Biblioteca Marvel El Asombroso Spiderman 14: la presa del Buitre

Hay algo casi mágico en abrir un tomo de la Biblioteca Marvel y encontrarte, de golpe, con un pedazo vivo de la historia del cómic. Este tebeo número catorce del Asombroso Spiderman no es solo una recopilación más. Es uno de esos volúmenes en los que se nota que la maquinaria creativa de Marvel en los años sesenta estaba funcionando a pleno rendimiento. Aquí no hay piloto automático; aquí hay hambre, ideas y un equipo creativo que sabía perfectamente que estaba construyendo algo que iba a perdurar. Y claro, cuando hablamos del hombre araña, hablamos inevitablemente de Stan Lee. El eterno showman, el arquitecto problemático, el tipo que convirtió los problemas cotidianos en el verdadero superpoder de sus personajes. Pero en este tomo no está solo (nunca estuvo solo): le acompaña el elegante y decisivo trazo de John Romita Sr., que ya a estas alturas no solo ha tomado el relevo de Steve Ditko, sino que ha redefinido completamente la estética y el tono del trepamuros. Y ojo, porque también aparecen nombres como Gary Friedrich, Don Heck o Marie Severin, todos aportando su granito de arena a este universo que no deja de crecer.

Este volumen recoge los números 63 al 67 de The Amazing Spider-Man, y se nota que estamos en una etapa de consolidación total. Si los primeros números eran la adolescencia superheroica, aquí ya estamos en el apogeo de Peter Parker. Y vaya problemas que está cursando el pobre. Porque si algo define estas historias es cómo llevan a Peter al límite… constantemente. No hablamos solo de villanos (que también), sino de algo mucho más cruel: la vida misma. Peter Parker sigue intentando equilibrar su doble identidad, pero cada vez le cuesta más. La universidad, las relaciones personales, la presión económica, su tía May… todo se le viene encima mientras intenta salvar el día vestido de rojo y azul. Y lo mejor de todo es que esto no se siente forzado ni exagerado: se siente real.

En este tomo, además, se intensifica especialmente su relación con Gwen Stacy, que no es solo “el interés romántico”, sino un ancla emocional que hace que todo duela más cuando las cosas salen mal (que salen mal bastante a menudo, porque esto es Spiderman y aquí la felicidad cotiza a la baja). La tensión entre lo que Peter quiere ser y lo que debe ser está mejor escrita que nunca, y Lee sabe exactamente dónde apretar para que el lector sufra un poquito más de la cuenta. Y luego están los villanos, claro. Porque un buen héroe necesita grandes enemigos, y aquí el catálogo empieza a parecerse a una alineación de lujo. Tenemos al Buitre, que no solo vuelve, sino que lo hace con una interesante vuelta de tuerca; y a Mysterio, maestro de la ilusión y del espectáculo, en una historia donde el dibujo se luce especialmente. Pero si hay una figura que planea sobre todo el tomo como una sombra incómoda, ese es Norman Osborn. Lo fascinante de Osborn aquí no es lo que hace, sino lo que promete. Es esa sensación constante de que algo no va bien, de que hay una amenaza latente que todavía no ha explotado… pero lo hará. Y cuando lo haga, sabemos (aunque intentemos olvidarlo) que no será bonito.

En el apartado gráfico, lo de Romita es directamente escandaloso. Su Spiderman es ágil, expresivo, elegante; pero es que su Peter Parker lo es aún más. Hay una humanidad en cada gesto, en cada mirada, que convierte incluso las escenas más cotidianas en algo especial. Y cuando llega la acción, todo fluye con una claridad que ya quisieran muchos cómics actuales. Las tintas de gente como Jim Mooney o Frank Giacoia rematan el conjunto con un acabado sólido y muy reconocible.

Además, este tomo editado por Panini Comics tiene ese sabor especial de los tebeos clásicos. Tenemos traducción a cargo de Santiago García y Rafael Marín, extras clásicos como correos de lectores, una introducción escrita por Julián Clemente y paginas orinales y bocetos no utilizados realizados por Larry Lieber. Eso sí, no todo es perfecto. Las historias de Not Brand Echh incluidas al final cumplen su función como curiosidad, pero tienen ese humor repetitivo que puede cansar un poco si no entras en el juego. Son simpáticas, sí, pero están claramente un escalón por debajo del material principal.

En conjunto, este tomo es una auténtica delicia. No solo porque las historias sean buenas (que lo son), sino porque aquí se percibe con claridad ese momento en el que Spiderman deja de ser “un buen personaje” para convertirse en “el personaje”. Todo encaja: el drama, la acción, el romance, la galería de villanos… incluso el sufrimiento casi constante de Peter, que termina siendo parte esencial de su encanto. Leer este volumen hoy es como viajar en el tiempo a una época en la que todo estaba por hacer, pero curiosamente ya estaba todo ahí. Y eso tiene un mérito enorme. Porque sí, han pasado décadas, han cambiado estilos, tonos y modas… pero este Spiderman sigue funcionando como un reloj. Y eso, al final, es lo que convierte a esta Biblioteca Marvel en algo más que una reedición: es una invitación a recordar por qué nos enamoramos de los cómics en primer lugar.

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