Patrulla-X unida 1: comienza un nuevo curso

Charles Xavier quería una escuela para mutantes. Una escuela donde los jóvenes pudieran aprender a controlar sus poderes, convivir en armonía y, con un poco de suerte, terminar el curso sin que el edificio explotara, un alumno intentara conquistar el planeta o apareciera un villano con ganas de convertir las instalaciones en un solar. Lo de siempre en la Patrulla X. El problema es que Xavier ya no está para encargarse del asunto y alguien tenía que recoger el testigo. Y quién mejor que Emma Frost, mujer conocida por su humildad, su discreción y su absoluta incapacidad para hacer cualquier cosa de manera sencilla.

Así nace Graymatter Lane, la nueva escuela mutante creada por Emma Frost y Kitty Pryde, aunque llamarla simplemente “escuela” es quedarse bastante corto. Esto es más bien una especie de palacio mental colectivo al que los mutantes pueden acceder desde cualquier parte del mundo. No hace falta coger el autobús, cruzar medio país ni convencer a los padres de que dejar al niño en una mansión llena de mutantes con antecedentes de destrucción masiva es una buena idea. Basta con tener la llave telepática y entrar.

Eve L. Ewing plantea en este primer número una idea que podría haber terminado como una extravagancia psicodélica de esas que hacen que uno se pregunte qué demonios se fumaron en el salón. Sin embargo, funciona más o menos bien. Graymatter Lane es una vuelta de tuerca bastante ingeniosa a uno de los conceptos fundamentales de los mutantes. La escuela como refugio, centro de aprendizaje y punto de encuentro para una comunidad que lleva décadas intentando no ser exterminada, discriminada, manipulada, invadida o directamente utilizada como saco de boxeo por el guionista de turno. La gracia está en que Ewing no se limita a poner una nueva escuela en una mansión. Eso ya lo hemos visto tantas veces que seguramente existe un seguro específico para edificios educativos propiedad de los mutantes. En lugar de eso, convierte la escuela en un espacio mental donde cada alumno puede acceder a través de una puerta específica para su mente. Es una idea estupenda porque permite que Graymatter Lane sea literalmente tan grande, extraña y cambiante como la imaginación de sus habitantes. Por supuesto, dentro tenemos todo lo que uno espera de una escuela de los Homo sapiens superior. Hay entrenamiento, profesores, alumnos, clases y la inevitable Sala de Peligro, porque si algo han demostrado estos individuos a lo largo de los años es que cualquier centro educativo serio necesita una habitación donde los adolescentes puedan combatir robots asesinos mientras los adultos toman notas. Eso sí, su enfoque de Ciclope podría esta mucho mejor realizado. Está un poco desubicado respecto al estilo que siempre llevó el personaje.  

El dibujo de Tiago Palma acompaña bastante bien el tono de la historia. Graymatter Lane necesita tener un aspecto diferente de una escuela tradicional y Palma consigue que los espacios tengan ese punto extraño, fantástico y ligeramente onírico que exige un edificio que existe dentro de la mente. Los personajes, además, tienen bastante expresividad, algo fundamental en una historia que dedica buena parte de sus páginas a conversaciones, relaciones y conflictos personales. Brian Reber se encarga del color y ayuda a que ese universo mental tenga personalidad propia. Hay escenas que funcionan especialmente bien gracias a la combinación entre dibujo y color, y el resultado consigue que la escuela parezca realmente un lugar distinto, no simplemente otra localización reciclada del universo mutante. También es cierto que la acción no siempre resulta tan dinámica como cabría esperar. Algunas escenas de combate pueden sentirse un poco rígidas y el número funciona mejor cuando los personajes hablan, interactúan o exploran la escuela que cuando toca repartir mamporros. Pero, teniendo en cuenta que esto es el primer episodio de una serie que está construyendo un escenario nuevo, no supone un problema especialmente grave.

Panini Comics publica este primer número de X-Men United con traducción de Uriel López como inicio de una nueva saga de los mutantes. Además de incluir las portadas de Stefano Caselli con Federico Blee y multitud de alternativas realizadas por Ema Lupacchino, Mike del Mundo, Skottie Young o Peach Momoko entre otros.

En definitiva, este primer número de Patrulla X Unida empieza con una idea bastante loca, la envuelve en telepatía, nostalgia mutante y adolescentes con superpoderes, y consigue que todo parezca sorprendentemente razonable. Es un número de presentación, sí, y se nota que está colocando las piezas para lo que vendrá después, pero lo hace con suficiente encanto como para que uno quiera matricularse inmediatamente. Eso sí, si alguien me ofrece una plaza en Graymatter Lane, voy a preguntar primero por el seguro. Porque después de tantos años leyendo a los estudiantes de Xavier, uno ya sabe que cuando los mutantes construyen una escuela nueva, el verdadero misterio no es qué asignaturas van a impartir. El verdadero misterio es cuántos números tardará en explotar.

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