Cuanto más pasa el tiempo tengo la sensación de que España es un país mezquino en las formas. Sobre todo, en las mediáticas, donde se ha aceptado un “todo vale” muy cainita para la confrontación política. Un “guerra civilismo” virtual alimentado desde las redes y los medios de información, cuya seriedad cada vez está más en entredicho, a la vista de la amalgama de propaganda que vierten cada día que pasa. Baste ver cada mañana las “noticias” con que se alimenta la máquina de fango puntualmente, con el objetivo de desprestigiar al oponente y difamarlo. Un hecho que, ya por pura desidia, los ciudadanos comunes nos hemos acostumbrado nadando en un descreimiento absoluto. Uno en el que el término periodismo ya es una quimera en este lodazal de intereses políticos, partidarios y económicos.
Lo peor es eso. La aceptación de que la calumnia y la mentira puede circular sin cortapisas, alimentada por interesados, rencorosos e ignorantes. Ausentes de una mínima capacidad crítica y alentados por bajos instintos. Esos que confunden tener posiciones políticas con actitudes de un hooligan primario. Ingredientes esenciales para que campañas de desprestigio funcionen como mechas ardiendo por redes, poniendo en tela de juicio a profesionales con solera. Solo por querer perjudicar a un determinado partido o corriente política. Da igual lo que se lleven por el camino.
Parece un argumento de novela de baratillo, pero la realidad, en ocasiones, se impone de forma grotesca en esta España tan cainita, donde es más fácil embestir que reflexionar. Y su hedor ya ha llegado al tebeo nacional pues esta semana se está acusando a Juan Díaz Canales y a Teresa Valero de hechos sin pruebas concluyentes. Insinuado desde un supuesto periódico digital algún trato de favor. Difamando, que es gerundio. Con la finalidad de desprestigiar al Ministerio de Cultura y a su titular, mientras que por el camino se pone en cuestión el prestigio de unos profesionales del cómic con reconocimiento europeo, como son los autores citados.
El objetivo: señalar a la Dirección General del Libro de un supuesto trato de favor con autoras, con altas dosis de retórica antifeminista en su argumentación. Por el camino, la insinuación de que Juan Díaz Canales, como miembro del jurado, ha tomado partido en favor de una autora a la que le suponen amiga porque han coincidido en eventos de cómic. Del mismo modo, se está insinuando hoy que Teresa Valero tendrá un trato de favor en los próximos premios del Barcelona Cómic 2026. Aunque suene grotesco esto está circulando por redes y algún supuesto “medio de información serio”. Y si, hay que ponerlo entre comillas por lo ridículo y zafio que suena y es.
Todo vale en este país por lo visto. Pero en el tebeo no. No van a empañar con insinuaciones panfletarias el trabajo de años y prestigio del creador literario de Blacksad y de la creadora de Contrapaso, cuyo prestigio se ha labrado tras años de buen hacer, de amor al oficio de contar historias. De trabajo sólido, en definitiva. Un hecho más que objetivo que cada uno de los lectores que ha leído sus obras puede corroborar. Lectores de todo signo ideológico, porque la lectura une. La estupidez separa. Y así nos va en este país tan ruin y cainita, donde la diferencia entre panfleto y periódico es cada día más difusa.
Así que dejen en paz a profesionales de reconocido prestigio más allá de nuestras fronteras. No los usen en sus batallas de propaganda ideológica de primero de Goebbels y tengan por una vez escrúpulos. Dejen de verter basura desde sus púlpitos. Y a los que jalean cuan palmeros, les recomiendo que, antes de aplaudir, que piensen y recapaciten. Tanto a los aficionados como a los compañeros de profesión. Dejen de ser peleles y voceros de un mal mayor y busquen puntos de encuentro en el débil tejido del sector del tebeo español, que falta hace. Gobierne quien gobierne.
Por mi parte, seguiré disfrutando de Blacksad, Corto Maltés y Contrapaso. Con más pasión que nunca. Y ahora como refugio frente a lo más misero, mezquino, estúpido y ruin del alma humana.
Desde estas líneas mandamos un fuerte abrazo a Juan Díaz Canales y a Teresa Valero.
