Marvel Deluxe. Rogers / Wilson: Capitán América 3: guerra fría

Con el tercer tomo del Marvel Deluxe. «Rogers / Wilson: Capitán América», Panini Comics pone punto final a la etapa de Jackson Lanzing, Collin Kelly y Tochi Onyebuchi al frente de las aventuras de los dos hombres que comparten el privilegio de llamarse Capitán América. Una despedida que reúne las tramas de ambas cabeceras en el crossover Guerra fría, donde confluyen conspiraciones centenarias, secuestros, monstruos interdimensionales y una cantidad de conflictos familiares que haría que los protagonistas de cualquier telenovela parecieran gente estable. Porque, al parecer, ser un símbolo de la libertad no te libra de tener una familia disfuncional. Steve Rogers lleva décadas salvando el mundo, pero ahora le toca enfrentarse a Bucky Barnes, su amigo del alma, que ha decidido convertirse en Revolución y colaborar con el Lobo Blanco. Si el bueno de Steve esperaba que después de tantas guerras, lavados de cerebro y resurrecciones pudiera disfrutar de una jubilación tranquila, alguien debería explicarle cómo funciona Marvel. Cuando crees que has pasado página, aparece un guionista con una conspiración nueva y te estropea el día.

El problema se agrava cuando Ian Rogers, el hijo adoptivo de Steve, es secuestrado. Ian es el muchacho al que el Capitán América crió durante su estancia en la Dimensión Z, aquel encantador destino turístico creado por Arnim Zola donde la humanidad, la tranquilidad y las vacaciones familiares brillan por su ausencia. El secuestro obliga a Steve a ponerse en marcha junto a Sam Wilson, Sharon Carter y Misty Knight, porque aparentemente en el universo Marvel nadie ha inventado todavía un servicio de rescate interdimensional que funcione sin necesidad de repartir tortas. La expedición conduce al grupo hasta Alaska, donde un portal amenaza con permitir que los horrores de la Dimensión Z invadan nuestro mundo. Allí les esperan criaturas monstruosas, enemigos peligrosos y una nueva demostración de que las vacaciones de los superhéroes siempre salen más caras que las de cualquier ciudadano normal. Mientras el común de los mortales se conforma con una semana en la playa, Steve Rogers tiene que rescatar a su familia de otra dimensión y evitar, de paso, que el planeta se convierta en un vertedero de monstruos.

El espectáculo funciona, aunque el verdadero interés de Guerra fría está en la reunión de Steve y Sam. Los dos representan maneras distintas de entender el legado del Capitán América, y los guionistas aprovechan el conflicto para ponerlas frente a frente. Steve carga con el peso de la historia, sus ideales y una colección de traumas que ya necesitaría una enciclopedia. Sam, por su parte, aporta una perspectiva más pegada a los problemas del presente y a las contradicciones de una sociedad que utiliza los símbolos patrióticos con una alegría que no siempre se corresponde con sus actos. La relación entre ambos permite que el crossover sea algo más que una sucesión de peleas con explosiones de fondo. Los protagonistas deben coordinarse, discutir y decidir hasta dónde están dispuestos a llegar para salvar a los suyos. No siempre coinciden, y ahí está buena parte de la gracia. Porque compartir uniforme no significa compartir cerebro, y menos mal: si ambos pensaran exactamente igual, Marvel tendría que inventarse otro conflicto para justificar las páginas.

Jackson Lanzing, Collin Kelly y Tochi Onyebuchi cierran sus respectivas tramas con bastante oficio. El primero de los equipos había construido alrededor de Steve una conspiración conocida como el Círculo Externo, una organización que lleva siglos manipulando los acontecimientos mundiales. La idea tiene ambición, aunque también esa tendencia tan loca a descubrir que detrás de cada problema histórico había una sociedad secreta que lo controlaba todo. A este paso, cualquier día nos explicarán que la caída del Imperio romano fue culpa de un comité de villanos que no se ponía de acuerdo con el presupuesto. Aun así, los autores consiguen resolver buena parte de los conflictos planteados y dar una conclusión satisfactoria a sus protagonistas. Bucky ocupa un lugar central en el drama de Steve, mientras que el Lobo Blanco sirve como antagonista para Sam. No estamos ante el villano que vaya a provocar pesadillas a generaciones de lectores, pero cumple su función y permite cerrar una etapa que ha sabido distinguir las aventuras de ambos capitanes sin convertirlas en dos versiones de la misma historia.

El volumen incluye también los especiales Captain America: Cold War Alpha y Omega, los números finales de las dos series, el Captain America #750 y Captain America Finale #1. Este material adicional amplía la despedida y permite repasar las motivaciones de los personajes a través de historias cortas firmadas por autores como J. M. DeMatteis, Dan Jurgens, Gail Simone, Stephanie Williams y Cody Ziglar. Una reunión de nombres que demuestra que el Capitán América tiene más padrinos que un bautizo multitudinario. El número conmemorativo ofrece pequeñas aproximaciones al personaje y a lo que representa. Algunas funcionan mejor que otras, pero el conjunto tiene un tono de celebración que encaja con el final de la etapa. Steve y Sam son héroes porque, con independencia de sus diferencias, siguen empeñados en ayudar a los demás. Una idea bastante sencilla que, en estos tiempos de universos cinematográficos, eventos editoriales y conspiraciones que necesitan un organigrama, casi parece revolucionaria.

En el apartado gráfico, se reúne a una auténtica legión de dibujantes. R. B. Silva y Carlos Magno llevan buena parte del peso de las series, acompañados por Carmen Carnero, Alina Erofeeva y Zé Carlos. Para las historias adicionales aparecen nombres como Sara Pichelli, Daniel Acuña, Marcus Williams, Rachael Stott y el propio Dan Jurgens. Tantos artistas juntos podrían provocar una crisis de identidad visual, pero el resultado es bastante satisfactorio. R. B. Silva mantiene un nivel notable, aunque su trabajo resulta algo menos brillante en determinados momentos. La gran sorpresa es Carlos Magno, cuyo dibujo enérgico y espectacular encaja perfectamente con la escala de los especiales del crossover. Su aportación deja con ganas de verlo durante más tiempo al frente de una colección regular. Una pena, porque uno empieza a acostumbrarse a sus páginas y enseguida toca despedirse. La vida del lector de cómics es así: cuando encuentra algo que le gusta, la editorial ya está preparando el siguiente cambio de equipo creativo. También merece una mención Daniel Acuña, que demuestra que los “veteranos” siguen teniendo mucho que aportar. Aunque como fan incondicional de su trabajo, aunque son pocas paginas las que vemos son suficientes para elevar el nivel general.

La edición de Panini Comics presenta el material en un volumen de tapa dura de 304 páginas a color, con traducción de Uriel López. Además de una introducción de Xavi Sanz Serrano para situarnos en contexto.  Una recopilación cuidada que reúne el final de las dos series, el crossover y los especiales conmemorativos. No es precisamente una compra impulsiva para quien solo quiera echar un vistazo al Capitán América, pero sí una opción atractiva para quienes han seguido los dos tomos anteriores y quieren completar la etapa.

En definitiva, este tercer tomo del Marvel Deluxe. Rogers / Wilson: Capitán América es un cierre entretenido, espectacular y bastante satisfactorio. No reinventa el género, no convierte al Lobo Blanco en el nuevo Doctor Muerte y tampoco consigue que las conspiraciones de Marvel parezcan menos complicadas que una declaración de la renta. Pero Lanzing, Kelly y Onyebuchi cierran sus historias con dignidad, ofrecen espacio a las diferencias entre Steve y Sam y recuerdan que el legado del Capitán América no depende únicamente de quién lleva el escudo. Para mí, esta ha sido una de las etapas modernas más disfrutables del personaje. Tiene ritmo, buenas ideas, personajes con los que merece la pena pasar tiempo y un apartado gráfico que mantiene el interés incluso cuando la trama amenaza con necesitar un mapa, una brújula y un máster en física dimensional. Si habéis llegado hasta aquí después de los dos volúmenes anteriores, la conclusión merece la pena. Y si algo queda claro después de esta aventura es que Steve Rogers puede enfrentarse a ejércitos, monstruos y organizaciones secretas, pero sigue teniendo un problema que ni el suero del supersoldado puede solucionar: elegir amigos. Aunque, visto lo visto, quizá el verdadero superpoder del Capitán América sea seguir perdonando a Bucky. Eso sí que es ciencia ficción.

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