Mushoku Tensei: El hechicero del corazón roto 1. Relaciones y aventuras

El amor es una experiencia maravillosa hasta que deja de serlo y descubres que todos esos consejos sobre pasar página, mirar hacia delante y aprender de los errores parecen escritos por gente que jamás ha tenido que enfrentarse a una ruptura. Rudeus Greyrat, hechicero prodigioso, aventurero y protagonista de «Mushoku Tensei», acaba de descubrirlo por las malas. Después de separarse de Eris, nuestro muchacho queda fastidiado y decide poner tierra de por medio, viajar al norte y buscar a su madre desaparecida. Una reacción perfectamente comprensible, salvo por el pequeño detalle de que también podría haberse sentado a hablar de sus sentimientos, pero entonces tendríamos un manga mucho más corto.

Panini Comics nos trae el primer tomo de «Mushoku Tensei: el hechicero del corazón roto», un spin-off que recupera un episodio de la vida de Rudeus que el manga principal despachaba con cierta rapidez. Porque, al parecer, después de salvar el mundo, aprender magia y sobrevivir a las innumerables desgracias que joroban su existencia, todavía quedaba una prueba definitiva para nuestro protagonista: descubrir que el corazón humano es bastante más complicado que cualquier grimorio. Y eso que los grimorios, dependiendo de la edición, pueden tener una cantidad de páginas que invita a replantearse la vocación lectora.

Tras su ruptura con Eris, Rudeus se instala en una depresión considerable y emprende el camino hacia el norte en busca de Zenith. Su viaje lo lleva hasta Rozenberg, una ciudad en la que intenta recuperar cierta sensación de control sobre su vida. Para ello decide aceptar una misión de alto rango en solitario, convencido de que hacerse un nombre podría ayudarle a dejar atrás sus problemas. Es decir, que ante una crisis decide trabajar más, arriesgar el pellejo y demostrar que puede hacerlo todo sin ayuda. Una estrategia que los psicólogos probablemente describirían con términos más técnicos, pero que cualquiera que haya conocido a un adulto incapaz de pedir ayuda reconocerá inmediatamente. Por suerte, el plan no sale como esperaba y termina incorporándose a Counter Arrow, un grupo de aventureros de clase B. Allí conoce a Suzanne, al resto de sus compañeros y, especialmente, a Sara, una joven que le recuerda físicamente a Eris. Porque el universo tiene un sentido del humor bastante retorcido y parece considerar que la mejor manera de superar una relación consiste en conocer a alguien que te recuerde a tu expareja. Lo siguiente será recomendarle que se descargue una aplicación de citas y filtre por parecido físico.

En esta historia guionizada por Rifujin Na Magonote, la relación entre Rudeus y Sara constituye uno de los ejes fundamentales del tomo. Ella no se lo pone especialmente fácil al principio, con una actitud desconfiada y un carácter que puede resultar bastante antipático. Su papel consiste en chocar con el protagonista, cuestionarlo y obligarlo a salir de ese estado de ensimismamiento en el que parece haberse instalado. El problema es que, durante las primeras páginas, cuesta distinguir si estamos ante un personaje deliberadamente difícil o ante alguien que se ha levantado con ganas de discutir hasta con las piedras. Afortunadamente, la historia no pretende que Sara caiga simpática desde el minuto uno. Su evolución necesita tiempo y el manga apuesta por desarrollar la relación a través de la convivencia, los encargos y las pequeñas situaciones cotidianas. No hay flechazos que solucionen todos los problemas ni discursos capaces de arreglar una vida en tres viñetas. Hay personas que trabajan juntas, discuten, se conocen y, poco a poco, comienzan a confiar unas en otras. Una aproximación bastante sensata a las relaciones humanas, lo cual siempre resulta sospechoso en un género donde la solución habitual a cualquier conflicto consiste en aumentar

Counter Arrow funciona como contrapunto. Suzanne y los demás integrantes del grupo aportan una normalidad que el protagonista necesita, aunque todavía no sea capaz de reconocerlo. Son aventureros con sus propios problemas, responsabilidades y preocupaciones, no personajes secundarios diseñados exclusivamente para aplaudir las ocurrencias del héroe. Su presencia ayuda a que Rudeus vuelva a formar parte de una comunidad y descubra que el mundo continúa girando incluso cuando uno tiene la impresión de que su vida se ha detenido. El inconveniente es que esta apuesta por la cotidianidad ralentiza considerablemente la narración. Hay escenas con bastante diálogo, páginas dedicadas a las relaciones personales y transiciones en las que la trama parece avanzar con la urgencia de un funcionario a cinco minutos de terminar su jornada. Eso sí, tampoco conviene confundir la lentitud con la profundidad. Algunas transiciones podrían estar más afinadas y Sara necesita superar un arranque algo áspero para que su relación con Rudeus resulte verdaderamente interesante. El manga sabe qué quiere contar, pero no siempre encuentra el ritmo más adecuado para hacerlo.

El dibujo de Kazusa Yoneda acompaña bien esta orientación más intimista. Su estilo es limpio y permite que las expresiones faciales tengan un protagonismo especial. Las dudas de Rudeus, sus intentos de fingir que todo marcha estupendamente y los cambios de actitud de Sara sostienen buena parte de la historia. No hacen falta páginas enteras de explosiones para transmitir que alguien está atravesando un mal momento. A veces basta con una mirada, un silencio o una sonrisa que no termina de salir. Es una buena noticia para Rudeus, porque si cada problema emocional requiriera destruir una montaña, el mapa de este mundo acabaría pareciendo un queso gruyer. También está bien resuelto el entorno de Rozenberg, que ofrece un escenario reconocible para las aventuras sin reclamar más atención de la necesaria. Los combates aparecen cuando toca, aunque no son el principal atractivo. Yoneda entiende que el interés reside en los personajes y en sus relaciones, algo que agradece quien esté dispuesto a cambiar temporalmente las grandes gestas por una historia más pequeña y personal.

Para los seguidores de «Mushoku Tensei», este spin-off amplía un momento importante del desarrollo de Rudeus. Para quienes conozcan únicamente los aspectos esenciales de la historia, también puede funcionar como un relato sobre la pérdida, la amistad y la necesidad de reconstruirse cuando las cosas salen mal. No hace falta dominar todo el universo de la serie para comprender el conflicto, aunque conocer la relación con Eris ayuda a entender por qué el protagonista está como está. El final deja la situación de Sara en un punto delicado y demuestra que todavía queda camino por recorrer. No hay una gran resolución que cierre todos los conflictos, sino una interrupción calculada que invita a continuar con el siguiente volumen. Es eficaz, aunque también recuerda que estamos ante la primera entrega de una trilogía y no ante una historia completamente independiente.

Al final, nuestro hechicero tendrá que aprender algo que ninguna academia de magia parece enseñar: que superar una ruptura no consiste en demostrar que eres más fuerte, trabajar hasta caer rendido o buscar una sustituta con cierto parecido a tu ex. Consiste en aceptar que estás hecho polvo y dejar que el tiempo, la amistad y alguna que otra conversación incómoda hagan su trabajo. Una lección valiosa para Rudeus y, de paso, para todos esos héroes de fantasía que creen que cualquier problema se resuelve con suficiente poder mágico. Aunque, puestos a elegir, tampoco estaría mal que alguien inventara un hechizo para dejar de revisar mentalmente las conversaciones con tu expareja. Ese sí sería un poder digno de entrar en la leyenda.

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