Biblioteca Conan. La espada salvaje de Conan 21: el botín de la isla de la muerte. Sigue la épica salvaje

Conan tiene una filosofía vital bastante sencilla. Si algo parece peligroso, probablemente tenga tesoros; si alguien dice que hay una maldición, merece la pena investigar; y si la investigación incluye una espada, un barco, una bruja o un monstruo, mejor todavía. Lo de pensar las consecuencias ya se lo deja a los filósofos, que bastante tienen con no poder levantar una espada de dos kilos. La Biblioteca Conan. La Espada Salvaje de Conan 21, publicado por Panini Comics, recupera The Savage Sword of Conan 65-67 y nos devuelve a esa maravillosa época en la que una aventura podía comenzar con una profecía sospechosa y terminar con media población asesinada, un demonio desmembrado y Conan preguntándose dónde demonios está el botín.

El volumen reúne un auténtico festival de nombres ilustres: Roy Thomas, John Buscema, Gil Kane, Michael Fleisher, J. M. DeMatteis, Bruce Jones, Ernie Colón, Ernie Chan, Alfredo Alcalá, Kerry Gammill y Baron Yoshimoto. Una alineación capaz de hacer que Crom levante una ceja, que ya es prácticamente una ovación. Y aunque la calidad del material es irregular (hasta los bárbaros tienen días malos), cuando estas historias funcionan, La Espada Salvaje vuelve a demostrar por qué sigue teniendo un encanto que muchas producciones modernas necesitarían varias páginas de manual de instrucciones para explicar.

Abrimos con «¡Los colmillos de la serpiente!», guionizada por Michael Fleisher y dibujada por Gil Kane. Conan llega a Zamboula y, como quien va a comprar pan y acaba metido en una secta homicida, se cruza con una bruja que le lee el futuro a cambio de una moneda. Una inversión bastante razonable si tenemos en cuenta que normalmente las consultas de futuro terminan costando muchísimo más y no suelen incluir serpientes, conspiraciones y cadáveres. La historia juega con la profecía y el destino, dos conceptos que Conan suele interpretar de una manera bastante particular: «¿Dice que voy a morir? Pues vamos a comprobar si el que lo ha dicho aguanta una hostia». Fleisher construye una aventura clásica de espada y brujería, llena de traiciones, engaños y personajes que deberían aprender que acercarse a Conan con malas intenciones es una pésima decisión profesional. Como acompañamiento aparece «Bront», de John Buscema y J. M. DeMatteis, una historia de ciencia ficción que demuestra que, en los ochenta, La Espada Salvaje de Conan podía meter prácticamente cualquier cosa dentro de sus páginas. ¿Una aventura espacial? Adelante. ¿Un monstruo cósmico? Por supuesto. ¿Conan vestido de astronauta? Bueno, quizá no tanto, pero denle tiempo a Marvel.

El número 66 nos trae «El mar sin retorno», una historia escrita por Roy Thomas a partir de un argumento de Danette Couto, con dibujos de Ernie Colón y tintas de Ernie Chan. Y aquí tenemos probablemente el plato fuerte del volumen. Conan es detenido injustamente y termina convertido en guardaespaldas de la princesa Crigatha durante un viaje marítimo. Porque cuando uno piensa en el mejor trabajo posible para un bárbaro buscado por la justicia, proteger a una princesa en un barco lleno de sospechosos parece una opción laboral estupenda. El problema es que comienzan a aparecer cadáveres. Y entonces tenemos un misterio clásico de esos en los que cualquiera puede ser culpable. El barco se transforma en una especie de crucero de lujo organizado por Agatha Christie después de haber descubierto el heavy metal. Sospechosos, asesinatos, secretos, tensión y elementos sobrenaturales se mezclan con bastante habilidad. Incluso aparece esa sensación de «aquí alguien va a morir en la próxima página» que convierte cualquier viaje en barco en una experiencia turística difícil de recomendar.

Después llegamos a «El botín de la isla de la muerte», probablemente la historia que mejor resume todo lo que uno espera de Conan: piratas, tesoros, una isla misteriosa, monstruos, violencia, codicia y gente tomando decisiones horribles porque ha visto un cofre lleno de oro. Roy Thomas vuelve al guion, a partir de una idea de Fred Blosser, mientras que John Buscema, Alfredo Alcalá y Kerry Gammill se encargan del apartado gráfico. Aquí Buscema vuelve a demostrar por qué su nombre está tan ligado al personaje. La espectacular página inicial ya deja claro que hemos venido a lo que hemos venido. La historia funciona especialmente bien cuando abraza su componente terrorífico. La isla parece diseñada específicamente para que cualquier persona sensata diese media vuelta inmediatamente, pero por supuesto nadie lo hace porque, de hacerlo, no tendríamos cómic. También incluye «En el desierto de los sueños», escrita por Bruce Jones y dibujada por Baron Yoshimoto. Aquí el volumen cambia completamente de registro. Pasamos de espadas, piratas y monstruos a una experiencia más onírica y psicodélica. Yoshimoto aporta un estilo muy diferente al de los dibujantes habituales de la colección, y precisamente por eso el relato funciona como una pequeña anomalía dentro del conjunto. El cierre corre a cargo de «Liberación», con Gil Kane como autor completo y protagonizada por Chane. Es una historieta breve, directa y bastante salvaje en la que un guerrero debe enfrentarse a una criatura demoníaca que mantiene esclavizada a una aldea. Originalidad argumental, la justa. Espadas, demonios y violencia, toda la necesaria. Pero Kane consigue que incluso una historia relativamente sencilla tenga una presencia gráfica espectacular.

Panini Comic presenta todo esto en un volumen de tapa dura de 216 páginas, con traducción de Joan Josep Mussarra y una edición que permite disfrutar especialmente del blanco y negro original. Como extras encontramos el artículo «¡Una era no soñada!», escrito por Rafael Marín, además de un portafolio con portadas originales a color y páginas originales. Es decir, material suficiente para que el lector termine el tomo y, en lugar de guardarlo tranquilamente en la estantería, vuelva a abrirlo para mirar dibujos como quien contempla un tesoro arqueológico.

Al final, este vigesimoprimer tomo de La Espada Salvaje de Conan es otro recordatorio de que el cimmerio no necesita demasiadas complicaciones. Dale una espada, un enemigo, una maldición y un tesoro y él se encargará del resto. Si aparece una bruja, mejor. Si hay piratas, estupendo. Si la isla está maldita, perfecto. Y si alguien le explica que existe una profecía según la cual va a morir, probablemente Conan ya esté desenvainando la espada antes de que termine la frase. Crom no exige argumentos complejos. Crom exige que los bárbaros tengan problemas y que estos problemas puedan resolverse a mandobles. Y, por suerte para nosotros, en este tomo Conan viene cargadito de ellos.

Deja un comentario