La luna nos persigue 2: fantasía que deja poso

La infancia y lo fantástico han sido en multitud de relatos elementos casi indisolubles a lo largo de la historia del ser humano. Ya Homero lo utilizó y no solo en el camino del héroe que emprende Ulises en “La Odisea”. También con Telémaco, pues de niño habla con seres mitológicos que, conforme madura el hijo del protagonista, desaparecen. Y es que lo fantástico siempre ha anidado en la ficción, siendo una constante que permite ahondar en cuestiones de fondo más tangibles. Y también psicológicas.

Del mismo modo, las historias sobre viajes a mundos fantásticos han sido numerosas. Casi arquetípicas. Muchas de ellas protagonizadas por niños. Quizá la más universal en nuestra cultura sea, a día de hoy, el periplo de Alicia por el “País de las Maravillas” que escribió Lewis Carroll. Quizá este sea la punta del iceberg de un tipo de argumento que nunca se agota. Baste ver la ingente cantidad de relatos que se podrían encuadrar en este grupo. Realizados tanto antes como después que Charles Lutwidge Dodgson (pues Lewis Carroll era su pseudónimo) publicara en 1865 su clásico.

Al hilo de esta cuestión, ¿qué pasaría si el viaje propuesto no fuera uno voluntario sino un secuestro con oscuros fines? Eso es lo que le ocurrío a la hija de Duncan y Sam, inconsciente en un profundo sueño del que no puede despertar y que la ha llevado a otra dimensión. Una en la que la fantasía y los recuerdos se encuentran en escenarios oníricos y fascinantes, pero llenos de peligros donde pocas cosas son lo que parecen. Una que tendrán que explorar unos desesperados padres en busca de su hija y a la que podemos asomarnos en “La luna nos persigue” (“The moon is following us”), de Daniel Warren Johnson, Riley Rossmo y Mike Spicer, cuyo segundo y último TPB acaba de estrenar en castellano Norma, con traducción de David Domínguez.

Si los cinco primeras grapas de esta serie, que comprendían el primer volumen, ya dejaban buenas sensaciones tras su lectura, la continuación y clímax que ahora se estrena no solo las mantiene sino que las supera, cerrándose así una obra compacta de fantasía onírica que deja poso. No solo por la ficción que plantea, sino por los mimbres que está construida: sólidos elementos que beben de cuestiones más terrenales y psicológicas, las de los protagonistas. Es ese el corazón conceptual de estas páginas creadas a cuatro manos, las de Johnson y Rossmo, que siguen repartiéndose, respectivamente, la sucia realidad y la onírica fantasía a la hora de dibujarlas. Todas bañadas por el socio cromático de Johnson, Mike Spicer, que potencia con sus colores lo emocional y espectacular de cada momento de la trama.

Quien piense que tras el primer volumen todo estaba desvelado, ya está el #6 de la serie de Image – el primero de este tomo – para desmentirlo. Aquí, con un efectivo giro y la introducción de determinados personajes secundarios, se amplifica lo que propone “La luna nos persigue”. Pues no solo es fantasía lo aquí expuesto, sino una suerte de metáfora de los lazos familiares que, sin atar, unen y protegen. De los traumas, individuales y familiares, que acompañan a cada miembro de una familia y de la forma de superarlos. Todo eso forma parte de las costuras del relato, evidentemente, pero no están siempre en primer plano – cosa acertada – sino que subyacen en una trama llena de acción y emoción. Apelando al instinto en un primer plano, pero con una base más profunda en sus raíces. Denotando así que, si bien este cómic es entretenimiento puro, nace de cuestiones más profundas. De las que pueden dejar a quien lo lea con lúcidos elementos para la reflexión. Pues mucho de lo planteado ahonda en lo psicológico, siendo oníricas metáforas de como tratamos los sueños y los recuerdos latentes. Los que no advertimos que llevamos en la mochila que es la vida, pero que están presentes.

Esa es la base conceptual desde donde se construye “La Luna nos persigue” y donde está su mayor punto fuerte. Con ello, Daniel Warren Johnson y Riley Rossmo han compuesto una onírica odisea que es puro entretenimiento. Espectacular y fantástico, pero con un poso notable. Siendo eso, precisamente, lo que reviste de personalidad a la obra, dejando huella tras su lectura. Y eso, en la época que vivimos, donde tenemos cada mes infinitos cómics al alcance de la mano, es mucho y bueno.

Suena al acabar estas líneas “Nightmares never really die”, tema incluido en la banda sonora del cómic a cargo de Brooticus (el proyecto musical de Daniel Warren Johnson, disponible en Bandcamp) a modo de cierre de un excelente y emotivo blockbuster en viñetas.

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