El Poder de los 80. He-Man y los Masters del Universo: reconstruyendo una época

Voy a decir algo que quizá no sea del todo razonable para una persona adulta. De hecho, seguramente no lo sea. Pero si has abierto esta reseña esperando objetividad, equilibrio y distancia crítica, te has equivocado de Castillo de Grayskull. Porque yo no he venido aquí a analizar «El Poder de los 80: He-Man y los Masters del Universo» de Kromic Bruck(en otros círculos se lo conoce como Adolfo Saro). He venido a declarar mi amor incondicional a un libro que ha conseguido algo que creía imposible. Devolverme a una época en la que un señor musculado con flequillo rubio podía resolver cualquier problema a espadazos mientras un esqueleto azul con capucha morada gritaba amenazas que jamás cumplía.

De ahí que tengamos libros que hablen de muchas cosas, pero de esta en concreto este es el mejor. Es un monstruo de más de quinientas páginas que te agarra por las hombreras de tu armadura imaginaria, te lanza a una cápsula temporal y te devuelve a los años ochenta con tanta fuerza que acabas buscando en Vinted una figura de Grizzlor, Spykor o Sy-Klone a las tres de la madrugada. No digo que me haya pasado. Digo que podría pasarle a cualquiera. Sobre todo, a alguien que conserve una mínima cantidad de dignidad infantil en su interior.

Desde las primeras páginas queda claro que Kromic Bruck no ha escrito un libro sobre Masters del Universo. Ha escrito EL libro sobre Masters del Universo. Y lo ha hecho como debía hacerse. Con la pasión descontrolada de alguien que probablemente lleva décadas almacenando datos sobre Eternia en algún rincón secreto de su cerebro reservado exclusivamente para asuntos importantes. Cosas como recordar qué accesorio venía con Blade, de donde demonios vino Trap Jaw o por qué necesitábamos siete versiones diferentes de He-Man cuando ya teníamos al He-Man original, que era perfecto (bueno He-Man Puño de Trueno era perfecto). La respuesta, por supuesto, es porque sí. Porque eran los ochenta. Porque la lógica estaba de vacaciones permanentes.

Una de las cosas más maravillosas del libro es que consigue explicar el nacimiento de la franquicia sin perder nunca la capacidad de asombro. Hoy conocemos Masters del Universo como un fenómeno gigantesco, pero descubrir cómo surgió todo es casi tan fascinante como contemplar a Orko intentando lanzar un hechizo sin provocar una catástrofe. Kromic va reconstruyendo pieza a pieza el origen de la línea de Mattel y uno no puede evitar pensar que aquellas reuniones de diseño debieron parecerse a una partida de rol especialmente caótica. También nos hable de todas las personas que participaron de una manera o de otra para que este sueño se hiciera realidad. Tenemos a Mark Ellis, Paul Cleveland, Roger Sweet, Raymond Wagner, Mark Taylor, Ted Meyer, Rudy Obrero, Frank Frazzeta, Earl Norem, William George, Donald F. Glut o Alfredo Alcalá junto a muchos más nos dieron la vida para pasear por Eternia y perdernos entre sus grandes recovecos que se crearon bajo el paraguas de Mattel.

Lo extraordinario es que el libro no se limita a contarnos la historia. Nos permite revivirla. Cada capítulo funciona como una máquina del tiempo cargada de fotografías, anécdotas, curiosidades y detalles capaces de activar recuerdos que llevaban décadas escondidos. Hay momentos durante la lectura en los que uno siente que vuelve a estar sentado en el suelo del salón mientras despliega un ejército de figuras (si es que tenías posibilidad) alrededor del Castillo de Grayskull y decide que hoy Skeletor intentará conquistar Eternia por decimoséptima vez. Y volverá a fracasar. Porque nuestro Señor del Mal era el gran campeón de las derrotas épicas.

Por otro lado, si algo demuestra este libro es que los Masters del Universo eran una colección absolutamente maravillosa porque no tenían miedo al ridículo. De hecho, parecían abrazarlo con entusiasmo. Había hombres serpiente. Había hombres abeja. Había hombres pez. Había robots. Había princesas guerreras. Había hombre ariete. Había dinosaurios mecánicos. Había vehículos imposibles. Había castillos imposibles. Había Arañas gigantes (bendita Spydor). Había conceptos tan delirantes que en cualquier otra franquicia habrían sido descartados durante los primeros cinco minutos de reunión. En Eternia todo era bienvenido. Y por eso nos gustaba tanto.

Kromic Bruck entiende perfectamente esa magia. No analiza la franquicia desde la superioridad adulta de quien observa un juguete antiguo. La observa desde la admiración genuina de quien sabe que aquellos muñecos significaron algo muy importante para nosotros. Eso se nota en cada página. Hay una enorme cantidad de información, pero jamás resulta pesada. Al contrario. Cada vez que piensas que ya has leído suficiente sobre una figura concreta aparece una fotografía rarísima, una variante desconocida o una anécdota sorprendente que te obliga a seguir adelante. El libro funciona exactamente igual que las bolsas de patatas. Abres una página para echar un vistazo rápido y cuando quieres darte cuenta llevas dos horas leyendo sobre prototipos que jamás llegaron a fabricarse. Los prototipos merecen un capítulo aparte. Porque si existe una categoría superior al coleccionista normal es la del coleccionista de prototipos imposibles. Esos héroes anónimos capaces de emocionarse viendo una figura que nunca salió al mercado. Y después de leer este libro uno empieza a entenderlos. Resulta fascinante descubrir todos los caminos que la franquicia pudo haber recorrido y nunca recorrió.

Por supuesto, la edición ampliada, editada por Dolmen, juega en otra liga. Aunque ya se publicó hace unos años ahora vuelve con más fuerza y más información. Las más de quinientas páginas son una auténtica barbaridad. Además, con los prólogos y epílogos escritos por Carlos Santos (Actor en los Hombre de Paco, por decir una sola cosa), David Galán Galindo(autor de Orígenes Secretos o del tebeo PRO), Iván Mulero (director de cine y autor de Vampiras: Las Novias) y Rubén Briones (Periodista deportivo) se convierte en un libro tan grande que si lo lanzaras desde Grayskull probablemente podrías derrotar a Hordak y su horda sin necesidad de utilizar la espada. La cantidad de material es sencillamente espectacular. Fotografías, ilustraciones, anuncios, diseños, bocetos y rarezas convierten la lectura en una experiencia peligrosamente cercana al síndrome de Stendhal para aficionados a los juguetes. Además, el nuevo contenido está magníficamente integrado. La información sobre la película de imagen real de 2026 aporta una interesante conexión entre pasado y presente (además de enseñar las nuevas figuras para que el espacio de casa se reduzca un poco más). Porque los Masters tienen una capacidad extraordinaria para regresar cada cierto tiempo y recordarnos que nunca llegaron a marcharse del todo.

Lo mismo ocurre con el amplio apartado dedicado a Las Nuevas Aventuras de He-Man. Durante años esa serie fue tratada como el primo raro que aparece en las reuniones familiares vestido de forma extraña. Kromic decide darle el respeto que merece y contextualizarla adecuadamente. Y aunque siga siendo una etapa discutida, resulta imposible no valorar el esfuerzo por analizarla sin prejuicios. Pero más allá de todos los datos, de todas las fotografías y de toda la documentación, lo que realmente convierte este libro en algo especial es su capacidad para despertar emociones. Porque al final los Masters del Universo nunca fueron únicamente juguetes. Fueron tardes enteras de imaginación. Fueron cumpleaños. Fueron Navidades. Fueron excursiones a la juguetería. Fueron catálogos marcados con bolígrafo. Fueron anuncios de televisión que parecían prometer la felicidad absoluta cuando hablaba el añorado Constantino Romero. Y durante unos años, lo consiguieron.

Por eso leer «El Poder de los 80» resulta tan emocionante. Porque no habla únicamente de He-Man. Habla de nosotros. De quienes crecimos creyendo que el Castillo de Grayskull era el lugar más impresionante jamás diseñado por la humanidad. De quienes aún podemos recitar de memoria media colección de personajes. De quienes seguimos sintiendo una alegría completamente irracional cada vez que vemos aparecer a Skeletor en una camiseta. Kromic Bruck ha construido una obra monumental, divertida, rigurosa y profundamente entrañable. Un libro escrito por un fan para fans, pero también para cualquiera que quiera entender por qué una generación entera sigue emocionándose al escuchar cuatro palabras mágicas. Porque algunos recuerdan discursos históricos. Otros recuerdan fechas importantes. Y luego estamos nosotros. Los que seguimos levantando una espada imaginaria cuando nadie nos mira. Los que todavía sonreímos al pensar en Eternia. Los que sabemos que, aunque hayan pasado cuarenta años, seguimos teniendo cinco años durante unos segundos cada vez que vemos a He-Man. Así que gracias Adolfo por crear un pequeño gran recuerdo para todos aquellos que nos acercamos tanto a las figuras, como a la serie de televisión y ahora a la película dirigida por Travis Knight. No me queda más que invocar las frases que cambiaron para siempre a muchos de nosotros….

Por el Poder de Grayskull

Yo tengo el poder

Deja un comentario