Biblioteca Marvel El Invencible Iron Man 9: un poco de control

Nueve. Ha hecho falta que pasen nueve entregas de la Biblioteca Marvel de Iron Man para que el bueno de Tony empiece a dar señales de tener una colección a la altura de su armadura. Hasta ahora, el galán borrachín había tenido que soportar aventuras que parecían escritas por un comité de señores con corbata que se reunían los martes para decidir cómo mantener viva una serie sin necesidad de tener demasiadas ideas. Pero, por fin, las cosas empiezan a cambiar. Y no, no ha sido gracias a una nueva aleación de titanio ni a un reactor más potente: los responsables tienen nombre y apellidos. Archie Goodwin y George Tuska.

Goodwin toma las riendas de los guiones y empieza a demostrar que las aventuras de Iron Man pueden tener algo más que villanos estrafalarios, científicos con problemas de autoestima y armaduras capaces de solucionar cualquier inconveniente salvo los sentimentales de su propietario. La serie abandona poco a poco la improvisación de sus primeros tiempos para construir historias con cierta planificación, argumentos que se prolongan durante varios números y personajes que empiezan a comportarse como algo más que figurantes esperando su turno para recibir una descarga eléctrica. No es que estemos ante la reinvención definitiva del cómic de superhéroes, tampoco hace falta llamar a la NASA para comprobarlo, pero sí ante una colección que comienza a encontrar su propia personalidad. Y eso, después de tantas entregas dando tumbos, ya merece una pequeña celebración. Aunque sea con champán pagado por Industrias Stark, que para algo Tony tiene dinero de sobra.

Este noveno volumen publicado por Panini Cómics, recopila los números 9 al 14 de The Invincible Iron Man. En sus 176 páginas a color encontramos una etapa en la que el espionaje, las intrigas empresariales, los problemas sentimentales y los supervillanos empiezan a combinarse con bastante más gracia. La función arranca con el Mandarín, uno de esos enemigos que parecen haberse levantado una mañana con la firme intención de complicarle la vida a Tony Stark y, de paso, justificar su sueldo de supervillano. La historia incorpora a SHIELD y se adentra en terrenos propios del thriller de espionaje, con conspiraciones, planes enrevesados y situaciones que parecen sacadas de una reunión de guionistas de Misión imposible. Si alguien tenía dudas sobre la influencia de las series de televisión de la época en los cómics Marvel, aquí tiene material suficiente para organizar un seminario. Con diapositivas, por supuesto.

Por otro lado, el progresivo protagonismo de la identidad civil de Tony resulta uno de los aspectos más interesantes del tomo. La colección comprende que Iron Man no puede limitarse a ser una lata de conservas dorada que reparte leñazos entre explosiones. Detrás de la máscara hay un hombre con negocios, responsabilidades y una vida personal que parece diseñada por alguien que odia profundamente la estabilidad emocional. Sus problemas empresariales y amorosos van ganando espacio, enriqueciendo unas aventuras que hasta ahora podían resultar demasiado dependientes de la amenaza de turno.

El Controlador, por su parte, es uno de esos villanos cuya presentación tiene más interés cuando se conoce su origen que cuando uno se limita a contemplar su aspecto. Basil Sandhurst es un hombre marcado por su condición física, cuya tragedia termina convirtiéndose en una amenaza para los demás. Su tecnología le permite absorber la energía de otras personas para mantenerse y progresar, transformándolo en una especie de vampiro energético con aspiraciones científicas. Porque si algo nos han enseñado los cómics Marvel es que ningún experimento sale bien cuando el investigador tiene problemas personales, un laboratorio privado y demasiado tiempo libre.

En el apartado gráfico, George Tuska demuestra por qué merece bastante más reconocimiento del que suele recibir. Es cierto que no tiene la elegancia de otros artistas, pero su trabajo en Iron Man tiene una personalidad propia. Tuska sabe dotar de dinamismo a las escenas de acción, juega con las composiciones y se permite deformar las estructuras habituales de la página para mantener el movimiento y evitar que todo parezca una sucesión de personajes posando como si estuvieran esperando a que les hagan una fotografía para el anuario del instituto. El tomo reserva además una pequeña sorpresa con el último episodio, dibujado por Johnny Craig. Veterano de los cómics de terror de EC Comics, Craig aporta un acabado diferente, con una atmósfera que recuerda a las historietas que le hicieron famoso en los años cincuenta. Su trabajo posee una personalidad muy marcada y supone un contraste estupendo con el estilo de Tuska. Es de esos casos en los que cambiar de dibujante no se siente como una sustitución de emergencia porque alguien se ha quedado sin tinta, sino como una oportunidad para descubrir otra forma de interpretar el mismo universo.

La edición de Panini Comics mantiene los elementos habituales de la línea Biblioteca Marvel: correos de lectores, publicidad de época con traducción de Santiago García junto a Rafael Marín y páginas a lápiz que permiten asomarse al proceso creativo. Un material complementario que ayuda a contextualizar estas historietas y a recordar que los cómics clásicos no nacieron convertidos en reliquias intocables, sino como publicaciones periódicas destinadas a entretener a lectores que probablemente no imaginaban que, décadas después, alguien estaría pagando por volver a leerlas mientras examina hasta el último detalle de la edición.

Por todo ello, este noveno tomo confirma que Iron Man empieza a encontrar el rumbo que tanto necesitaba. Archie Goodwin aporta estructura, mejores tramas y una atención creciente a Tony Stark como personaje; George Tuska ofrece un dibujo dinámico y personal, mientras Johnny Craig remata el volumen con una demostración de oficio. Después de ocho entregas de calentamiento, Tony Stark parece haber conseguido arrancar el motor. Ahora solo falta que nadie vuelva a tocar los controles, que el Mandarín se tome unas vacaciones y que las relaciones sentimentales del protagonista dejen de necesitar una intervención de SHIELD. Aunque, siendo Marvel, probablemente eso último sea pedir demasiado.

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