
1975. Era la época en la que Jean Giraud se estaba reinventando como creador gráfico. Los días en los que comenzó a utilizar el pseudónimo con el que es conocido en la actualidad por cualquier aficionado al cómic: Moebius. Mientras experimentaba, tanto en trazo como en concepto, dibujó en la esquina de una mesa un curioso personaje. La resultante, un hombre con un gorro puntiagudo, supuso el catalizador para la creación de uno de los personajes que, desde entonces, le acompañó a lo largo de su trayectoria artística.
De esa idea no tardaron en aparecer cuatro pequeñas historias en “Métal Hurlant”. En ellas Moebius jugaba con la ortografía del nombre del personaje y planteaba, en relatos sin dialogos, una fresca propuesta que cinco décadas después ya es un clásico del cómic europeo. “Arzak”, “Harzak”, “Harzach” y “Harzack” llegaron para quedarse en la retina de muchos aficionados y supusieron uno de los puntos de inflexión con los que Jean Giraud pasó a ser Moebius.

Pasaron los años y Moebius adquirió un reconocimiento internacional notable. A su vez, Arzak fue evolucionando, mutando en versiones alternativas. Transmutándose en otras más andróginas o espirituales. Aportando, en todo caso, originalidad sobre el concepto primario y siempre dejando una esencia conceptual y gráfica que los conectaba a todos. Así, por ejemplo, queda “Starwatcher” como una refinada evolución. En todo caso, lo que se desplegó con “Arzak” dejó huella, tanto para los aficionados como para el autor, que de vez en cuando volvía a su querida creación. La que supuso una epifanía a mediados de los setenta y la que es una de las más icónicas de su galería de creaciones.
Quizá por eso, a la hora de comenzar una serie de artbooks dedicados a los personajes que creó el autor de Nogent-sur-Marme, Moebius Productions haya elegido a este icono de la ciencia ficción europea. Nadie mejor que esta creación, una de las preferidas del autor, para inaugurar “El Pequeño Panteón Moebius” (“Le Petit Panthéon Moebius”), con la que se pretende, en cada volumen, mostrar el mundo gráfico del autor en toda su amplitud en un formato de lujo, con reproducciones que hagan justicia al arte expuesto en cada página y acompañado de textos y extractos de entrevistas que permitan al lector conocer motivaciones, técnicas utilizadas y contextos en relación al personaje tratado.

Así nació este espectacular libro de arte, que Norma acaba de estrenar en castellano en una cuidada edición con traducción de Carmen Arnaldos Almagro. Desde la cubierta de tela hasta las cualquiera de las 176 páginas que componen el volumen, todo está pensado para sumergir al lector en la majestuosa y onírica iconografía que despliega esta creación. Todo un viaje gráfico al universo plástico de Moebius, con páginas que supondrán para muchos lectores un reencuentro, para otros una revelación. En todo caso un disfrute, tanto por lo que exponen como por la calidad de las reproducciones.

Dividida la obra en ocho capítulos, a modo de salas de un museo, “Arzak. El Pequeño Panteón Moebius” se erige como una cuidada joya gráfica para degustarse con tranquilidad y perderse por sus dibujos. Como si visitaras un museo, pero sin urgencias horarias. Para detenerse en cada una de las páginas el tiempo que estime cada uno conveniente. Para asomarse, en definitiva, a uno de los universos gráficos más potentes de la ciencia ficción europea. El que nació de la mano de Moebius y que ya es atemporal.
