Donde vi el cadáver: vidas cruzadas en Pelican Road

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Hay autores que, a base de grandes obras, se han ganado una especie de “cheque en blanco” con sus lectores. Pues éstos, ya sabedores del buen hacer que espera en sus obras, están esperando siempre al otro lado de la página. Ejemplo de ello es la dupla que nos ocupa hoy: Ed Brubaker y Sean Phillips, quizá el tándem más importante en lo que se refiere al cómic noir de las últimas décadas.

Una pareja que desde “Criminal” no ha dejado de facturar excelentes tebeos. Además de la anterior citada, en su haber hay obras como “Pulp”, “Reckless” o “Night Fever”, por citar solo unas cuantas de una ya larga y extensa trayectoria que ha sido elogiada tanto por crítica como por ventas. Esa “seguridad” de una trayectoria notable les permite ya abordar muchos de sus nuevos trabajos con una libertad absoluta en Estados Unidos. Signo de ello es que ya no operan bajo el tradicional formato de grapa para luego editar compilado el arco argumental en TPB, sino que últimamente nos presentan la obra ya directamente en formato cartoné, con la extensión precisa que Brubaker y Phillips necesitan para desarrollar cada nuevo proyecto. Una libertad de formato que no solo se queda ahí, pues cada obra nueva les permite experimentar en cuanto al tipo de relato van a brindar al público. Sin alejarse del género noir, pero yendo hacia terrenos más inexplorados o menos concurridos, Brubaker y Phillips mantienen un alto nivel a cada paso que dan. El último, recién editado en castellano por Norma, es la fresca “Donde vi el cadáver”, (“Where the body was”), donde el color de Jacob Phillips, un habitual ya de este equipo creativo, hace el resto para darnos un tebeo de una pieza, sólido y robusto.

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Un cuerpo aparecido en la calle da lugar al título de la serie. En esa calle, Pelican Road, donde confluye el vecindario. Un conjunto de seres humanos a los que Brubaker les dota de una absoluta tridimensionalidad en su caracterización, y a los que Phillips da vida en viñetas donde queda palpable su humanidad. Tan real e imperfecta que revela veracidad de las vidas que nos presentan, con sus luces, miserias y sombras. Con pequeños secretos y grandes mentiras. Son estas las vidas que se cruzan en Pelican Road en ese verano de 1984. Un verano que difícilmente olvidara el dramatis personae de la obra, por lo que ocurre en sus páginas.

Construido el guion como un puzle por Brubaker, el resultado final revela una precisión milimétrica en su conjunto. Tanto por tono como por ritmo, la trama arroja altas dosis de lo plausible, de lo posible, fortaleciendo en todo momento el relato.

Su socio gráfico, Sean Phillips mantiene el alto nivel que nos tiene acostumbrados en viñetas y encuadres que nos meten en cada situación que se muestra, que nos hacen ser, en definitiva, un vecino más de Pelican Road. En cuanto al color, la refrescante paleta utilizada por Sean Phillips lleva a las páginas al equilibrio justo entre un relato con tintes realistas y unas elecciones cromáticas totalmente atractivas, reforzando lo contado en todo momento.

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Como en todo buen relato noir, poco más se ha de saber del tebeo para meterse en él. Simplemente reservarse un buen sillón y sumergirse de lleno en las 144 páginas que comprende la edición en castellano editada por Norma en formato cartoné, con traducción de Hernán Migoya. Un tebeo ideal no solo para los aficionados al género negro, sino para cualquiera con querencia por los buenos tebeos. En “Donde vi el cadáver”, en definitiva, están las razones de porque Brubaker y Phillips tienen ese “cheque en blanco” de muchos lectores en todo el mundo: porque siempre una obra suya te deja con un excelente sabor de boca.

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