“¿Aún tocan ambos?” Esa fue la pregunta que me lanzó una buena amiga ayer por la mañana mientras desayunábamos. Ni que decir tiene que todo mi orgullo rocker acudió al rescate en la respuesta: “Nunca han dejado de tocar”. Esa situación refleja lo mal que trata este país a las Leyendas del Rock en mayúsculas. A las que, una vez se encumbraron, se les procura ignorar o ningunear, despachándolos cuando se habla de ellos en prensa escrita apelando la nostalgia y a lugares comunes tan manidos como vacíos.

¿Qué pensaría cualquier aficionado a la música en general si viera una crónica de un show de The Rolling Stones y el texto remitiera solo a la nostalgia? Posiblemente le parecería que quien lo hubiera escrito lo habría hecho con piloto automático, confundiendo la exhibición de un repertorio que ya es legado musical del rock internacional con la manoseada palabra que apela a los tiempos pasados. Sin reparar, en muchas ocasiones, que sí, son canciones de diferentes cosechas, pero se reinterpretan rejuvenecidas, como parte de un hilo conductor músico emocional que compone a algo más que una recreación del pasado, pues son presente puro por como son ejecutadas en directo.
Algo de eso me venía a la mente ayer en Fraga en la segunda noche del Dipufest 2026, mientras comenzaban los primeros compases de “Mediterraneo”, el tema con que Carlos Segarra, Miguel Ángel Escorcia, Celso Sierra, Nacho Álvarez y Cuti daban comienzo el show. Un set en el que Los Rebeldes fiaron casi todo a sus clásicos, con la excepción de “Mañana veremos” y “El tren de la vida”, pertenecientes a su último EP “Gente Estridente”.

Leído así, puede parecer un ejercicio de nostalgia. Pero lo que se vio en la Pinada de Fraga estaba en las antípodas de revisitaciones de tiempos pretéritos. “Mía”, “Esa forma de Andar”, “Harley 66”, “Las dos caras de la misma moneda” o, entre otras, “Rebeca”, tenían la frescura del presente. En forma de autenticas lecciones de rock’n roll y swing ejecutadas con notas llenas de vida, con la pasión de lo que respira en cada poro de su piel. Con una rejuvenecida “Inmabelle” en la que Miguel Escorcia cantó con solvencia, supliendo la ausencia de Dani Nel·lo en la cita fragatina.
Así se forjó un show impecable, que tuvo que lidiar con un enemigo mortal (el mal sonido imperante en el recinto) y donde los Rebeldes salieron victoriosos del lance a base de oficio, orgullo y pasión. Oficio, por la maestría en las tablas que despliegan Segarra y compañía. Orgullo, por el excelente estado de forma que tiene la actual formación de Rebeldes. Pasión también, porque solo con pasión se puede interpretar esa colección de ases que desgranaron desde el escenario. Y con eso, más que pasado, lo mostrado en el escenario forma parte de un poderoso presente de un legado musical que se materializa en cada uno de los conciertos de esta gira para deleite del público. De música que se hace “carne” para disfrutarla, para que los pies comiencen a bailar, para que la euforia vaya contagiándote a cada nota y acorde. Auténtico rock´n roll, en definitiva. Vivo, divertido, seductor. Del que deja huella y una sonrisa entre el público. Como así ocurrió en Fraga.

En el mismo sentido se puede englobar la actuación del Loco y la 101 aerotransportada que vino a continuación. Sus “Corazones Legendarios” tomaban el Dipufest como cabezas de cartel y no defraudaron con un set list impecable y compacto. Ya desde “En las calles de Madrid”, con una puesta en escena tan arrebatadora como enérgica, donde cada miembro de la banda va apareciendo en escena hasta culminar con la presencia de la Leyenda por excelencia del Rock Español, hasta el catártico cierre que es “Cadillac Solitario”.
Por el camino, un repertorio bañado de nuevos arreglos para esta gira, donde Josu García ha coordinado una coherencia musical y conceptual que se traduce en un guion emocional donde Igor Paskual, Laurent Castagnet, Alfonso Alcalá, Germán San Martín y Dani Herrero (¡Que bien sienta volver a tener un saxo fijo en las giras del rocker del Clot!) arman los parámetros musicales donde el Loco despliega sus dotes como intérprete. Más actor que cantante, como buen catalizador de emociones. Sabedor del poder del gesto, lo utiliza con maestría (“Creo en mí” o “Rock Suave”) y pone voz a un set list que puede resumir un legado, pero que es rabioso presente por como es ejecutado en las tablas.

Por eso, sin ninguna nostalgia, se pueden afrontar estos cancioneros con frescura. Porque se hacen desde la pasión del presente, con nuevas revisiones y lecturas. Buscando el momento actual en cada momento. Que sea único. Como el que compartió el Loco y su banda con Carlos Segarra cuando el rocker de Sants salió a interpretar con ellos “Feo Fuerte y Formal”, algo ya directamente memorable para muchos de quienes lo presenciamos.

Aún tocan. Si. Por suerte para quienes gustamos del buen rock´n roll. Y no desde la nostalgia, sino desde la exhibición de poderío que da el magisterio del oficio que ambas formaciones tienen. El dominio del tempo, de las tablas en directo. Y con la fuerza de quien es sabedor de que cada interpretación es única, alejada de rutinas. Siendo, en definitiva, presente puro. Por eso “Mi Generación” y “Mescalina” fueron una sendas catarsis y “Quiero ser una estrella” mantiene la frescura de lo inmortal. También por eso volvió a ondear la “Jolly Roger” con “Los Buscadores” y tener la suerte de ver al Loco cantar nuevamente “Rock’n Roll Star”, “Línea Clara” o, entre otras, “Carne para Linda”. Por suerte, como digo, siguen tocando. Y que sea por muchos años que nos sigan llevando Rebeldes y Loquillo “donde está la acción” con sus canciones.
