
En estos tiempos de inmediatez e hiperconexión, puede parecer que no queda espacio para la aventura y el exotismo. Por suerte, de cuando en cuando, aparece algo que nos recuerda que si. Que incluso en esa época donde no queda lugar para la evocación en el día a día, quedan buenos puertos donde atracar y poder contemplar un festín gráfico con sabor a aventura. Aunque no quede ningún elemento exótico en ningún lugar del paisaje, descubrimos en sus entrañas la misma esencia de antaño.
Eso ocurre al abrir las páginas de “Corto Maltés. El día antes” (“Corto Maltese. Le Jour d’avant”), donde Martin Quenehen y Bastien Vivès siguen recreando al celebre personaje de Hugo Pratt en clave actual. Publicado en el mercado francés en el otoño del año pasado, Norma lo ha traido a las librerias españolas este verano en una cuidada edición con traducción de Eva Reyes de Uña.

Tras «Océano Negro» y «La Reina de Babilonia«, Corto vivirá una nueva aventura ambientada en 2022, donde se verá envuelto en el rescate de una vieja amiga prisionera en un archipiélago de Tuvalu, en pleno corazón de la Polinesia. Ese conjunto de islas está actualmente amenazado por previsible aumento del nivel del mar fruto del cambio climático. Señal inequívoca de que, aunque Corto vuelva a vivir peripecias en la Polinesia, los lugares han cambiado, e incluso corren el riesgo de desaparecer. Como el mundo que evocaba Pratt, quizá más exótico y atractivo, no quedará nada. En su lugar, algo más moderno, pero no por ello menos salvaje, ocupa su espacio. Como los trozos de plástico amontonado en medio del océano.
Ese es el mundo que vive el Corto Maltés actual. El nuestro. Y queda bien reflejado en esta aventura. Áspera por momentos, pero que recoge la esencia del personaje en todo momento. La del eterno aventurero romántico y pendenciero, donde el argumento fluye sin excesivos artificios, confiado a la esencia de la aventura plena. Haciendo de la naturalidad argumental su mayor arma, atrapando con sus encantos al lector.

Martin Quenehen y Bastien Vivès han sabido administrarlos en “El día antes”. El primero, como ya hemos dicho, armando un guion solvente. Donde la esencia conceptual del mundo de Pratt se mantiene junto al contraste que supone ver a Corto en el mundo actual. Porque este Corto es, por caracterización, el Corto de Pratt. Definido con unos diálogos soberbios, que resuman una fidelidad notable a lo que es la trayectoria y personalidad del mayor aventurero romántico del cómic europeo. En el mismo sentido, no falta una sólida colección de secundarios que potencian el resultado de la aventura. Y en la conjunción de esos elementos se demuestra el buen trabajo realizado por escritor e historiador francés.
Bastien Vivès se encarga de plasmarlo en estas viñetas, que lejos de evocar lo exótico nos muestran la crudeza actual de paisajes y lugares donde discurre la aventura. Volvemos a la Polinesia junto a Corto Maltés, pero esto no es ambientalmente “La balada del mar salado”. Y en esa diferencia radica otro de los puntos fuertes. Uno más es el despliegue plástico de Vivès, que vuelve a exhibir elegancia de trazo. Uno no muy acabado pero si preciso para el tono que precisa esta aventura. Que sabe dotar de acción y de introspección cada uno de los pasajes argumentales que plasma. Dependiendo de las necesidades del guion, juega acertadamente con encuadres, gestos y miradas para dar mayor énfasis al relato. Uno que, como ya hemos dicho, discurre con natural eficacia.

Por eso, “Corto Maltés. El día antes”, supone un paso adelante en esta visión moderna del clásico de Pratt. Un paso que no olvida lo que significa Corto Maltés, pero que avanza por la fluidez con la que la historia se desarrolla, donde nada es anacrónico y, a la vez, nos devuelve el espíritu romántico aventurero de otras épocas. Sin nostalgias y mirando descarnadamente al presente. Pero con la esencia intacta. Dicen que esta será la última, por ahora, de las aventuras de la versión moderna de Corto Maltés a cargo de Martin Quenehen y Bastien Vivès. Si finalmente es así, supone una buena despedida.
