
Como cuando se dispone una charla en torno a un café o una infusión, el tiempo queda suspendido para los contertulios. Es en ese momento, cuando parece que todo está en pausa, cuando la vida se verbaliza en la conversación. Sin aspavientos. Poniendo el foco en lo que importa, como las amistades y lazos que perduran a lo largo del tiempo, con los cambios y fases que cada uno lleva consigo, labrando la biografía propia con la misma profundidad que la huella que deja en sus compañeros de viaje. Será la vida que se impone, sin excesos pero con contundencia, como todo lo que ocurre mientras pasan los días. De eso se nutre “El semáforo”, el nuevo cómic de Vicente Cifuentes editado por Norma.
Sutil y profundo. Ese es el tono que Cifuentes ha elegido para “El Semáforo”, un lúcido “slice of life” hecho en viñetas que despliega oficio y verdad por los poros de su argumento. Uno protagonizado por tres amigos en diferentes momentos vitales. Uno a borde de la paternidad, otro recomponiéndose de una ruptura y un tercero en una promiscua rutina tan llena de encuentros carnales como de vacío emocional. Los tres ante “El Semáforo”, como si la señal diera y quitara el paso en sus historias, a modo de metáfora sobre lo que es la vida madura, las relaciones interpersonales y el crecimiento interior.

De eso se nutre este tebeo: de un planteamiento que, a priori, puede parecer arriesgado para materializarlo en las 88 páginas que componen la obra, por el tono que adopta el autor al plasmarlo. Uno cercano e íntimo, que convive con las sensaciones íntimas. Esas que son fáciles de identificar, pero difíciles de describir. Y Cifuentes lo ha logrado con una sencillez notable, de las que aportan lucidez tan solo verlas. Por lo mucho que implican con solo mostrarse, por lo que ilustran y dimensionan.
Y es precisamente ese enfoque lo que hace crecer a “El Semáforo”. Donde todo fluye de forma orgánica, sin hacer ruido, pero calando conforme se recorre este argumento. Uno que bajo la sencillez aparente esconde la solidez de lo robustamente bien construido, desde la eficacia de quien da una lección de oficio en cuanto a composiciones de página y secuenciación. Narrando con nitidez, tanto argumental como gráfica, envolviendo al lector página tras página, mientras las vidas de Mark, Paul y Bastián, los protagonistas, se hacen tridimensionales a cada paso que avanzamos en el relato. Señal de lo bien que se han construido sus caracterizaciones, contexto y trasfondo.

Es por eso que “El Semáforo” sabe a esa infusión o café que te tomas con los verdaderos amigos, donde la vida se abre paso en la conversación entre risas, complicidades y confidencias. Esa es también la luz creativa que aporta este cercano “slice of life” en viñetas. Una que sorprende y reconforta en su lectura, dejando la sensación de haber tenido la suerte de haberte cruzado con un relato que no solo entretiene, sino que aporta dejando poso tras su lectura. Bienvenido sea pues “El Semáforo” de Vicente Cifuentes, pues las luces del mismo iluminan una historia que merece ser degustada con la calma e intensidad del momento que merece. Será por la luz verde de la creatividad que arroja este tebeo de vidas en la encrucijada.
