En algún despacho de Marvel a finales de los ochenta alguien debió de pronunciar una frase que cambiaría para siempre la historia de los cómics: «Lobezno vende». Y cuando un ejecutivo descubre que un personaje vende, hay dos posibilidades. La primera es utilizarlo con moderación, cuidando su exposición y procurando que cada aparición tenga sentido. La segunda es la que eligió «la casa de las ideas»: Meter a Lobezno hasta en la sopa. Si hubiera existido entonces una colección titulada Recetas con tus mutantes favoritos, Logan habría aparecido en la portada sujetando una cazuela con las garras. El problema es que Chris Claremont ya tenía bastante con mantener en pie el gigantesco circo de La Patrulla X. Así que cuando Marvel decidió que Logan necesitaba una colección propia, probablemente el guionista pensó que lo mejor era mandarlo a un lugar tan lejano que nadie pudiera venir a preguntarle qué demonios estaba haciendo con los demás mutantes. Así apareció Madripur, una ciudad-estado del sudeste asiático en la que la delincuencia no es una actividad marginal sino prácticamente el motor económico. ¿Y qué hace Logan para pasar desapercibido? Se pone un traje elegante, se coloca un parche en el ojo y se hace llamar Parche. Sí. Parche.

En Marvel pensaron que nadie iba a reconocer al tipo más famoso de los X-Men si le tapaban un ojo. Es una estrategia de camuflaje que podría haber funcionado perfectamente si Logan hubiera sido un señor de Cuenca con bigote. Pero no. Es Lobezno. El hombre de las patillas, el pelo imposible, la cara de haber desayunado vinagre, el cuerpo de luchador de feria y seis cuchillas de adamantium que salen de sus manos. Pero con parche. Y así comienza el primer tomo «Marvel Gold de Lobezno». Un tochal de 520 páginas que demuestra que, cuando Marvel se lo propone, puede convertir a un superhéroe canadiense con problemas de ira en protagonista de una mezcla de cine negro, aventura pulp, piratas, mafiosos, conspiraciones, vampiros y demonios. Todo muy normal. Lo de siempre.
La colección recopila los diez primeros seriales de Lobezno en Marvel Comics Presents y los dieciséis primeros números de Wolverine, publicados entre 1988 y 1989. Es decir, asistimos al momento exacto en que Marvel empieza a comprender que Logan puede vender tebeos por sí mismo y, como buena empresa editorial, decide aprovechar el descubrimiento hasta la extenuación. Porque Lobezno ya era una estrella. Gracias principalmente a Chris Claremont y a su trabajo en La Patrulla X, Logan había pasado de ser un miembro particularmente cabreado del grupo a convertirse en uno de los personajes más populares de Marvel. Claremont, que ya estaba cargando con una franquicia mutante que por aquel entonces tenía más problemas familiares que una boda gitana, decidió aceptar el reto. Eso sí, en lugar de hacer simplemente otra colección superheroica, decidió jugar a otra cosa.

Madripur es posiblemente uno de los escenarios más agradecidos que se podían regalar a Lobezno. Una ciudad corrupta, violenta, llena de mafiosos, mercenarios, traficantes, asesinos, piratas y gente que probablemente considera «buenas noticias» que solo haya intentado matarte una persona antes del desayuno. Aquí Logan se convierte en Parche y se mete de lleno en el submundo criminal. La idea es que el personaje se mantenga alejado de los X-Men y pueda llevar una vida independiente. Naturalmente, esa vida independiente dura aproximadamente lo que tarda alguien en pronunciar las palabras «tengo un mal presentimiento». Porque en cuanto Logan llega a Madripur empiezan las conspiraciones, los secuestros, las guerras entre bandas, las traiciones y los tipos con la sana costumbre de intentar asesinarle. Un retiro espiritual, vaya.
Los diez primeros capítulos de Marvel Comics Presents forman Noches de Madripur, una historia que apuesta claramente por el cine negro. Hay bares turbios, criminales, femmes fatales, personajes ambiguos y un protagonista que parece haber salido de una película de Humphrey Bogart después de haber pasado por el departamento de mutantes de Marvel. La referencia a Casablanca está ahí, aunque con algunas diferencias. En Casablanca hay nazis. Aquí hay supervillanos. En Casablanca tenemos a Bogart. Aquí tenemos a un canadiense con garras. En Casablanca alguien toca un piano. En Madripur probablemente ese pianista sea un asesino a sueldo. Y también tenemos a señor Joe Fixit (ya sabéis ese señor grandote, gris y con una mala leche considerable). Por eso, la ambientación es uno de los grandes puntos fuertes del conjunto. Madripur funciona como un personaje más, una ciudad con sus propias reglas y una atmósfera que permite a Claremont alejarse de la típica aventura superheroica. El único problema es el formato de Marvel Comics Presents. Las historias aparecen fragmentadas en episodios de ocho páginas, por lo que el guion está obligado a recordarnos constantemente lo ocurrido.

Una vez que entramos en la colección regular, la cosa cambia. Y cambia para bien. Porque aparece John Buscema. Y cuando Buscema aparece, uno se acuerda de por qué los clásicos son clásicos. Su Lobezno es magnífico. No necesita exagerar la musculatura ni convertir cada viñeta en un anuncio de gimnasio. Tiene presencia. Es reconocible. Es feroz. Buscema convierte Madripur en un escenario tangible y hace que las peleas tengan una claridad que hoy agradeceríamos en muchas producciones contemporáneas. Además, el artista parece disfrutar especialmente con el ambiente aventurero. Piratas, espadas, criminales, guerreros, tipos musculosos y escenarios exóticos. Vamos, que si en una viñeta apareciera Conan preguntando dónde estaba su caballo, tampoco nos sorprendería demasiado. Y es que Buscema llevaba Conan en las venas. El resultado es un Lobezno que funciona estupendamente como héroe pulp. Aquí no es simplemente el miembro de los X-Men que entra en una habitación y empieza a repartir cuchilladas. Es un aventurero. Aunque, siendo honestos, sigue entrando en habitaciones y repartiendo cuchilladas.
Entonces llega Peter David. Y probablemente David miró todo aquello y dijo: «Muy bonito, pero vamos a poner vampiros». Y gracias a Dios. Porque La joya Gehenna, el arco de seis números que cierra el volumen, cambia completamente el tono. Tenemos un dios demoníaco, una joya maldita, vampiros, aventuras pulp, acción y humor. Es decir, el cómic pasa de Casablanca a Indiana Jones en aproximadamente una página. Y funciona. Peter David imprime un ritmo mucho más ágil y desenfadado. Donde Claremont puede detenerse a analizar el estado emocional de Logan, David parece preguntarse cuántas cosas pueden explotar antes de que termine el capítulo. Es una bocanada de aire fresco. Y además demuestra que Lobezno puede ser divertido. Esto puede resultar traumático para quienes consideran que Logan debe pasar todo el día mirando al horizonte mientras recuerda a todas las personas que han muerto en su vida. Pero el personaje funciona especialmente bien cuando se permite cierta socarronería. Después de todo, estamos hablando de un tipo que lleva un esqueleto de metal, tiene garras retráctiles, ha vivido varias vidas y probablemente recuerda cada trauma de su existencia. Si no puede hacer un chiste de vez en cuando, ¿qué clase de vida le estamos dando?

El apartado gráfico mantiene un nivel excelente, aunque con una variedad considerable. John Buscema es la gran estrella, pero Klaus Janson, Al Williamson, Bill Sienkiewicz, Gene Colan al cual en el número 9 y es una maravilla aportando un estilo diferente. Y ahí encontramos uno de los atractivos del tomo. No hay una homogeneidad absoluta, pero sí una riqueza visual enorme. Buscema ofrece clasicismo. Colan aporta oscuridad. Sienkiewicz aparece para recordarnos que el dibujo también puede tener pesadillas. Al igual que nos encontramos al color con Glynis Oliver, Mark Chiarello, Mike Rockwitz y Gregory Wright entre todos consiguen que Madripur tenga una identidad muy marcada y siempre recordada.
Aunque salió hace muchísimo tiempo en grapa por parte de Panini Comics, ahora recupera ese material en un OmniGold. Incluye los números Marvel Comics Presents 1-10 y Wolverine 1-16 USA con traducción de Santiago García y Uriel López. Además de una introducción de Raimon Fonseca y multitud de extras como portadas, pin-ups y bocetos de las páginas originales a pequeño tamaño.

Al final, este primer volumen de Marvel Gold de Lobezno es una magnífica muestra del mutante de garras de adamantium de finales de los ochenta. Excesivo, violento, dramático, aventurero, ocasionalmente absurdo y, sobre todo, tremendamente entretenido. Un Lobezno que quería desaparecer de la vida de los X-Men y terminó descubriendo que vivir tranquilamente en Madripur era aproximadamente igual de fácil que intentar dormir en una discoteca. Y todo gracias a un parche. El arma definitiva contra el reconocimiento facial. Marvel, 1988. No necesitábamos máscaras como Tom Cruise. Necesitábamos un parche.
