cierto que fue un set más reducido de lo habitual al estar englobado en un festival, pero fue tan potente como imbatible lo que exhibieron en el escenario. Llevando al respetable a una total comunión entre banda y público con “Cien gaviotas”, «Jardín de Rosas», o “En algún lugar”, que supuso el cierre por todo lo alto.
“No busques mucho más.
No habrá lugar mejor…”
Esas son las sensaciones que han dejado estas dos jornadas de El21 Festival. Que quizá han hecho justicia al eslogan del evento – “Es el festival” – , por todo lo exhibido en el escenario. No sabemos, a día de hoy, si tendrá el festival continuidad. Por lo pronto, ya han hecho historia en la memoria cultural de la ciudad.
