Abrir este tomo de La Viuda Negra es como colarte en una película de espías de los años 70 donde nadie ha oído hablar de la palabra “discreción”. Aquí todo es intenso, dramático y ligeramente exagerado, como si cada personaje hubiera desayunado café con pólvora. Natasha Romanoff entra en escena con la elegancia de una agente letal y la necesidad urgente de explicarte en voz alta cada uno de sus pensamientos, por si acaso no estás siguiendo el plan secreto número 47-B. Y claro, uno no sabe si está ante un thriller de espionaje o ante un manual ilustrado de “cómo ser una espía mientras narras absolutamente TODO lo que haces”. Pero eso sí. Con estilo, dramatismo y ese encanto vintage que te hace perdonar que cada giro argumental suene como si alguien hubiera decidido que la sutileza era cosa de cobardes. Bienvenido a un cómic donde el sigilo es opcional, pero el drama… obligatorio.

Este volumen de la conocida línea Marvel Limited Edition, de Panini Comics junto a SD Distribuciones, no es un simple recopilatorio. Es un desfile sin frenos de la Viuda Negra en su versión más setentera, más intensa y, por qué no decirlo, más deliciosamente pasada de rosca. Aquí no hay medias tintas. Si Natasha entra en una habitación, alguien va a traicionarla, otro va a declararle amor eterno y un tercero va a activar un plan secreto con nombre ridículamente dramático. Todo en la misma página, si es posible.
El tomo recopila materiales de Amazing Adventures, Marvel Fanfare y una pieza de Bizarre Adventures. Traducido al castellano llano. Esto no es una trama uniforme, es más bien una montaña rusa estilística (y bastante sexual por decirlo de otra manera) donde cada curva te la firma un equipo creativo distinto. ¿Coherencia? Bueno… eso es un concepto muy relativo cuando hablamos de cómics Marvel de los años 70 y principios de los 80.

Arrancamos con los episodios de Amazing Adventures, donde la Viuda Negra decide independizarse como heroína en solitario. Y aquí ya tenemos el primer gran momento de comedia involuntaria. El cómic insiste constantemente en que Natasha es una espía fría, calculadora y peligrosa. Mientras los diálogos la obligan a narrar cada pensamiento como si estuviera grabando un audiolibro para principiantes. “Debo moverme con sigilo… ahora salto… ahora golpeo… ahora reflexiono sobre mi pasado trágico…”. Si cerraras los ojos, podrías pensar que estás escuchando un manual de instrucciones para ser espía. Los guiones de Gary Friedrich, Mimi Gold, Gerry Conway y Roy Thomas son puro ADN Marvel clásico. Exposición constante, acción sin descanso y una tendencia enfermiza a explicar lo que ya estás viendo. Pero, curiosamente, funciona. Hay algo entrañable en esa falta de sutileza. Es como ver una película antigua donde todo es exagerado pero sincero. Aquí nadie pretende ser moderno: quieren entretenerte a base de drama, espionaje y poses imposibles. Y hablando de poses… entra en escena John Buscema. Buscema no dibuja personajes: esculpe mitos. Su Viuda Negra tiene más presencia que la mayoría de superhéroes con serie propia hoy en día. Cada viñeta parece decir: “sí, esto es importante, y sí, deberías admirarlo”. Su dibujo es bestial (aquí sale el fan acérrimo), y consigue que incluso los momentos más absurdos tengan un aire épico. Porque claro, si alguien dibuja una pelea con esa contundencia, te da igual que el villano tenga un plan que parece escrito en una servilleta. Luego llega Gene Colan, y el cómic decide que ya basta de músculo y que ahora toca ponerse artístico. Colan transforma la serie en algo más sombrío, más atmosférico, casi elegante. Las sombras se alargan, las figuras se estilizan y, de repente, Natasha parece realmente una espía peligrosa en lugar de una superheroína con complejo de narradora omnisciente. Eso sí, los guiones siguen a lo suyo, así que tenemos el curioso efecto de estar viendo una obra visualmente sofisticada donde alguien sigue diciendo en voz alta lo que está haciendo mientras lo hace. Tenemos un pequeño numero dibujado por Don Heck entintado por Bill Everett que da paso a un cambio de tono total.
Cuando ya crees que has visto todo, aparece la historia de Bizarre Adventures, con Ralph Macchio y Paul Gulacy. Blanco y negro, tono más adulto. Básicamente, un recordatorio de que este personaje también puede funcionar fuera del molde superheroico clásico. Es una historia más contenida, más experimental, y curiosamente una de las más interesantes del volumen. No porque sea perfecta, sino porque se atreve a ser diferente en medio de tanto exceso.

Cuando el tomo salta a Marvel Fanfare, entra George Pérez y decide que cada página debe tener suficientes detalles como para justificar una lupa. Pérez no dibuja, construye demasiados detalles para estar tranquilo en la silla. Sus escenas están tan cargadas de información que podrías pasarte diez minutos en una sola página y seguir descubriendo cosas nuevas. Es espectacular, sí, pero también te obliga a cambiar el ritmo de lectura. Aquí ya no puedes ir a toda velocidad: tienes que detenerte, observar, admirar… y luego recordar qué estaba pasando en la historia, porque entre tanto detalle es fácil perder el hilo.
Todas estas historias intentan profundizar más en Natasha, en su pasado, en su relación con la URSS, en su identidad como espía y como mujer. Y aquí el cómic se pone serio. Muy serio. Tan serio que a veces parece que está a punto de mirarte fijamente y preguntarte si has entendido la metáfora. Hay momentos que funcionan muy bien, donde el personaje gana matices y peso emocional. Y hay otros donde el dramatismo se dispara tanto que uno espera que suene un violín de fondo mientras Natasha mira al horizonte pensando en decisiones difíciles. Pero no todo es introspección. También hay acción, traiciones, conspiraciones y, por supuesto, enemigos que parecen sacados de un catálogo de “villanos con exceso de tiempo libre”. Porque si algo define este tomo es su compromiso absoluto con el espectáculo. Aquí nadie hace planes sencillos. Si puedes montar una conspiración internacional con cinco capas de traición, tres giros sorpresa y un monólogo final… ¿por qué no hacerlo?

A nivel editorial, el tomo cumple con lo que promete. El formato es correcto y fácil de leer, el papel acompaña y el conjunto da gusto tenerlo en las manos. Se incluyen los números de Amazing Adventures del #1 al #8, Bizarre Adventures #25 y los Marvel Fanfare #10 al #13 con traducción de Gonzalo Quesada, Rafael Marín y Óscar Estefania. Además de los números «Editori-al» de Marvel Fanfare #10 al #13 dibujados por Al Milgrom como parte de una parodia de cómo funcionaba la editorial de la casa de las ideas. Y como guinda del pastel un texto de la sección de correo escrito por Jim Shooter.
Ahora bien, no todo es perfecto. De hecho, hay momentos en los que el cómic se siente tan anclado en su época que casi puedes oler el humo de los despachos editoriales de los años 70. Los diálogos son excesivos, los conflictos a veces se resuelven con una rapidez sospechosa y ciertos enfoques del personaje pueden resultar hoy… digamos… pintorescos. Pero ahí está parte de su encanto. Esto no es un cómic moderno intentando parecer clásico. Es clásico de verdad, con todo lo bueno y lo malo que eso implica. Y en el centro de todo, Natasha Romanov. La Viuda Negra. Espía, heroína, icono… y, en este tomo, una femme fatale con botas de tacón. Es fascinante verla evolucionar entre historias, pasar de icono sexual a heroína independiente, de figura misteriosa a protagonista absoluta. A veces el guion la eleva, otras la limita, pero siempre hay algo en ella que funciona. Quizá sea su actitud, quizá su historia, o quizá simplemente el hecho de que, incluso cuando todo a su alrededor se vuelve exagerado, ella sigue siendo el eje que mantiene el conjunto unido.

Al final, este tomo de la Viuda Negra es un cómic que no pide permiso. Es exagerado, irregular, intenso y, en muchos momentos, involuntariamente divertido. Pero también es una cápsula del tiempo, una muestra de cómo se construían los personajes y las historias en otra época. Y aunque no todo haya envejecido igual de bien, el conjunto sigue teniendo una energía que engancha. No es una lectura perfecta. Ni falta que le hace. Es una experiencia. Un viaje por el Marvel clásico con una protagonista que se niega a pasar desapercibida. Y al final, entre tanto drama, tanta conspiración y tanto diálogo grandilocuente, te das cuenta de algo: puede que este cómic no sea sutil… pero desde luego sabe cómo dejar huella. Como un buen aguijón.
