Marvel Premiere. El Asombroso Spiderman de Zeb Wells 3: llega el duende

¿Qué ocurriría si una empresa decidiera contratar a un empleado con problemas de identidad, estrés crónico, tendencia a meterse en peleas, una vida sentimental hecha fosfatina y la desagradable costumbre de aparecer en horario laboral vestido de superhéroe? Probablemente Recursos Humanos recomendaría despedirlo. O, como mínimo, ofrecerle unas vacaciones. Pero si la empresa se llama Oscorp y el empleado responde al nombre de Peter Parker, la reacción lógica es ponerle una mesa, darle una nómina y cruzar los dedos para que el jefe no vuelva a convertirse en un psicópata con planeador. Bienvenidos a Marvel, donde las decisiones laborales se toman con el mismo criterio que las decisiones sentimentales: ninguno.

Peter Parker trabaja para Norman Osborn. Sí. Norman Osborn. El señor que durante décadas ha demostrado que la línea entre empresario visionario, científico brillante y amenaza homicida con problemas de vestuario es extraordinariamente fina. Pero resulta que ahora está reformado. Ha visto la luz. Ha dejado atrás su pasado. Ya no es aquel lunático que se paseaba por Nueva York lanzando bombas calabaza. Ahora es un hombre nuevo. Naturalmente, esto significa que podemos confiar plenamente en él. Durante aproximadamente quince minutos. Porque en cuanto Peter empieza a pensar que quizá, solo quizá, trabajar para Norman no sea la peor decisión de su vida, aparece el Duende. Y entonces uno comprende que Zeb Wells no está interesado en concederle a Spiderman ni siquiera una tarde tranquila.

Este tercer tomo de Marvel Premiere de «El Asombroso Spiderman de Zeb Wells», publicado por Panini Comics que recopila The Amazing Spider-Man vol. 6 #9-14, es una colección que reúne una cantidad de acontecimientos capaz de provocar hipertensión a cualquier persona que simplemente quisiera leer un cómic del trepa muros sin tener que matricularse previamente en un máster sobre continuidad Marvel. Aquí tenemos a Lobezno, a la Gata Negra, a Gwen Stacy, el regreso del Duende con Ned Leeds pululando, Norman Osborn, Mary Jane. Todo en seis números. Porque aparentemente alguien en Marvel miró la agenda editorial y decidió que meter eventos, un villano clásico, varios clones y una crisis existencial en el mismo tomo era perfectamente razonable. Y lo peor es que, contra todo pronóstico, muchas de las cosas funcionan.

El volumen comienza con una historia relacionada con la Gala Fuego Infernal, El problema es que la historia tiene esa sensación tan entrañable de «esto seguramente era importantísimo en otra colección». Peter busca a Mary Jane, Moira anda haciendo de Moira y aparecen elementos que proceden directamente de la Gala Fuego Infernal. Si vienes siguiendo todo el Universo Marvel, estupendo. Si simplemente has comprado un tomo de Spiderman porque pone Spiderman en la portada, buena suerte. Es una historia que conecta cosas, prepara otras y deja determinadas situaciones en el aire. Funciona, pero más como pieza de un gigantesco puzle que como aventura independiente. Entonces pasamos al encuentro con Gwen y sus cosas celestiales que a mi gusto no tiene ningún sentido, pero como lo dibuja Nick Dragotta pues lo acepto sin rechistar. El problema es que esta historia también vuelve a sufrir el síndrome del «evento Marvel». Sabes que estás leyendo algo que pertenece a una maquinaria mucho mayor y que determinadas consecuencias se están cocinando en otras series.

Pero después de estas dos paradas turísticas por el Universo Marvel, llega lo que realmente hemos venido a buscar. El Duende (también conocido como Hobgoblin, que uno se puede equivocar con el verde). Y aquí el tomo mejora considerablemente. Wells recupera al villano y juega con una de las características más divertidas de su historia. Nunca sabes exactamente quién está detrás de la máscara. Roderick Kingsley, Ned Leeds, viejas identidades, nuevas sospechas. El Duende tiene una trayectoria tan complicada que para descubrir quién es probablemente necesites un árbol genealógico, una calculadora y un adulto responsable. La gracia está en que Peter tampoco lo tiene claro. Y eso permite construir un misterio bastante entretenido mientras Wells recupera elementos del pasado del personaje. No estamos ante una reinvención revolucionaria del Duende, pero tampoco hace falta. El personaje ya tiene suficiente equipaje como para llenar un aeropuerto.

La trama se beneficia además enormemente del regreso de Norman Osborn al centro de la historia. Peter sigue teniendo dudas sobre él y, sinceramente, no se le puede culpar. Confiar en Norman Osborn requiere una fe superior a la necesaria para confiar en un vendedor de coches usados que te dice que el motor «solo hace ese ruido los martes». La relación entre ambos es uno de los puntos fuertes del tomo. Peter quiere creer que Norman ha cambiado, pero el lector sabe perfectamente que detrás de esa sonrisa puede haber una bomba calabaza esperando su momento. Wells juega con esa tensión y consigue que cada aparición de Norman tenga cierto grado de amenaza incluso cuando el personaje intenta hacer algo genuinamente bueno.

Cuando creemos que el tomo va a centrarse en las consecuencias del arco del Duende, Marvel vuelve a sacar su carta favorita: «Ahora viene un evento». Porque el número 14 funciona como prólogo con Ben Reilly asociado con la Reina Goblin. Y aquí volvemos a esa tradición editorial que tanto cariño nos despierta: cuando Ben Reilly parece haber encontrado cierta estabilidad, alguien en Marvel decide que sería mucho más divertido convertirlo otra vez en una amenaza. La historia tiene interés, pero también deja esa sensación de estar leyendo un gigantesco «continuará». Eso no significa que sea aburrido. Al contrario. Es puro espectáculo Marvel. Clones, Limbo, villanos, traiciones, dramas familiares y gente tomando decisiones cuestionables. Es decir, martes por la tarde en Manhattan.

Además, el apartado gráfico es tremendamente variado. Wells cuenta con Patrick Gleason, Nick Dragotta, Scott Hanna, Michael Dowling, Kyle Hotz, Terry Dodson o Ryan Stegman y, por supuesto, John Romita Jr., acompañados por un ejército de entintadores y coloristas formado por Rachel Dodson, Tim Townsend, J.P. Mayer, Richard Isanove, Dan Brown, Matt Hollingsworth y Marcio Menyz. La ventaja es que hay variedad visual. La desventaja es que el cambio de estilo entre historias puede hacer que el tomo parezca una reunión de artistas que no se han puesto de acuerdo sobre qué Spiderman quieren dibujar. Pero el nivel general es bueno, y cuando la acción se dispara, el espectáculo está garantizado.

En conjunto, este tercer Marvel Premiere del Asombroso Spiderman es probablemente uno de esos tomos que se disfrutan más si uno acepta desde el principio que la coherencia ha salido a comprar tabaco y no piensa volver. Hay historias que funcionan por sí mismas y otras que dependen bastante de acontecimientos externos. El arco del Duende es donde el volumen encuentra su mejor ritmo: misterio, acción, Norman Osborn, Peter Parker recibiendo golpes y un villano clásico jugando al escondite bajo una capucha. Y eso es exactamente lo que uno quiere del hombre araña. Porque Peter puede trabajar para Norman Osborn, puede tener una vida sentimental incomprensible, puede enfrentarse a Celestiales, mutantes, clones y Duendes de todas las variedades cromáticas, pero hay algo que nunca cambia. Spiderman sigue siendo el tipo que intenta hacer lo correcto mientras el universo entero se dedica a demostrarle que ha elegido la profesión equivocada.

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