Biblioteca Marvel Namor El Hombre Submarino 6: golpes y traiciones entre amigos

Hay días en los que uno se levanta con ganas de leer algo profundo, que le remueva por dentro, que le haga replantearse su lugar en el universo. Luego están los días en los que te apetece ver a un señor en bañador verde gritándole a medio océano mientras reparte guantazos con la elegancia de un noble y la paciencia de un loco del futbol después de un partido en el Bernabeu (o el campo de futbol que elijáis). Si hoy estás en ese segundo grupo (y si no, deberías planteártelo), esta sexta Biblioteca Marvel de Namor, el Hombre Submarino es exactamente lo que tu alma necesitaba sin saberlo. Porque sí, este tomo es básicamente eso: Namor enfadado. Muy enfadado. Permanentemente enfadado. Tan enfadado que, si le quitas el enfado, te quedas con un tipo flotando sin rumbo. Y es maravilloso.

Publica Panini Cómics este sexto volumen de la colección, que recopila los números 9 al 14 de Sub-Mariner en pleno 1969, cuando los cómics no tenían ningún problema en ser excesivos, melodramáticos y, en ocasiones, gloriosamente absurdos. Y menos mal. Porque aquí la lógica se toma vacaciones bastante pronto y lo que queda es un festival de aventuras submarinas con sabor a pulp, a novela de quiosco y a serie B de las buenas.

El responsable de semejante desfile de locuras controladas es Roy Thomas, que en este punto de su carrera ya estaba empezando a afilar las armas que luego le convertirían en una figura clave del cómic de los años 70. Y se nota. Se nota en la ambición de la historia, en la forma de encadenar conflictos y, sobre todo, en esa capacidad para mezclar géneros sin despeinarse: superhéroes, fantasía heroica, aventuras clásicas… todo cabe aquí. De hecho, si uno lee este tomo con cierta mala idea (o con mucha), es imposible no pensar que Namor es básicamente la versión submarina de Conan el Bárbaro. Mismo temperamento volcánico, mismo orgullo a prueba de bombas y misma tendencia a resolver conflictos mediante el noble arte del puñetazo limpio. La diferencia principal es que Conan se enfrenta a hechiceros y monstruos en tierra firme, mientras que Namor lo hace bajo el agua. Lo cual, por algún motivo, hace que todo sea un poco más dramático. Quizá porque gritar bajo el agua siempre parece más intenso.

El gran motor de este volumen es la aparición de la Corona Serpiente, un artefacto con tanto poder que básicamente garantiza que todo el mundo va a comportarse como si hubiera olvidado tomar su medicación. Y claro, eso en un reino submarino lleno de egos, traiciones y ambiciones desmedidas solo puede acabar de una manera: mal. Muy mal. Pero entretenidísimo. A partir de ahí, Roy Thomas se lanza a construir una saga que es un auténtico no parar. Aquí no hay descanso posible. Cada número añade una nueva capa de conflicto, un nuevo giro, un nuevo personaje dispuesto a complicarlo todo aún más. Es como si el guionista hubiera decidido que la mejor manera de mantener la atención del lector era no dejarle respirar ni un segundo. Y, sorprendentemente, funciona.

Uno de los grandes aciertos del tomo es que la mayor parte de la acción transcurre en el entorno natural de Namor: el océano. Y no como simple escenario, sino como un mundo vivo, lleno de criaturas, civilizaciones y peligros propios.  Además, hay pequeños guiños a la etapa más antigua de Marvel, con la aparición de criaturas que parecen sacadas de los cómics de monstruos de los años 40 y 50.  Cuando la gran saga de la Corona Serpiente llega a su fin (tras dejar un buen número de peleas, traiciones y momentos de tensión por el camino), el tomo todavía tiene tiempo para un último golpe de efecto: un enfrentamiento entre Namor y la Antorcha Humana (la original, no la de los 4F). Un clásico de esos de “amigos que se pegan porque alguien ha movido los hilos desde las sombras”. Previsible, sí. Divertido, también.

En el apartado gráfico, el tomo presenta un relevo importante. La salida de John Buscema podría haber sido un problema, pero la llegada de Marie Severin y Gene Colan mantiene el nivel con bastante solvencia. Severin se encarga de buena parte del volumen y lo hace con un dibujo efectivo y muy imaginativo. Sus diseños funcionan especialmente bien en este entorno submarino, donde puede jugar con formas, criaturas y escenarios de manera casi ilimitada. Colan, por su parte, aporta su estilo más dinámico, creando un contraste interesante que enriquece el conjunto. No es un cambio que pase desapercibido, pero tampoco resulta traumático. Al contrario, aporta variedad y demuestra que la serie podía mantenerse en buena forma incluso sin uno de sus artistas más reconocidos.

En cuanto a la edición, sigue la línea habitual de la colección. Traducción de Santiago García, Víctor Rubio y Juanan Cruz, formato manejable y una buena cantidad de extras que incluyen correos de lectores, material adicional y textos como la introducción de David Aliaga que ayudan a contextualizar la obra y situarnos en el momento de su creación.

Llegados a este punto, la gran pregunta es: ¿es este tomo imprescindible? Pues depende de lo que busques. Si quieres una obra que revolucione el medio, probablemente no. Si buscas una historia profunda y trascendental, tampoco. Pero si lo que te apetece es una aventura llena de acción, con personajes carismáticos y un ritmo que no da tregua, entonces la respuesta es un rotundo sí. Porque este sexto número de la Biblioteca Marvel: Namor, el Hombre Submarino no pretende ser más de lo que es. Y eso, en cierto modo, es parte de su encanto. Es un cómic que sabe perfectamente lo que quiere ofrecer y que se entrega a ello sin complejos: entretenimiento puro y duro, con un toque de épica, una pizca de locura y mucho, mucho carácter. Y al final, cuando cierras el tomo, te das cuenta de algo curioso: no has aprendido ninguna gran lección sobre la vida, no has descubierto una verdad universal… pero te lo has pasado en grande viendo a un tipo con alitas en los tobillos perder los nervios una y otra vez. Y, sinceramente, ¿no es eso lo que a veces necesitamos?

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