Biblioteca Marvel El Invencible Iron Man 10: aventura de identidades falsas

La décima entrega de la Biblioteca Marvel dedicada al vengador dorado continúa recuperando las aventuras clásicas del personaje con los números 15 al 20 de The Invincible Iron Man. Se trata de una etapa escrita por Archie Goodwin que, después de unos comienzos algo titubeantes, empieza a demostrar que las historias del hombre de hojalata tienen bastante más interés del que cabría esperar de un tipo cuyo principal superpoder consiste en tener una cuenta bancaria obscenamente abultada y un taller mejor equipado que muchos laboratorios universitarios. Todavía estamos lejos de las grandes etapas que convertirían a Iron Man en una figura imprescindible del Universo Marvel, pero la colección comienza a encontrar su personalidad. No estamos ante una revolución del género, ni falta que hace. A veces basta con un guionista que sepa manejar los personajes, unos cuantos villanos con ganas de fastidiar y un protagonista que no pueda solucionar todos sus problemas pulsando un botón de su armadura. Aunque, viendo el historial de Tony, tampoco estaría de más que aprendiera a desconfiar de sus propios inventos.

El volumen abre con enfrentamientos contra el Unicornio y el Fantasma Rojo, acompañado este último de sus inseparables supermonos. Porque si algo necesita cualquier científico empeñado en conquistar el mundo es una cuadrilla de primates con superpoderes. El Fantasma Rojo procede de las aventuras de los Cuatro Fantásticos y representa esa gloriosa tradición de villanos de la Guerra Fría que parecen haber convertido la propaganda política en una vocación profesional. Su objetivo es derrotar a los imperialistas estadounidenses, una misión que probablemente le parecería mucho más sencilla si dedicara menos tiempo a disfrazarse y más a organizarse. Son episodios entretenidos, aunque no especialmente memorables. Cumplen con su cometido, ponen a Iron Man a repartir zapatazos tecnológicos y permiten que George Tuska despliegue su oficio. Sin embargo, el verdadero interés del tomo aparece cuando Archie Goodwin decide dejar de jugar con amenazas relativamente convencionales y monta una trama de identidades falsas, ambición económica y conspiraciones que haría las delicias de cualquier aficionado a las novelas de espionaje.

En el apartado gráfico, George Tuska continúa demostrando que no hace falta reinventar el lenguaje del cómic en cada página para contar una historia con eficacia. Su dibujo es funcional, claro y dinámico, especialmente durante las escenas de acción. El entintado de Johnny Craig, con la colaboración de Mike Esposito, contribuye a dar consistencia al conjunto. Craig aporta una personalidad gráfica que encaja bien con el tono de la serie y ayuda a que las páginas mantengan su atractivo. El resultado conserva ese sabor de los cómics de otra época, cuando los autores tenían que resolver sus historias con recursos distintos de la acumulación de dobles páginas espectaculares y explosiones que ocupan media galaxia. Naturalmente, el dibujo también refleja las convenciones de su tiempo. Hay poses teatrales, expresiones exageradas y situaciones que hoy pueden resultar ingenuas. Pero exigirle a un cómic de esta época que funcione como una producción contemporánea sería tan absurdo como pedirle a la armadura de Tony que incluya conexión wifi, reconocimiento facial y una aplicación para controlar la tensión arterial. Lo importante es valorar lo que hace con las herramientas que tiene, y Tuska cumple con solvencia.

La edición de Panini Comics mantiene el formato habitual de la Biblioteca Marvel. Una rústica con solapas, color y 156 páginas. La traducción corre a cargo de Santiago García, Víctor Rubio y Juanan Cruz. Entre los contenidos adicionales encontramos el prólogo de Pedro Monje, la sección «La Era Marvel», escrita por Lidia Castillo, la reproducción de materiales de época, los correos de los lectores y otros elementos habituales de la línea. Un conjunto que permite contextualizar estas aventuras y recuperar parte de la experiencia de lectura original, cuando las cartas de los aficionados y la publicidad formaban parte del ecosistema del tebeo.

En definitiva, este decimo tomo de la Biblioteca Marvel del Invencible Iron Man confirma que la colección ha encontrado una dirección bastante más estimulante. Archie Goodwin combina villanos extravagantes, conspiraciones, conflictos personales y una trama de identidades intercambiadas que demuestra que Iron Man puede funcionar muy bien cuando su armadura no monopoliza toda la atención. Hay precipitación, episodios más flojos y oportunidades desaprovechadas, pero también imaginación, ritmo y personajes que empiezan a ganar profundidad. Tony Stark todavía tiene mucho camino por recorrer antes de alcanzar algunas de sus etapas más celebradas, pero este volumen demuestra que el viaje merece la pena. Entre monos, millonarios, dobles robóticos y romances enmascarados, el vengador dorado va construyendo una colección cada vez más entretenida. Y, visto lo visto, quizá debería invertir una parte de su fortuna en un buen servicio de seguridad, un cardiólogo de guardia y un abogado especializado en suplantaciones de identidad. Porque salvar el mundo está muy bien, pero tener que demostrar constantemente que uno es uno mismo debe de resultar agotador hasta para un multimillonario con armadura.

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