Marvel Premiere. El Asombroso Spiderman de Zeb Wells 4: llega Rek-Rap

Uno sabe que la vida de Peter Parker ha tocado fondo cuando la aparición de demonios en Nueva York deja de parecerle un problema especialmente grave. Después de décadas de clones, muertes, resurrecciones, rupturas sentimentales, decisiones editoriales tomadas probablemente durante una mala digestión y algún que otro desastre cósmico, Spiderman llega a un punto en el que solo necesita que alguien le diga: «Tranquilo, Peter, esta vez solo vamos a abrir un portal a Limbo y dejar que los demonios campen a sus anchas por Manhattan». Y él, naturalmente, responde poniéndose la máscara. Porque para eso están los superhéroes. Para solucionar los problemas que nadie con dos dedos de frente provocaría.

El cuarto Marvel Premiere dedicado al «Asombroso Spiderman de Zeb Wells» nos trae Dark Web, un evento en el que Marvel decidió coger a dos personajes con una trayectoria devastadora como son Ben Reilly y Madelyne Pryor. Llegando a la conclusión que lo que necesitaban no era terapia, descanso o una conversación adulta. Necesitaban convertirse en los responsables de una invasión demoníaca. Es una filosofía de vida perfectamente válida si eres un guionista de cómics de superhéroes y tienes prohibido pronunciar la palabra «psicólogo».

La premisa, sobre el papel, tiene bastante gracia. Ben Reilly se ha convertido en Abismo después de quedar completamente destrozado por los acontecimientos anteriores, mientras Madelyne Pryor vuelve a ponerse la corona de Reina Duende. Ambos comparten algo más que una afición por la estética infernal. Están hasta las narices de quienes consideran responsables de sus desgracias. Así que deciden unir fuerzas y montar una especie de Inferno 2 pero ahora con más traumas y menos vergüenza. Y Nueva York paga la factura. Porque Peter Parker ya puede estar tranquilo. Si algo le faltaba a su historial de problemas era descubrir que los objetos cotidianos podían ser poseídos por demonios. Una jornada cualquiera para el ciudadano medio de Manhattan. Vas a comprar un café y puede que la cafetera intente arrancarte la cabeza. Compras un sofá y quizá tenga ganas de asesinarte. Entras en el Daily Bugle y descubres que Jameson está en Limbo. En este universo, aparentemente, la administración municipal ha decidido que el apocalipsis demoníaco entra dentro de los gastos habituales.

«Red Oscura» («Dark Web») quiere recuperar parte del espíritu de Inferno, pero cambiando la angustia sobrenatural por una combinación bastante más gamberra de mamporros, chistes y situaciones deliberadamente absurdas. Y aquí aparece uno de los principales problemas de esta etapa. Zeb Wells parece tener buenas ideas, pero da la sensación de que cada vez que encuentra una intenta meter otras siete detrás para que no se aburra. El resultado es un crossover que quiere ser muchas cosas a la vez. Continuación de la historia de Ben Reilly, evento de Spiderman, aventura sobrenatural, crossover mutante, homenaje a Inferno, comedia superheroica y escaparate para dibujantes capaces de dibujar una docena de demonios mientras Spiderman lanza telarañas en medio de una explosión. Lo que no quiere ser es sencillo. Y quizá debería. Porque uno de los grandes problemas del tomo es precisamente que Dark Web está repartido entre diferentes colecciones. Aquí tenemos buena parte de la historia relacionada con Spiderman, pero faltan piezas importantes de lo ocurrido en las series de Veneno y los mutantes. Así que determinadas situaciones llegan con la elegancia narrativa de un vecino que entra en tu casa sin llamar.

La historia de Ben Reilly es especialmente frustrante. El personaje tenía todos los ingredientes para protagonizar una tragedia realmente interesante. Su identidad rota, sus recuerdos perdidos, la sensación de haber sido utilizado y su relación cada vez más complicada con Peter Parker podían haber dado lugar a una exploración bastante potente de lo que significa ser un clon que ha pasado media vida intentando descubrir quién demonios es. Pero no. Ben se convierte en Abismo. Porque aparentemente, cuando un personaje necesita resolver sus problemas de identidad, el siguiente paso lógico es convertirse en un demonio y organizar una invasión de Nueva York. La evolución resulta tan sutil como pegarle un martillazo a una puerta.

Lo peor es que la historia consigue que Ben resulte más interesante cuando no está ejerciendo de villano. Su frustración se entiende. Sus motivos tienen cierta lógica. El problema es que el guion necesita convertirlo rápidamente en el responsable de la fiesta infernal y sacrifica buena parte de esa complejidad para que podamos llegar cuanto antes a la siguiente pelea. Madelyne Pryor sale bastante mejor parada. Su papel como Reina Duende permite recuperar elementos de su historia con los mutantes y, especialmente cuando entran en juego Jean Grey y la familia Summers, el personaje recibe un tratamiento más interesante. De hecho, uno termina preguntándose por qué la parte mutante parece tener en ocasiones más claro qué hacer con Madelyne que la propia serie de Spiderman sabe qué hacer con Ben. Pero no hemos venido aquí a hablar únicamente de traumas mutantes. Hemos venido a hablar de Rek-Rap. Y probablemente también de por qué nadie lo detuvo.

Rek-Rap es un demonio de Limbo que ha tomado a Spiderman como modelo y ha decidido convertirse en una especie de versión infernal del trepamuros. Es exactamente el tipo de personaje que debería ser insoportable y que, contra todo pronóstico, termina siendo una de las cosas más divertidas del tomo. Es ridículo. Muchísimo. Es como si alguien hubiera cogido a Spiderman, lo hubiera pasado por una trituradora de demonios, hubiera añadido unas cuantas dosis de entusiasmo infantil y hubiera dicho: «Perfecto, lo publicamos». Y funciona. Porque cuando Dark Web abraza completamente el disparate, mejora. Cuando Wells se dedica a hacer que Peter Parker sea Peter Parker, con sus bromas y su capacidad para tomarse a cachondeo incluso las situaciones más absurdas, el cómic recupera algo de la esencia del personaje. El problema aparece cuando intenta convertirse en una historia trascendental sobre las consecuencias emocionales de todo lo sucedido. Ahí empiezan los sudores.

El apartado gráfico, por suerte, ayuda bastante a que el espectáculo funcione. Adam Kubert, Ed McGuinness, John Romita Jr., Scott Hanna y Francesco Mortarino ponen sus lápices y tintas al servicio del Apocalipsis de andar por casa que propone Wells. McGuinness encaja especialmente bien con el tono de sus personajes musculosos, exagerados y tremendamente dinámicos parecen haber nacido para enfrentarse a criaturas demoníacas mientras destruyen media ciudad. Kubert aporta esa espectacularidad clásica que hace que incluso una idea cuestionable parezca importante durante unas cuantas páginas. Y el trabajo de los entintadores y coloristas como Cliff Rathburn, Scott Hanna, Frank Martin, Marcio Menyz, Erick Arciniega y Guru-eFX consigue que todo tenga un aspecto espectacular. Y aquí aparece una de las grandes paradojas de este tomo. Es bastante más fácil admirar cómo está dibujado que disfrutar de lo que está contando. Porque visualmente entra por los ojos como una hamburguesa de cinco pisos. Es enorme, colorida, rebosa ingredientes y parece imposible que algo pueda salir mal. Después le das un mordisco. Y bueno. Quizá la quinta planta sobraba.

El tomo incluye además la historia procedente del Free Comic Book Day 2022, dibujada por John Romita Jr., además de las correspondientes portadas variantes y el habitual material adicional. Panini Comics lo presenta en su formato Marvel Premiere con 168 páginas y traducción de Santiago García que incluye además The Amazing Spider-Man 15-18 y Dark Web Finale. Una edición cómoda para llevarse a cualquier sitio donde uno necesite comprobar que, efectivamente, la continuidad Marvel puede llegar a ser una forma particularmente creativa de tortura. Porque esa es otra, este tebeo disfruta bastante mejor si uno no intenta buscar demasiado sentido.

En definitiva, el cuarto tomo del Marvel Premiere Asombroso Spiderman de Zeb Wells es el equivalente a invitar a veinte personas a cenar y descubrir, cuando ya están todos sentados, que nadie sabe cocinar. Los ingredientes son estupendos: Ben Reilly, Madelyne Pryor, Limbo, demonios, mutantes, Spiderman, Veneno, dibujantes de primera y la sombra de Inferno sobrevolándolo todo. El problema es que alguien decidió echarlo todo a la misma olla y remover con una excavadora.

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