
Sin duda, el clásico de Bram Stoker es una de las obras literarias que más adaptaciones ha conocido en diversos medios. La atracción por los vampiros, desde que “Drácula” apareció aquel 26 de mayo de 1897, ha traspasado época y lugar, para ser, a día de hoy, un clásico popular e universal. Ya no solo de lo que se podría entender como terror gótico, sino que su denominación se ha despojado del adjetivo que la calificaba para ser ya símbolo de un terror moderno que sigue presente en pleno siglo XXI.
Prueba de ello son las múltiples vidas que ha tenido la obra en otros medios, ya sea el cine o el cómic. Tanto en celuloide como en viñetas, el relato insignia de la literatura vampírica se ha adaptado hasta la saciedad. Incluso ha servido como punto de partida para nuevos relatos. Baste hacer memoria cinematográfica para que a muchos nos venga a la mente Bela Lugosi o Gary Oldman interpretando al conde de Transilvania.

Si viajamos a las viñetas, lo vampírico nos lleva a recuerdos trazados por el maravilloso claroscuro de los trazos de Gene Colan en la gloriosa versión que editó Marvel en los años 70. También, para muchos, decir Drácula, es recordar la sublimación hecha tebeo que realizó Fernando Fernández. Incluso, y para rizar el rizo, la adaptación al cómic de la película de Francis Ford Coppola que realizaron Roy Thomas, Mike Mignola, John Nyberg y Mark Chiarello, que es una joya “per se”, por lo mucho y bueno que tiene en sus adentros.
Dicho lo cual, la pregunta en el aire es evidente: ¿Hace falta que Drácula conozca más vidas en medios de expresión? La respuesta, que no es otra que el tebeo que hoy nos ocupa, no es menos contundente y rotunda: Si. Ahí está el “Drácula de Georges Bess” que hoy tenemos el placer de reseñar. Pues es un deleite pasar por estas páginas, releerlas en una edición definitiva que acaba de estrenar Norma, con traducción de Alba Pagán, en la que se incluye como extra la adaptación de “El invitado de Drácula”: un pequeño relato de Bram Stoker, que bien pudiera haber sido un descarte del texto original, pues en él se advierte el tono y clima que posteriormente se desarrolla en la novela.

Ampliada y definitiva. Esos dos apelativos acompañan a esta nueva edición. Ciertos ambos, pues en ella se incluye el material adicional antes citado. Un hecho que hace que el volumen se erija como el mejor editado de la obra de Bess. Uno en el que demuestra que “Drácula” no solo es un caudal creativo inagotable si cae en buenas manos artísticas. Sino que de el se puede seguir bebiendo para plasmar páginas, atmósferas y sensaciones que siguen maravillando e impactando, por mucho que se conozca el relato de principio a fin.
Eso ocurre con el “Drácula” de Georges Bess, que es una lección de maestría en cuanto a narración gráfica. Desde las portada realizada junto a Pia Bess hasta lo más recóndito de su interior. Tanto por la sublimación que desprenden estas páginas en glorioso blanco y negro. Donde las tintas bañan y definen. Donde las miradas y gestos perfilan cada instante. Donde por mucho que sepas donde te va a llevar el relato, quieres volver a recorrerlo nuevamente, porque si es con el arte de Georges Bess el viaje se antoja refrescante y estimulante. Ejemplo de que, por muchas adaptaciones haya conocido un clásico, siempre hay lugar para una más si se hace desde la excelencia.

Es por ello que, desde este lugar del universo, celebramos esta edición definitiva del “Drácula de Georges Bess”. Si se tiene querencia vampírica, o simplemente atracción por las viñetas que destilan “savoir faire” en su composición y trazo, conviene “entrar por propia voluntad” en sus páginas. Al fin y al cabo, lo que plasma aquí Georges Bess no es más que una bella carta de amor al vampiro más universal, perfilada desde la excelencia.
