Hablar de un nuevo comienzo para los Vengadores siempre tiene algo de ceremonia, de momento casi litúrgico dentro del cómic de superhéroes. No es solo otra serie que arranca, no es simplemente un cambio de equipo creativo. Es, en cierto modo, volver a encender una hoguera que lleva décadas ardiendo. Y claro, cuando vienes de una etapa tan larga, tan excesiva y tan discutida como la de Jason Aaron, la pregunta no es solo qué vas a contar, sino cómo vas a lograr que el lector vuelva a creer. En ese terreno complicado entra Jed MacKay con este primer tomo de Marvel Premiere de Los Vengadores, y lo hace sin aspavientos, pero con una seguridad que, poco a poco, se va ganando al lector.

Lo primero que sorprende aquí es el tono. No hay una necesidad desesperada de impresionar en cada página, ni de reventar el tablero en el primer número. MacKay no llega como un revolucionario, sino como un arquitecto. Su propuesta no es destruir lo anterior, sino reconstruir lo esencial: qué significa ser un Vengador, por qué existe el grupo y cuál es su lugar en el universo Marvel. Y aunque esto pueda sonar menos espectacular que lanzar dioses primigenios o multiversos colapsando, la realidad es que resulta mucho más refrescante de lo que parece.
El volumen arranca con el numero de Timeless 2023, una pieza que funciona como antesala y declaración de intenciones. Aquí nos encontramos con Kang, ese villano que siempre ha sido más idea que personaje, convertido en una figura casi trágica. MacKay lo retrata como alguien obsesionado con un instante en el tiempo que no puede alcanzar, una especie de grieta en su dominio absoluto de la historia. Y ese detalle, aparentemente pequeño, es clave: incluso el amo del tiempo tiene límites. Incluso él puede fallar. Este Kang no es solo el conquistador grandilocuente de siempre, sino también un personaje con matices, con dudas, con una vulnerabilidad que lo hace más interesante. Y en medio de todo esto aparece Myrddin y su Corte Crepuscular, añadiendo misterio y dejando caer una lluvia constante de visiones del futuro, profecías crípticas y promesas de eventos que todavía están por llegar. Es un inicio que no busca resolver, sino sugerir. No pretende darte respuestas, sino invitarte a seguir leyendo.
Cuando la serie principal arranca, lo hace con una estructura muy clara. Reunir al equipo, definirlo y enfrentarlo a su primer gran desafío. Puede parecer una fórmula clásica, pero está ejecutada con un pulso muy firme. Porque aquí no se trata solo de juntar personajes poderosos, sino de entender por qué están juntos. La alineación elegida es, en ese sentido, uno de los grandes aciertos del tomo: Capitana Marvel como líder, acompañada por Iron Man, Thor, Pantera Negra, Visión, Bruja Escarlata y Sam Wilson como Capitán América. Sobre el papel, es un equipo de pesos pesados, pero lo interesante no es su poder, sino sus relaciones. No es un grupo cómodo. No es una familia. Es, más bien, una coalición necesaria.

Carol Danvers como líder funciona especialmente bien. No solo por su capacidad, sino por la forma en que MacKay la escribe. Segura, pragmática, consciente de las tensiones internas del grupo y dispuesta a manejarlas aunque eso implique tomar decisiones incómodas. Su relación con Tony Stark, marcada por los eventos de Civil War II, es uno de los ejes más interesantes del tomo. Hay desconfianza, hay historia, pero también una necesidad mutua que obliga a ambos a colaborar. Lo mismo ocurre con la relación entre T’Challa y Sam Wilson, donde las diferencias ideológicas y personales generan una fricción constante. No se caen bien, no confían el uno en el otro, y eso añade un realismo que se agradece. Porque estos personajes no son simplemente iconos: son individuos con pasado, con heridas, con opiniones. La Visión y la Bruja Escarlata aportan otra dimensión, más emocional, más íntima. Su historia compartida está siempre presente, incluso cuando no se menciona directamente, y queda la sensación de que MacKay está dejando la puerta abierta a explorar esa relación en el futuro. Y luego está Thor, que sigue moviéndose en su propia órbita. No es que esté desconectado del grupo, pero sí tiene esa cualidad casi mítica que lo convierte en algo diferente. Es un recordatorio constante de la escala en la que se mueve esta serie.
Uno de los aspectos más interesantes del enfoque de MacKay es cómo redefine la misión de los Vengadores. Aquí no están simplemente para derrotar amenazas, sino para salvar vidas. Puede parecer un matiz menor, pero cambia completamente la percepción del grupo. No son solo combatientes, son rescatadores, protectores, primeros en responder ante lo imposible. Esto se ve claramente en el primer enfrentamiento contra Terminus, un villano clásico que aquí sirve como prueba de fuego para el equipo. La batalla es espectacular, sí, pero también está llena de pequeños momentos que ayudan a definir a los personajes, sus roles y sus dinámicas. No todo es acción: hay estrategia, hay dudas, hay errores.

A partir de ahí, el tomo se adentra en el arco de la Ciudad Imposible, que funciona como el primer gran misterio de la etapa. Aquí es donde MacKay empieza a desplegar su juego a largo plazo. La introducción de la Fusión Cenicienta como grupo antagonista añade un toque de extrañeza, con conceptos que rozan lo abstracto y una estética que recuerda a propuestas más ambiciosas dentro de Marvel. Las batallas son grandes, ruidosas, llenas de energía, pero nunca se sienten vacías. Siempre hay algo más en juego, ya sea una revelación, una interacción entre personajes o una pista sobre lo que está por venir. MacKay demuestra aquí una buena capacidad para equilibrar espectáculo y desarrollo, algo que no siempre es fácil en este tipo de series. Eso sí, conviene tener claro que este primer tomo es, sobre todo, una introducción. No hay grandes resoluciones, ni giros que lo cambien todo. Lo que hay es construcción. Colocar piezas, definir reglas, establecer el tono. Y en ese sentido, funciona mucho mejor leído del tirón que en grapa, donde cada número podía dejar una sensación de avance mínimo.
En el aspecto gráfico, el trabajo es sólido, aunque algo irregular debido a la presencia de varios dibujantes. C. F. Villa destaca como el principal referente del tomo, con un estilo dinámico, limpio y muy orientado al espectáculo. Sus escenas de acción tienen fuerza y claridad, aunque en los momentos más calmados puede perder algo de expresividad. Ivan Fiorelli toma el relevo en parte del volumen y cumple con solvencia, aunque el cambio de estilo se nota. No es un problema grave, pero sí afecta a la cohesión de la obra. Aun así, ambos artistas consiguen mantener un nivel más que digno, apoyados por el color de Federico Blee y Frank D’Armata, que aporta uniformidad y una paleta vibrante muy acorde con el tono de la serie. Además, tenemos a Greg Land, Jay Leisten, Patch Zircher y Salvador Larroca en el one-shot de Timeless consiguiendo que esa variedad artística pueda llega a saturar un poco.

La edición de Panini Comics, por su parte, es la habitual en la línea Marvel Premiere: formato rústica, buen papel, traducción de Uriel López. Además de una introducción de Raúl López y multitud de portadas alternativas dibujadas por Terry Dodson, Carmen Carnero o Aaron Kuder entre otros. También me gustaría destacar que los personajes de la Corte Crepuscular están diseñados por el gran Daniel Acuña. Pero más allá de lo técnico, lo que realmente importa es la sensación que deja este primer volumen. Esa sensación es, sorprendentemente, de calma. De estar ante una serie que no necesita gritar para hacerse oír. Que confía en sus personajes, en su ritmo, en su capacidad para construir algo a largo plazo. Este primer Marvel Premiere de Los Vengadores de Jed MacKay apuesta por algo diferente: la paciencia. Y eso, lejos de ser un defecto, es precisamente su mayor virtud. Puede que no estemos ante una etapa destinada a redefinir la historia del cómic de superhéroes. Puede que no haya aquí momentos que vayan a ser recordados durante décadas. Pero sí hay algo igual de importante: una base sólida, un equipo bien construido y una dirección clara. Y a veces, después de tanto ruido, eso es exactamente lo que necesitaban los Vengadores: alguien que vuelva a recordarles quiénes son… y por qué importan.
