La noche de los gatos: delicioso esperpento nocturno

¿Que hay peor para un escritor que no encontrar la quietud para poder escribir? Pues salir sin llaves de casa de noche para reclamar silencio y encontrarse, en calzoncillos y bata, en plena calle. Así empieza “La noche de los gatos” (“Chat noir, nuit blanche”) el divertido esperpento en viñetas que ha llevado a cabo Sebastià Cabot y que acaba de publicar Cartem en castellano, donde a traves de la deformación de lo grotesco se obtiene un fresco relato.

El escritor protagonista, que para más inri cultiva la novela negra, se va a ver envuelto en una investigación de un asesino en serie que está matando prostitutas por la noche. Él, no obstante, está más preocupado de encontrar a su gato. Por suerte, a su lado le acompañará uno de los policías que busca al psicópata. Ataviado, eso si, como una travesti, a modo de cebo para cazar al asesino.

Esta es la “extraña pareja” van a protagonizar una grotesca noche en la no faltará la sangre y las bandas mafiosas de la ciudad. Con una violencia casi grotesca y situaciones imposibles, pero con mucho ácido humor . De ese que te salta de la viñeta y desemboca en la carcajada que sueltas por el ingenio del gag. Cargado en ocasiones de una violencia casi irreal y por ello risible. En situaciones imposibles y casi absurdas, pero que, dentro de la trama funcionan a la perfección, haciendo que no dejes de continuar la delirante senda que marca esta noche de los gatos.

Una senda felina trazada de forma personal por Sebastià Cabot. Donde genuinanemente deforma a los personajes para apuntalar cada momento del relato. Como si fuera la mirada que te devuelve un espejo cóncavo – acertada cita a Valle-Inclán al comienzo del tebeo, por cierto -, y que reviste de identidad a esta noche. Tan delirante como adictiva. Urbana y suburbial, llena de criminales imposibles, sórdido lumpen y absurdas situaciones.

Ya la conseguida portada captura el espíritu del tebeo que contiene en su interior. Una vez abierto, las tintas utilizadas reafirman el tono grotesco y personal del relato. Donde la sátira germina entre elementos de thriller y crecen los gags ingeniosos entre violencia. Y cuando parece que la cosa va tomar el rumbo solmene de un lugar común, un revés cómico aparece en la viñeta menos pensada para seguir aportando frescura.

Cabe también destacar la ilustración de la contraportada de la edición de Cartem: una suerte de homenaje a una de las ilustraciones icónicas de Tintín en la que Cabot situa a sus dos protagonistas. Un guiño que va hacer sonreir a muchos de los aficionados que se acerquen a este cómic.

Así se cimenta la frescura de «La noche de los gatos» en sus 124 páginas. Llenas de retranca, donde el esperpento y el absurdo conviven con la violencia. Donde los diálogos apuntan en la misma dirección que la personalidad que expresan en sus rostros los personajes dibujados por Cabot. Orquestando una imagen cóncava que retuerce lo que muestra, dotándole de una vis esperpéntica tan ácida como lúcida. Llena de ingenio y retranca, donde la carcajada espera en la más sórdida y oscura de las urbanas esquinas de la noche.

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