Marvel Essentials Thor Ragnarok: un final del camino

El problema de anunciar el Ragnarok es que uno espera que, como mínimo, el asunto tenga cierta mala leche. Si vas a terminar con Asgard, los dioses, los monstruos, los héroes y prácticamente todo lo que se menea, lo normal es que la fiesta tenga proporciones bíblicas. O nórdicas, en este caso. Que vuelen martillos, que ardan ciudades, que Loki haga de Loki y que Thor ponga cara de “esto no estaba en el contrato”. Eso es lo que propone «Thor: Ragnarok», una historia que llega con vocación de punto final, de tragedia definitiva y de “señores, hasta aquí hemos llegado”.

El volumen reúne los números #80 a #85 de Thor vol. 2 y presenta una historia que funciona casi como una despedida del personaje. El Ragnarok ha llegado a Asgard y Thor tiene delante el pequeño inconveniente de que todo su mundo se está yendo literalmente donde Cristo perdió el mechero. Loki anda metido en el ajo, los enemigos se multiplican y los dioses se preparan para enfrentarse a un destino que, en principio, parece inevitable. Porque aquí está una de las ideas más interesantes del cómic. El Ragnarok no es simplemente una batalla final que pueda ganarse a base de repartir martillazos. Es un ciclo. Un final que ya ha sucedido, que vuelve a suceder y que, si nadie hace nada, seguirá sucediendo eternamente. Y Thor, que podría limitarse a repartir mamporros y gritar “¡Por Odín!”, decide que quizá ha llegado el momento de preguntarse por qué demonios están condenados a repetir siempre la misma historia. Lo cual es bastante más complicado que golpear gigantes con Mjolnir.

Michael Avon Oeming y Dan Berman plantean así una aventura que empieza como una historia de superhéroes de toda la vida y poco a poco se transforma en algo bastante más mitológico y filosófico. Tenemos batallas, monstruos, dioses, Asgard en llamas y toda la parafernalia que uno espera de una historia así. Pero también hay bastante espacio para hablar de destino, sacrificio, muerte, renacimiento y libre albedrío. La gracia es que la historia consigue que esa parte más reflexiva tenga sentido. Thor no solamente tiene que enfrentarse a enemigos externos, sino también a una serie de preguntas bastante más incómodas. ¿Qué significa ser un dios? ¿Qué sentido tiene luchar si el destino ya está escrito? ¿Y qué demonios haces cuando descubres que llevas siglos participando en una especie de bucle cósmico con la misma función que una lavadora rota? Ahí está probablemente lo mejor del trabajo de Oeming y Berman. En lugar de plantear el Ragnarok como una simple sucesión de combates cada vez más grandes, intentan convertirlo en una auténtica tragedia. Thor debe enfrentarse a su destino y descubrir qué precio está dispuesto a pagar para romper ese ciclo. Y eso le da al personaje una dimensión mucho más interesante que la del tipo rubito y cachitas que aparece cuando alguien necesita que una montaña sea demolida a martillazos.

Además, el cómic tiene la ventaja de que se puede leer prácticamente como una historia independiente. Evidentemente forma parte de una etapa concreta de Thor y está relacionada con el contexto de los Vengadores de Brian Michel Bendis, pero no hace falta saber demasiado para disfrutarla. De hecho, uno de los aspectos más curiosos es que la conexión con el gran evento vengador no resulta especialmente invasiva. Iron Man y Capitán América aparecen durante parte de la historia, pero afortunadamente nadie parece tener la necesidad de convertirlo en algo que no toca. Porque este es, sobre todo, el Ragnarok de Thor. Y eso se agradece.

Andrea Di Vito se encarga del dibujo y realiza un trabajo que encaja especialmente bien con la historia. Su estilo tiene ese toco retro, pero sin caer en la copia de algunos autores. Cuando toca dibujar el Ragnarok, tiene trabajo de sobra: dioses, gigantes, monstruos, ejércitos, fuego, destrucción y personajes con suficientes armas para montar una ferretería en Asgard. Di Vito consigue que todo tenga una escala considerable sin que las páginas se conviertan en una simple colección de personajes pegándose. Hay escenas especialmente potentes y una buena sensación de movimiento en las batallas. Quizá no todas las páginas tengan ese grado de espectacularidad que uno podría esperar de semejante acontecimiento, pero el conjunto funciona y mantiene muy bien el tono de tragedia fantástica que necesita la historia. Luego está el color de Laura Villari, que ayuda bastante a construir esa atmósfera. Porque un Ragnarok sin fuego, sombras, cielos amenazantes y paisajes que parecen estar pidiendo un seguro a todo riesgo sería como un Apocalipsis con música de ascensor. El apartado gráfico consigue transmitir esa sensación de que todo está llegando a su final.

Eso sí, conviene advertir que no es una historia de ritmo frenético de principio a fin. La primera parte entra bastante bien gracias a la acción y al conflicto inmediato, mientras que después el relato se toma su tiempo para entrar en terrenos más introspectivos. Hay momentos en los que el relato puede resultar algo denso y la narración se recrea bastante en su componente filosófico. También hay diálogos que pueden sonar algo solemnes, algo inevitable cuando tienes a un grupo de dioses hablando sobre el destino del universo mientras todo arde a su alrededor. Sin embargo, esa solemnidad forma parte de la personalidad del cómic. No pretende ser una comedia superheroica ni una aventura ligera. Quiere contar una tragedia mitológica protagonizada por un personaje de Marvel. Y en buena medida lo consigue.

También resulta curioso leerlo hoy sabiendo que Marvel, naturalmente, acabó recuperando a Thor. Porque si algo ha demostrado esta editorial durante décadas es que la palabra “final” debe interpretarse con bastante flexibilidad. El personaje volvió y siguió teniendo aventuras, porque resulta que los ejecutivos descubrieron que eliminar a uno de los personajes más conocidos de Marvel no era una estrategia comercial especialmente brillante. Eso hace que el carácter definitivo de la historia tenga una pequeña grieta. El cómic quiere ser una despedida, y funciona como tal, pero nosotros sabemos que aquello no podía durar. Es como asistir a la despedida de un compañero de trabajo sabiendo que el lunes volverá a aparecer por la oficina porque nadie ha firmado todavía el finiquito.

Aun así, eso no le quita valor a la historia. Al contrario. Permite disfrutarla como el cierre de una etapa concreta y como una especie de carta de amor al Thor más mitológico. Un dios del trueno que no es simplemente otro miembro de los Vengadores con poderes descomunales, sino un dios atrapado entre la mitología, el heroísmo y una humanidad que muchas veces resulta más interesante que sus músculos.

Todo eso convierte este pequeño volumen de Marvel Essentials de «Thor: Ragnarok», editado por Panini Comics, en algo bastante más interesante de lo que podría parecer a simple vista. No estamos solamente ante otro relato del dios rubio con melena y hombreras. Estamos ante una historia sobre el final de un mundo, el destino de un dios y la posibilidad de romper una condena que lleva repitiéndose eternamente. Eso sí, si quieres una aventura especialmente interesante sobre uno de los personajes más clásicos y mitológicos de la “casa de las ideas” este pequeño tomito puede ser la elección perfecta.

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