Si alguien pensaba que los gatos eran animales independientes, perezosos y cuya mayor preocupación consiste en conseguir que les abran una puerta que podrían atravesar perfectamente solos, es que todavía no conoce a los protagonistas de «Los Gatos Guerreros» (“Warriors”). Aquí no hay felinos domésticos dedicados a perseguir ovillos de lana o a tirar cosas de las estanterías por puro entretenimiento. Aquí tenemos clanes enfrentados, conspiraciones, territorios en disputa, códigos de honor y suficientes conflictos internos como para que cualquier discoteca parezca un remanso de paz. Vamos, que si los gatos de tu barrio se organizaran de esta manera, llamarías a la Guardia Civil antes de terminar el desayuno.

Los Gatos Guerreros: Comienzan las profecías adapta al cómic los dos primeros libros de la saga creada por Erin Hunter: En territorio salvaje y Fuego y hielo. La historia publicada por HarperKids, con traducción de Diego de los Santos, nos presenta a Colorado, un gato doméstico que disfruta de una vida bastante cómoda, con comida servida y una cama calentita. Una existencia envidiable para cualquier felino con dos dedos de frente. Sin embargo, nuestro protagonista siente curiosidad por el mundo exterior y termina abandonando las comodidades de su hogar para incorporarse al Clan del Trueno, una comunidad de gatos salvajes que vive siguiendo unas normas bastante más estrictas que las de cualquier urbanización.
Allí descubrirá que la vida en libertad tiene algunos inconvenientes. Para empezar, hay que conseguir comida, defender el territorio, aprender a combatir y, sobre todo, evitar que otros gatos te claven las uñas en cuanto te descuidas. El Clan del Trueno tampoco atraviesa precisamente su mejor momento, mientras el Clan de la Sombra aumenta su poder y las antiguas leyes que mantienen el equilibrio entre los cuatro clanes empiezan a tambalearse. Una profecía, rivalidades, traiciones y luchas por el liderazgo completan el panorama. Lo habitual cuando uno decide cambiar el sofá por el bosque.

La premisa tiene bastante más miga de lo que podría parecer a primera vista. Erin Hunter construye un universo con sus propias reglas, jerarquías, tradiciones y conflictos, en el que los gatos funcionan como una sociedad organizada con sus líderes, guerreros, aprendices, curanderos y ancianos. Hay una mitología propia, relaciones entre clanes y una historia que juega con temas tan reconocibles como la identidad, la pertenencia, el poder, la lealtad y la búsqueda de un lugar en el mundo. Colorado representa al recién llegado que debe demostrar su valía en una comunidad que no termina de confiar en él. Una situación bastante universal, aunque normalmente en los trabajos nuevos no te reciben intentando arrancarte una oreja.
La adaptación de Natalie Riess y Sara Goetter tiene la difícil tarea de condensar dos novelas en un único volumen. Y aquí aparece uno de los principales inconvenientes de la propuesta. La historia avanza con bastante rapidez y algunos acontecimientos, relaciones y momentos que ayudan a comprender mejor el funcionamiento de los clanes quedan reducidos o directamente desaparecen. Quien conozca las novelas originales seguramente echará de menos determinados pasajes y matices, mientras que los recién llegados pueden tener la sensación de que algunas cosas suceden demasiado deprisa. Es el peaje habitual de trasladar una novela a un cómic, especialmente cuando se pretende meter tanto contenido en un espacio limitado. No todo puede conservarse y hay que tomar decisiones. El problema es que, en ocasiones, se sacrifica parte de esa construcción del mundo que hace que la saga resulte interesante. Las presentaciones de personajes y determinadas escenas cotidianas ayudan a entender que los clanes no son simplemente grupos de gatos que se reúnen para darse zarpazos, sino comunidades con una historia y unas relaciones bastante complejas.

A cambio, la narración gana en agilidad y resulta muy accesible. La lectura es sencilla, dinámica y tiene un ritmo que invita a continuar pasando páginas. También se agradece que la adaptación no se limite a ilustrar mecánicamente las novelas, sino que incorpore pequeños momentos y diálogos que funcionan especialmente bien en el nuevo formato. La relación entre Colorado y algunos de los personajes que encuentra en su camino gana presencia, y hay escenas que aprovechan las posibilidades expresivas del dibujo para transmitir emociones sin necesidad de recurrir a demasiadas explicaciones.
Por eso precisamente el dibujo es uno de los grandes atractivos del tomo. Natalie Riess y Sara Goetter realizan un trabajo muy vistoso, con personajes expresivos, abundantes detalles y una puesta en escena que sabe alternar los momentos tranquilos con las escenas de acción. Los gatos tienen personalidad y resulta fácil distinguirlos, algo fundamental cuando buena parte del reparto comparte cuatro patas, cola y bigotes. No es poca cosa conseguir que un lector no tenga que consultar constantemente quién es quién en una historia protagonizada por una auténtica multitud de felinos. Es un estilo que apuesta por una estética amable y colorida, con personajes que en ocasiones parecen bastante más adorables de lo que cabría esperar teniendo en cuenta que se pasan buena parte de la historia amenazándose, peleándose y organizando conflictos territoriales. Algunos diseños son especialmente simpáticos, aunque resulta curioso contemplar a ciertos personajes con unas expresiones tan entrañables mientras se desenvuelven en un mundo donde la esperanza de vida puede depender de tener buenos reflejos y unas garras afiladas. Las escenas de combate están bien resueltas y las autoras saben transmitir movimiento y dinamismo. También funcionan los paisajes del bosque, los refugios y los distintos espacios que ocupan los clanes. El entorno tiene suficiente presencia como para que el lector pueda hacerse una idea de la organización territorial de este universo. Al igual que el color contribuye a dar personalidad a cada escenario y hace que la lectura resulte especialmente agradable.

Eso sí, conviene recordar que, bajo esa apariencia de aventura protagonizada por adorables gatitos, se esconde una historia con bastantes dosis de violencia, muerte, enfrentamientos y dramas personales. No estamos ante una colección de historietas sobre animales que aprenden valores mientras juegan. Los Gatos Guerreros se toman muy en serio sus responsabilidades y no parecen tener demasiados reparos en resolver sus diferencias mediante las uñas. Que nadie espere encontrar aquí a Garfield preocupado por la próxima lasaña. Eso si me gustaría mencionar las dos ultimas paginas sobre la creación de la obra y sus entresijos. Son un detalle muy agradable en la espera del siguiente tomo. Al final, este primer volumen de los «Gatos Guerreros» es una pequeña tentación para cualquiera que tenga debilidad por los gatos. Porque una cosa es disfrutar de sus ronroneos, sus siestas interminables y esa habilidad sobrenatural para ocupar justo el sitio donde necesitas sentarte, y otra muy distinta descubrir que también pueden protagonizar profecías, guerras territoriales y luchas de poder. Aunque, pensándolo bien, quienes convivimos con gatos sabemos que no hay tanta diferencia. Solo falta que el nuestro empiece a exigirnos lealtad al Clan del Sofá.
