Biblioteca Marvel El Increíble Hulk 10: una boda en ciernes

Bruce Banner tiene un sueño. Casarse con Betty Ross, llevar una vida tranquila y dejar de convertir su existencia en una sucesión de catástrofes con pantalones morados. No parece pedir demasiado. Cualquier ciudadano puede aspirar a una boda sin que aparezca un monstruo de dos metros dispuesto a destrozar el convite, el mobiliario y, de paso, la estabilidad emocional de los invitados. Pero Bruce no es cualquier ciudadano. Es un hombre cuya vida sentimental depende de una personalidad verde con muy mala leche, una fuerza descomunal y una alarmante incapacidad para respetar los eventos sociales. Así que, naturalmente, la boda termina como cabría esperar: hecha unos zorros.

Así comienza el décimo volumen de la Biblioteca Marvel del Increíble Hulk, publicado por Panini Comics, que recopila los números 124 a 129 de The Incredible Hulk, una etapa en la que Roy Thomas y Herb Trimpe siguen consolidando la personalidad del gigante esmeralda mientras Marvel demuestra que, en su universo, la felicidad es un estado provisional que puede interrumpirse con un puñetazo de varias toneladas. Aquí hay bodas frustradas por un Rinoceronte y un cabezón verde, villanos con planes absurdos, viajes a dimensiones imposibles, amistades condenadas al desastre y hasta una visita de los Vengadores. Vamos, lo que cualquier persona sensata consideraría una semana especialmente mala. Además de una introducción de Kauldi Gilibert y traducción de Enrique Joga, Víctor Rubio y Juanan Cruz.

El volumen arranca con la continuación de la trama del Líder, ese enemigo cuyo cerebro parece crecer en proporción inversa a su capacidad para elaborar planes que no terminen explotándole en la cara. Para completar su estrategia, necesita músculo, así que recluta al Rino, un individuo cuya sutileza consiste en embestir todo lo que se encuentre delante. Si el Líder representa la inteligencia criminal, su nuevo colaborador aporta la delicadeza justita. Juntos forman una pareja estupenda. Uno piensa demasiado y el otro no piensa absolutamente nada. Una distribución del trabajo que, por desgracia para Hulk, funciona bastante bien. En medio de semejante panorama, Bruce Banner parece haber encontrado una solución a sus problemas: casarse con Betty Ross. Por supuesto, la idea de que un hombre perseguido por militares, científicos desquiciados y enemigos empeñados en conquistar el mundo pueda organizar una ceremonia tranquila resulta tan realista como esperar que el Rino se presente con una tarta nupcial y una tarjeta de felicitación. La irrupción de Hulk convierte el acontecimiento en una demostración práctica de por qué conviene revisar los antecedentes familiares antes de aceptar una invitación de boda.

Thomas aprovecha el conflicto para insistir en una de las grandes tragedias del personaje: Bruce desea controlar su vida, pero su propia existencia parece empeñada en sabotearlo. Hulk no es simplemente un monstruo al que combatir, sino la condena que acompaña al protagonista incluso cuando intenta alcanzar algo parecido a la normalidad. La desgracia es que, en ocasiones, el melodrama de la época necesita explicar sus sentimientos con una cantidad de diálogos suficiente para levantar un edificio. Pero debajo de las exclamaciones y los dramáticos cambios de situación hay una idea poderosa: Banner puede ser un genio, pero ni siquiera su inteligencia le permite escapar de sí mismo.

En el apartado gráfico, Herb Trimpe continúa demostrando que sabe perfectamente qué hacer con semejante criatura. Su Hulk no necesita posar como un modelo de anatomía superheroica para imponer respeto. Es una mole compacta, agresiva y con una expresividad que transmite la sensación de que cualquier conversación puede terminar con alguien incrustado en una pared. Su dibujo no siempre resulta elegante y sus acabados pueden parecer toscos frente a otros artistas de la época, pero posee una cualidad fundamental: sabe dibujar la acción. Eso sí, el tomo ofrece una pequeña sorpresa histórica. En el primer episodio, Sal Buscema sustituye parcialmente a Trimpe en el dibujo y se ocupa también del entintado. Su intervención aporta una imagen más limpia y estilizada, anticipando la importancia que tendrá en el futuro para el personaje.

El decimo tomo del Increíble Hulk es una entrega especialmente satisfactoria de esta etapa clásica. No todo ha envejecido igual de bien. Los diálogos pueden resultar excesivos, algunas soluciones argumentales dependen de las conveniencias del momento y el melodrama no siempre conoce la palabra moderación. Pero también hay imaginación, personalidad y una comprensión cada vez más sólida de lo que hace interesante a Hulk. Bajo la montaña de músculos, los villanos extravagantes y las catástrofes geológicas, continúa latiendo la historia de un hombre que quiere ser feliz y al que el universo responde con una carcajada.

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