1629… o la horrible historia de los naufragos del Yakarta 1. El boticario del diablo. Lo perturbador del averno

Ninguno de los tripulantes del Batavia imaginaba aquel 2 de octubre de 1628 lo que el destino iba a depararles. No en ese momento, cuando uno de los buques insignia de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, comenzaba su expedición. Cierto es que por aquel entonces se estima que el dos por ciento de los barcos no llegaba a su destino y el 5 no volvía a su punto de origen, pero los 50 metros de eslora y la capacidad de portar 1.200 toneladas en sus adentros hacía del Batavia una de las mejores naves para embarcarse allende los mares.

Sin embargo, naufragó durante la madrugada entre el 3 y el 4 de junio de 1629 en el archipiélago de Abrolhos, al oeste de Australia. Aun con eso, la pesadilla no acabó con el accidente, sino que se había gestado previamente a bordo y llegó a su punto máximo tras llegar los supervivientes a tierra firme, demostrando que la oscuridad del alma humana no conoce límites ni moral alguna. Eso es lo que nos espera en “1629… o la horrible historia de los náufragos del Yakarta” ( “1629… ou l’effrayante histoire des naufragés du Jakarta”), obra de Xavier Dorison, Thimothée Montaigne, Clara Tessier y Mathilde D’Alençon, cuya primera entrega “El boticario del diablo”, (“ L’Apothicaire du diable”) acaba de estrenar Norma en castellano con traducción de Diego de los Santos.

Basado en los sucesos reales, Xavier Dorison (“El Castillo de los Animales”, “Undertaker” o, entre otras, “Long John Silver”) ha compuesto un autentico viaje al averno que supuso este suceso para muchos de los tripulantes del Batavia, llamado en el cómic “Yakarta”. Un viaje a lo más siniestro del alma y a lo que provocan sus acciones y delirios. Como base, los hecho que ocurrieron, en los que se sustenta todo este relato que no deja indiferente, por la verdad que subyace en los ambientes inmisericordes descritos. Los que se dan (o podrían darse) a bordo de una de esas expediciones comerciales del siglo XVII, donde la línea entre poderosos y miserables estaba marcada al fuego de la crueldad. La de la época, descrita sin miramientos ni anestesias en este relato.

Esa es la principal fortaleza del tebeo. La otra es evidente nada más abrir el volumen: el arte de  Thimothée Montaigne que sumerge y embriaga al lector a partes iguales en cada página del cómic. Con máximo detalle en cuanto a ambientación, Montaigne es capaz de narrar gráficamente de forma precisa con su lápiz y tinta, dando el ritmo que demanda lo contado en todo momento, pero sin renunciar a ningún detalle que nos sumerja en la época y lugar donde se desarrolla el relato. Hecho difícil, pues consigue que ambos efectos no entren en conflicto en unas páginas ágiles en cuanto a ritmo narrativo y, a la vez, ricas en detalles y matices que, lejos de despistar el argumento, lo enriquecen. Sirvan de ejemplo muchas de las splash pages que esperan en la historia, o algunos primeros planos en viñetas que son una delicia, mientras la historia, lejos de pararse, continua navegando con pulso firme al timón.

Junto a Montaigne, el color de  Clara Tessier y las bases realizadas por Mathilde D’Alençon hacen que olamos el salitre del mar abierto en cada página. Que percibamos la podredumbre que convive con la tripulación rasa mientras contemplamos los privilegios de los mandos. Tan latente como la línea que separa en cubierta la proa de los humildes y la popa de los poderosos.

Así se ha construido el timón firme de este relato, que se ha materializado en un volumen en el que cada detalle cuenta. Desde el relieve que encontramos en la cubierta hasta el marcador de cuerda que remite a los libros antiguos. Así como el detalle de los mapas de época, el plano del barco, en perfecta armonía entre continente y contenido, gracias al cuidado diseño de interiores de Anne-Cécile Pionnier.

Todo lo expuesto, al igual que las acertadas dimensiones del cómic (24,50 por 33,20) hacen de «1629… o la horrible historia de los naufragos del Yakarta«, un lugar ideal para fondear en la historia que espera en sus adentros. Tan espectacular como siniestra, tan horrible como humana. De las que dejan huella mientras se mira al horizonte con el deseo de que su continuación amarre pronto en las librerías españolas.    

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