
Hace tiempo se respondía a la pregunta de “¿Qué hacen un montón de abogados en el fondo del mar?” indicando que “un buen comienzo.” Esta afirmación, no exenta de mala leche, reflejaba que no siempre el afán de pleitear de muchos letrados bien pudiera complicar la vida a sus representados. Algo parecido se aplica a día de hoy a toda esa legión de gurús de la autoestima que pululan por el mundo virtual con sus mantras de que “para lograr algo solo tienes que desearlo muy fuerte”, “el poder está en tu mente” y demás eslóganes que a la larga pueden provocar más mal que bien en muchos de los incautos que los escuchen.
Esa suerte de pensamiento positivo deformado hecha carne se pasea por nuestras sociedades con la impunidad que solo creen tener los que tienen en su cara un material mucho más duro que el diamante. Antes lo hacían, cuan charlatanes de feria, en reuniones y conferencias en las que “motivaban” al personal. Ahora, con internet al alcance de cualquiera, tienen a todos los incautos del mundo que quieran escucharles. Así no es de extrañar que, en diversas redes sociales, aparezcan estos tipos indicándote como mejorar aspectos de tu vida a través de pensamiento positivo y, de forma retorcida, culpar al incauto espectador de que “si no tiene éxito, es porque no lo desea lo suficiente”, trasladándole la responsabilidad de todas las circunstancias que le rodean al sujeto en sí.

¿Quién no ha pensado en mandar al infierno a este tipo de cantamañanas? Eso, suponemos, es lo que pensaron Diego Agrimbau y Gabriel Ippóliti para alumbrar “Bienvenidos a Pandemonia” («Bienvenue à Pandemonia«). Un tebeo que nos cuenta el descenso a los infiernos de un gurú de la autoayuda tras su muerte. Este no es otro que Uriaki Posta, un coach de desarrollo personal que ha vivido del prójimo toda su vida. Eso si, con la conciencia tranquila y “un enfoque positivo” ante los problemas, porque. como todo buen narcisista, tiene la sensación de estar siempre en el lado correcto.
Así comienza esta delirante sátira en viñetas, camino a un infierno que es una suerte de retorcida metáfora de muchos de los males de las sociedades avanzadas actuales. Descrito por el arte de Ippóliti como una amalgama de muchas de las más célebres urbes, en sus calles y edificios podemos encontrarnos problemas típicos de la burocracia actual, conflictos laborales, vicios y envidias. Las virtudes están, precisamente, en como es plasmado todo esto y como se desenvuelve el nuevo inquilino del infierno provocando, por contraste, situaciones tan cómicas como ingeniosas.

En sus páginas nos encontramos con un Diego Agrimbau (“Cieloalto” o, entre otros, “Desierto de Metal”) en plena forma, que compone una ácida sátira que despierta más de una carcajada. A su lado, Gabriel Ippoliti nos presenta un infierno sublime, entre los conceptos clásicos y muchos de los males de nuestro mundo actual. Con un dibujo que atrapa por personal. Y unos colores que bañan y refuerzan cada una de las escalas de este viaje. Uno poblado por unos personajes excelentemente perfilados, tanto en lo conceptual como en lo gráfico, pues Ippoliti les dota de una personalidad y expresividad que, sin duda, afila cada momento y pasaje de la trama.

Un viaje que pronto dará comienzo, pues este tebeo se estrena en España de la mano de Grafito este mes, tras haber visto la luz en el mercado franco belga con Dargaud. Para la ocasión, la editorial valenciana ha preparado una jugosa campaña de preventa con extras. En breve estará en las tiendas esta deliciosa sátira, en un volumen en rústica de 80 páginas cuyo epílogo firma Beatriz Cuervo Prieto, psicóloga sanitaria, con un texto que aborda el narcisismo desde una perspectiva psicológica. Un buen broche, sin duda, para esta fantasía donde un narcisista acaba en los infiernos. Un viaje a todas luces que merece la pena hacer. Por todo eso, reserven pasaje para “Bienvenidos a Pandemonia”.
