Power Man: Intemporal. Un absurdo cósmico

«Power Man: Intemporal», editado por Panini Comics y recopilando Power Man: Timeless #1-4 USA, parte de una pregunta que Marvel lleva décadas intentando responder sin que nadie se lo haya pedido: ¿qué pasaría si cogiéramos a Luke Cage y le diéramos todavía más poder? La respuesta, por supuesto, es que alguien en la editorial debió de decir: «¿Y si no nos hemos pasado lo suficiente?». Así nace esta historia, en la que Power Man ya no es simplemente un tipo extremadamente fuerte, sino una especie de navaja suiza cósmica capaz de repartir mamporros a niveles que convierten las leyes de la física en una sugerencia.

El punto de partida tiene su gracia. Nos encontramos con un Luke Cage procedente de un futuro lejano, convertido en una figura prácticamente legendaria, inmortal y más solo que la una. Porque incluso en el futuro más remoto del Universo Marvel, al parecer, el superhéroe sigue teniendo problemas para encontrar compañía. Este Power Man ha acumulado una colección de mejoras que haría sonrojar al departamento de Recursos Humanos de una empresa de biotecnología: sangre de Hulk, poderes de Puño de Hierro, habilidades del Vigía (con lo bueno y malo) y una resistencia que parece haber sido fabricada específicamente para que ningún guionista vuelva a poder decir «Luke, esto es demasiado para ti». Dicho de otro modo. Si alguien hubiera querido crear al Power Man definitivo, se habría quedado corto. Aquí han decidido fabricar al Power Man que aparece cuando el concepto de «equilibrio» ha sido expulsado de la sala de guionistas.

Collin Kelly y Jackson Lanzing se enfrentan a un problema bastante serio: ¿cómo construyes una historia emocionante alrededor de un personaje que, en teoría, podría enfrentarse a prácticamente cualquier cosa que le pongas delante? La solución habitual consiste en inventar algo todavía más poderoso. Es una estrategia perfectamente válida si eres un adolescente discutiendo sobre quién ganaría entre Goku y Superman. Resulta algo más complicada cuando estás intentando construir una narración con tensión dramática. Y aquí es donde este tebeo empieza a tropezar con sus propios músculos.

El primer tramo funciona especialmente bien porque presenta a este Luke hiperpoderoso en un contexto que permite comprender el sentido de semejante barbaridad. El personaje se enfrenta a amenazas de escala gigantesca y la historia tiene ese aroma de futuro decadente, tragedia superheroica y espectáculo cósmico que tan bien se le da a Marvel cuando decide mirar hacia el infinito y ponerle una capa. El problema llega cuando la miniserie tiene que sostener durante cuatro números la idea de que estamos ante un personaje capaz de enfrentarse a prácticamente cualquier amenaza. Porque entonces surge la inevitable pregunta: ¿qué demonios puede plantarle cara? La respuesta de los autores pasa por subir todavía más el volumen. Si Power Man puede derrotar a esto, ponemos algo más grande. Si eso tampoco funciona, ponemos algo todavía más absurdo. Y si finalmente aparece algo capaz de representar una amenaza, procuramos que sea tan abstracto y cósmico que al lector le cueste incluso recordar qué está en juego.

La premisa es estupenda sobre el papel: un héroe procedente de un futuro remoto aparece en el Universo Marvel contemporáneo y descubre que existe un misterio relacionado con una amenaza de proporciones cósmicas. Power Man tiene que investigar, combatir y descubrir qué está sucediendo mientras se desplaza por un escenario que prácticamente convierte el sistema solar en su patio de recreo. El problema es que la escala termina comiéndose a la historia. Marvel lleva décadas construyendo amenazas cósmicas. Tenemos Galactus, Thanos, los Celestiales, Eternidad, entidades abstractas, dioses de todo tipo y un catálogo de seres capaces de destruir planetas antes del desayuno. Cuando introduces un nuevo personaje que parece capaz de competir con todos ellos, el peligro deja de ser impresionante y empieza a resultar administrativo. Si Luke puede enfrentarse a prácticamente cualquier cosa, ¿qué importancia tiene que aparezca un enemigo supuestamente universalmente peligroso? Ahí está la gran paradoja del tomo. Cuanto más poderoso se vuelve Power Man, menos poderosa parece la historia.

Bernard Chang se encarga de que, al menos visualmente, el lector tenga razones para continuar. Su dibujo se mueve con comodidad entre el espectáculo superheroico, las escenas de acción y las dimensiones cósmicas. Chang entiende además que este no es un Luke Cage de andar por casa. No basta con dibujar a un tipo enorme rompiendo una pared. Aquí hay que transmitir la sensación de que el personaje podría atravesar la pared, el edificio, el planeta que está detrás y, si se enfada lo suficiente, probablemente también la hipoteca del lector. El color de Marcelo Maiolo acompaña esa apuesta por la grandilocuencia. El resultado tiene una espectacularidad muy apropiada para una historia que constantemente está intentando recordarnos que estamos ante algo enorme. El cómic parece empeñado en colocar al lector en primera fila de un festival cósmico donde todo brilla, explota o contiene una cantidad preocupante de energía.

También resulta curioso el uso de personajes y conceptos conocidos del Universo Marvel. La historia juega con nombres reconocibles y los coloca en posiciones que ayudan a medir la escala de poder de Luke. Incluso Apocalipsis puede terminar funcionando casi como una unidad de medida: «Mira lo fuerte que es este tipo, ¡puede enfrentarse a un mutante omega!». El problema es que cuando conviertes a un personaje formidable en poco más que un saco de boxeo cósmico, quizá la intención de demostrar poder empieza a jugar en tu contra.

Por suerte, el comic no carece de imaginación. Hay conceptos interesantes, escenarios enormes y una voluntad evidente de hacer algo diferente con Luke Cage. No estamos ante el Power Man tradicional convertido simplemente en protagonista de otra aventura de puñetazos. Aquí se intenta llevar al personaje hasta sus últimas consecuencias y convertirlo en una figura de dimensiones casi legendarias. La cuestión es que llevar un concepto hasta el infinito tiene un pequeño inconveniente. Después del infinito solo queda el aburrimiento. Y eso es lo que ocurre ocasionalmente. El cómic plantea constantemente la idea de que estamos asistiendo a algo gigantesco, histórico, cósmico y trascendental. Pero repetir que algo es enorme no hace que resulte enorme. Una historia necesita que el lector sienta las consecuencias, no que un personaje se las explique mediante una presentación de PowerPoint intergaláctica. El resultado es un cómic extraño, espectacular y voluntariosamente desmesurado. Un Luke Cage convertido en una especie de entidad cósmica que ha pasado de romper paredes a discutir con amenazas que probablemente deberían tener su propio código postal. Y quizá esa sea precisamente la gracia del invento.

«Power Man: Intemporal» es, en definitiva, Marvel jugando a «¿y si…?». ¿Y si Luke Cage fuera inmortal? ¿Y si tuviera poderes de Hulk? ¿Y si además tuviera las habilidades de Puño de Hierro? ¿Y si también fuese un Celestial? ¿Y si lo enfrentamos a algo todavía más grande? ¿Y si…? El problema es que después de cinco o seis «¿y si?» llega un momento en que uno empieza a echar de menos el sencillo «Luke Cage pega a un tío». Pero si aceptas que aquí la moderación ha sido asesinada en la primera página y enterrada bajo toneladas de energía cósmica, el tebeo puede ofrecer una lectura tan espectacular como desvergonzadamente excesiva. No es precisamente un ejercicio de contención. Es más bien una visita guiada por el sistema solar conducida por un señor que puede destruir planetas y que, por alguna razón, todavía piensa que necesita demostrar que está fuerte.

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