Marvel Premiere. Ultimate Invasion: historias nuevas con viejos héroes

Antes de que alguien grite «¡otro reinicio del Universo Marvel!», conviene aclarar que este tomo de Marvel Premiere de «Ultimate Invasion» no es un reinicio cualquiera. Es más bien una mudanza organizada por un sociópata superinteligente con complejo de arquitecto cósmico. Jonathan Hickman ha cogido el concepto Ultimate, lo ha metido en una batidora llena de conspiraciones, diagramas imposibles y decisiones editoriales sorprendentemente acertadas y nos ha servido uno de los proyectos más interesantes que Marvel ha publicado en los últimos años. Que sí, sigue habiendo páginas con personajes mirando al horizonte mientras hablan de conceptos abstractos durante tres viñetas seguidas, esto es Hickman, no una comedia romántica.

Lo primero que hace este tebeo es demostrar que el nuevo Universo Ultimate no tiene ninguna intención de vivir de la nostalgia barata. Aquí no estamos regresando a la Tierra-1610 para volver a leer cómo Peter Parker descubre sus poderes o cómo Nick Furia se parece sospechosamente a Samuel L. Jackson. Ese tren ya pasó hace muchos años. Lo que tenemos ahora es la Tierra-6160, un universo construido desde cero por el Hacedor, probablemente el Reed Richards más inquietante que ha pisado las oficinas de Marvel desde que alguien decidió que estirar los brazos era una habilidad superheroica. Y es que el gran protagonista del tomo no es Spiderman, ni Iron Man, ni ninguno de los héroes que vendrán después. Es el Hacedor, un villano que lleva años creciendo silenciosamente hasta convertirse en una de las mejores ideas que ha tenido Marvel en mucho tiempo. Si Doctor Muerte es un monarca megalómano y Thanos un filósofo genocida, el Hacedor es ese compañero de trabajo que ha organizado un Excel con tu vida entera porque está convencido de que sabe mejor que tú lo que te conviene. Da bastante miedo precisamente porque sus planes tienen sentido, desde su perturbada perspectiva, claro.

Su gran idea es sencilla y aterradora a partes iguales: si los superhéroes son un problema, ¿por qué no evitar que existan? Nada de arañas radiactivas, nada de rayos gamma y nada de accidentes científicos. Si puedes viajar en el tiempo y reescribir la historia de un universo entero, ¿por qué no hacerlo bien? El resultado es un planeta aparentemente estable, gobernado desde las sombras por diversas élites que mantienen el control absoluto de la sociedad mientras el resto del mundo vive felizmente ignorante. Lo divertido es que Hickman se lo pasa tan bien construyendo este enorme castillo de naipes que resulta imposible no contagiarse de su entusiasmo. Hay conspiraciones dentro de conspiraciones, personajes que son quienes conocemos, pero no exactamente, secretos que esconden otros secretos y suficientes diagramas como para justificar el gasto anual de tinta de una pequeña imprenta.

Si algo tiene Jonathan Hickman es una capacidad casi sobrenatural para hacerte sentir que estás leyendo algo enorme. Da igual que sean los Cuatro Fantásticos, los mutantes o un universo entero recién estrenado. Hickman siempre escribe como si estuviera colocando las primeras piezas de un dominó que tardará años en caer por completo. El hombre no escribe cómics, diseña planes quinquenales. Eso sí, conviene advertir que Ultimate Invasion no es un cómic particularmente amable con los lectores que busquen una aventura autoconclusiva. Esto es una gran introducción, un gigantesco «espera a ver lo que viene después«. Funciona perfectamente como historia propia, pero su principal objetivo es seducirte para que quieras seguir explorando este nuevo universo. Y vaya si lo consigue.

Uno de los mayores aciertos del guion es jugar constantemente con nuestras expectativas. Todos conocemos a los personajes clásicos de Marvel, pero aquí son versiones deformadas por las decisiones del Hacedor. Howard Stark es Iron Man, Peter Parker jamás fue mordido por una araña y algunas de las sorpresas más jugosas es mejor descubrirlas durante la lectura. Es como entrar en una fiesta de antiguos alumnos donde todo el mundo lleva una máscara distinta y alguien ha cambiado las tarjetas con los nombres.

Gráficamente, Bryan Hitch parece haber decidido que, si va a volver al Universo Ultimate, lo hará recordándonos por qué fue uno de los artistas que definieron aquella primera etapa junto a Mark Bagley. El resultado es espectacular. Sus dobles páginas desprenden grandiosidad, las escenas de acción tienen ese aire cinematográfico que convirtió The Ultimates en una influencia directa para buena parte del Universo Cinematográfico Marvel y cada diseño tecnológico resulta tan exageradamente detallado que uno puede perder varios minutos simplemente observando los fondos. Hay autores que nacieron para dibujar conversaciones en cafeterías y autores que nacieron para mostrar cómo un hombre superinteligente manipula las líneas temporales de un universo entero. Bryan Hitch pertenece claramente al segundo grupo. La tinta de Andrew Currie potencia todavía más ese acabado clásico del mejor Hitch, mientras que Alex Sinclair se encarga de que cada explosión, cada escenario futurista y cada momento épico luzcan exactamente como deberían hacerlo en un evento Marvel que pretende inaugurar un nuevo universo heroico. Por su parte, Stefano Caselli se ocupa del Ultimate Universe One-shot que cierra el volumen y que funciona como un elegante puente hacia las futuras colecciones. Su trabajo posee un enfoque algo diferente al de Hitch, más dinámico y moderno, pero encaja perfectamente con el papel que desempeña dentro del tomo.

Mención especial merece el ritmo narrativo de la miniserie. Son únicamente cuatro números y, sin embargo, Hickman consigue introducir conceptos, personajes, organizaciones secretas y conflictos suficientes como para alimentar varias colecciones durante años. Es un pequeño milagro de planificación que demuestra que, cuando el guionista está inspirado, sigue siendo uno de los mejores arquitectos del cómic americano contemporáneo.

La edición de Panini Cómics mantiene el nivel habitual de la línea Marvel Premiere. El volumen recopila los cuatro números de la miniserie principal junto al Ultimate Universe One-shot, presentados en una cómoda edición rústica de 232 páginas a color. La reproducción gráfica es excelente y se incluyen dos interesantes artículos de Pedro Monje, además de una galería de portadas alternativas realizadas por Ed McGuiness, Russell Dauterman o Ron Lim que siempre se agradece en este tipo de publicaciones.

Al final, «Ultimate Invasion» es exactamente lo que promete su título: una invasión. Solo que no es una invasión alienígena ni dimensional, sino una invasión de ideas. Jonathan Hickman invade el concepto Ultimate, lo reconstruye desde los cimientos y nos recuerda que todavía es posible sorprender a los lectores veteranos de Marvel con versiones nuevas de personajes que llevan décadas acompañándonos. Y sí, probablemente acabarás comprando Ultimate Spider-Man después de leer este tomo. Luego vendrá Ultimates. Más tarde quizá Ultimate Wolverine. No es culpa tuya. Hickman ha diseñado esta pequeña trampa con la misma precisión con la que el Hacedor ha construido su universo perfecto. La diferencia es que una de las dos conspiraciones merece muchísimo la pena.

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