Llegamos al tercer y último volumen de la segunda etapa de Gerry Conway al frente de las aventuras de Spiderman y, a estas alturas, uno ya sabe lo que puede esperar. Villanos que deberían estar encerrados, problemas personales que deberían estar resueltos y un Peter Parker que, como de costumbre, parece tener una capacidad sobrenatural para complicarse la vida. No necesita otro poder arácnido; con el que tiene para meterse en líos ya va sobrado. Y lo mejor es que este cierre mantiene prácticamente intacta la energía de los dos tomos anteriores y ofrece una colección de historias que convierten el volumen en uno de los más disfrutables de esta recuperación de material clásico.

Gerry Conway volvió a demostrar por qué fue uno de los mejores a la hora de contar aventuras del trepamuros. Su Spiderman no es únicamente el tipo que salta entre edificios mientras recibe golpes de individuos disfrazados; es un personaje rodeado de relaciones, conflictos y consecuencias. Peter sigue siendo ese héroe capaz de estar peleándose con media galería de villanos mientras intenta solucionar problemas bastante más mundanos. Conway entiende especialmente bien esa mezcla entre superhéroe y persona normal, y consigue que las historias tengan suficiente acción para satisfacer al lector arácnido, pero también un componente de continuidad y desarrollo de personajes que hace que queramos seguir pasando páginas. Y precisamente en este volumen la nómina de problemas alcanza dimensiones casi industriales. Regresan Carroña, el Duende, el Puma, el Hombre Ígneo, El Escarabajo o el Doctor Octopus, porque aparentemente en Nueva York existe una especie de puerta giratoria para los supervillanos. Spiderman apenas tiene tiempo para recuperarse de una paliza cuando ya hay otro individuo con nombre ridículo dispuesto a intentar matarlo. La situación llega a su máxima expresión durante “Actos de Venganza”, cuando Spidey termina formando una alianza con varios de sus propios enemigos para enfrentarse a los Vengadores. Porque si hay algo que demuestra la madurez de un héroe es conseguir que sus enemigos se conviertan temporalmente en compañeros de equipo sin que nadie termine preguntando demasiado por los antecedentes penales.
Pero si hay una trama que destaca especialmente es la de Lápida y Joe Robertson. Conway consigue construir alrededor de ambos una historia con bastante más peso del habitual enfrentamiento entre héroe y villano. Lápida funciona como una amenaza mucho más inquietante precisamente porque no necesita convertirse en una criatura cósmica ni lanzar rayos por los ojos. Es un personaje ligado al mundo criminal, frío y brutal, y su enfrentamiento con Spiderman tiene una dimensión personal que hace que el conflicto resulte mucho más interesante. El desenlace de esta historia supone uno de los grandes atractivos del tomo y demuestra que las mejores historias de Spiderman no siempre necesitan salvar el universo. A veces basta con tener un problema personal realmente jodido.

Además, el volumen viene cargadito de material complementario y especiales. Aquí aparecen varias historias que amplían el recorrido del personaje y que, aunque no alcanzan siempre el nivel de la serie regular, aportan variedad y permiten comprobar cómo diferentes autores interpretan al trepamuros. Hay guionistas como David Michelinie, Terry Kavanagh, Kurt Busiek, Ben Trovato, Archie Goodwin, Stan Lee o Roy Thomas, lo que convierte el tomo en una pequeña reunión familiar de escritores arácnidos. Algunos participan durante más tiempo que otros, pero el resultado sirve para comprobar la enorme capacidad de Spiderman para sobrevivir a cambios de equipo creativo sin perder completamente su personalidad.
En el apartado gráfico ocurre algo parecido. Sal Buscema sigue siendo una de las grandes bazas de esta etapa. Su dibujo tiene un enorme atractivo y sabe transmitir tanto la velocidad de los combates como la expresividad de Peter Parker. Alex Saviuk también deja una importante huella en estas páginas, mientras que nombres como Don Perlin, Michael Bair o, especialmente, Ross Andru completan un apartado visual muy variado. Y aquí hay que detenerse un momento con Andru, porque su participación tiene un evidente sabor de despedida. Volver a encontrarse con su Spiderman después de tantos años resulta inevitablemente especial para cualquier lector que tenga cariño por la historia gráfica del personaje. Su última colaboración con la franquicia funciona casi como un pequeño abrazo nostálgico antes de pasar página del Marvel Graphic Novel. Spider-Man: Fear Itself.

También resulta especialmente simpática la aparición de Spiderman convertido en Hulk. Porque sí, Peter Parker puede enfrentarse a dioses, criminales, mutantes, monstruos y amenazas interdimensionales, pero siempre existe la posibilidad de que alguien piense que lo que realmente necesita es convertirse en Hulk. Es una de esas ideas que solo pueden funcionar plenamente dentro de los cómics de superhéroes, donde nadie parece considerar necesario detenerse cinco minutos para preguntar si todo esto tiene algún sentido. Y, precisamente por eso, tiene encanto. Las historias con el Doctor Extraño aportan otro tono. La vieja alianza entre ambos personajes vuelve a funcionar porque sus personalidades contrastan estupendamente: Spiderman aporta la ironía y el caos, mientras que el Doctor Extraño aporta la solemnidad de alguien que está acostumbrado a salvar dimensiones antes del desayuno. El especial Spider-Man/Dr. Strange: The Way to Dusty Death recupera esa dinámica y demuestra que la combinación entre ambos sigue siendo una de las más agradecidas del Universo Marvel.
La edición de Panini Comics con traducción de Santiago García mantiene el nivel de los otros dos tomos. Aquí se incluye los números The Spectacular Spider-Man 161-177, Web of Spider-Man 62-70, Marvel Super-Heroes 4, Spider-Man: Fear Itself y Spider-Man/Dr. Strange: The Way to Dusty Death One-Shot USA, además de una introducción escrita por Pedro Monje y varios extras para completar todo el pastel. Por eso, después de tres tomos, la sensación es la de haber asistido a una auténtica maratón arácnida. Gerry Conway cierra su segunda etapa dejando un buen puñado de historias memorables, Lápida demuestra que no todos los grandes enemigos de Spiderman necesitan poderes asombrosos y Peter Parker vuelve a demostrar que su auténtico superpoder consiste en conseguir que cada problema sencillo termine convertido en una catástrofe de proporciones épicas.

En conclusión, probablemente este tomo del Espectacular Spiderman de Gerry Conway sea el mejor de los tres volúmenes de esta etapa con un cierre a la altura de lo que se había construido anteriormente. Entre los cruces, los villanos, Hulk, el Doctor Extraño y el estupendo trabajo de Sal Buscema y compañía, hay material de sobra para disfrutar. Otro magnífico pedazo de historia arácnida que para los que no quieran conocer más del personaje se podría decir que estos tomos son imprescindibles.
