Las Águilas de Roma I: efectivo péplum en viñetas

Desde que en 1962 Jacques Siclier acuñara la palabra “péplum” para designar a las películas ambientadas en la época romana o grecorromana, (fundamentalmente de manufactura italiana y bajo presupuesto, que seguían la estela de grandes producciones de Hollywood como “Ben-Hur”, “Quo Vadis” o “Cleopatra”) el término ha conocido una expansión semántica notable, pues en la actualidad se usa para referirnos a cualquier relato “de romanos”. Y no solo en la gran o pequeña pantalla, también se utiliza de forma común en cualquier otro medio de expresión artística, como pueda ser el cómic.

Dentro de nuestro querido noveno arte, el péplum también ha dejado huella, con obras notables como “Alix” de Jacques Martin, “Vae Victis!”, de Jean-Yves Mitton y Simon Roca, “Murena”, de Jean Dufaux y Philippe Delaby, “Gloria Victis”, de Juanra Fernández y Mateo Guerrero o, entre otras, “La Expedición”, de Richard Marazano y Marcelo Frusin. Con su mezcla de épica e intrigas, suelen ser relatos donde el contexto histórico es determinante para la ficción épica que desarrollan, bien asentada en la época en la que suceden los hechos. En terrenos colintantes, y con más dosis de humor e ingenio que de épica, se podría citar a nuestro querido “Astérix” de Uderzo y Goscinny.

Es pues un subgénero que, si bien, ha encontrado más arraigo en el mercado europeo que en el norteamericano (con notables excepciones como el “Britannia” de Peter Milligan y Juan José Ryp), ha dejado buenas semillas para quien guste de aventuras históricas. En el caso español, también podemos encontrar huellas de este género que aprovecha las posibilidades que brinda el rico contexto histórico de la antigüedad, como el ya olvidado “El Coloso”, de Juan Antonio de la Iglesia y Manuel López Blanco, o «el célebre inmortal “»El Jabato”, de Víctor Mora y Francisco Darnís, que aunque compartiera muchos conceptos y elementos con otro personaje clásico del tebeo español, “El Capitán Trueno” (también creado por Mora, en esta ocasión junto al gran Miguel Ambrosio Ambros), conquisto su espacio por derecho propio cuando apareció en los quioscos españoles de la segunda mitad del siglo XX. Situándonos ya en la actualidad, siguen apareciendo obras españolas e internacionales, que bien pudieran englobarse bajo este epígrafe, como, por citar solo algunas, “Roma Derrotada”, de Hernán Ruiz, Alberto Gonzalo y Juanfer Briones o “Viriato”, de Miguel Ángel Gómez Andrea “Gol”, Pedro Camello y Lola Aragón.

Hecha la contextualización, hemos dejado un título para el final, que no es otro que el de una saga en viñetas que, en las últimas décadas, ha conquistado un lugar destacado en la Bande Dessiné franco belga: “Las Águilas de Roma” (“Les Aigles de Roma”), de Enrico Marini. Una serie que, a lo largo de los años, se ha convertido en una de las referencias más destacadas en cuanto al péplum en viñetas que se realiza en el viejo contintente. Mérito sin duda de su autor, Enrico Marini (Noir Burlesque”, «Rapaces«, “El Escorpión”, “Gipsy” o, entre otras, Batman: El Príncipe Oscuro), que con esta obra se estrenó con solvencia como autor completo.

Fue allá por el 2007 cuando comenzó esta saga, con el primer álbum editado en el mercado franco belga por Dargaud. Un año después, Norma traería la saga a este lado de los pirineos con traducción de Toni Guiral. Desde entonces, este título siempre ha sido una constante referencia en cuanto a “tebeos de romanos” estos últimos años. No es para menos, pues a partir de la hábil combinación de drama con un hecho histórico Marini ha compuesto un saga tan sólida como sus años de vida editorial. Una que puede que llegase en un primer momento sin hacer mucho ruido pero que, sin duda, lo hizo para quedarse. Prueba de ello es que la octava entrega de la saga se acaba de estrenar en castellano por parte de Norma. Un tebeo al que también dedicaremos la atención que merece, no sin antes recorrer las siete entregas que le preceden en el ciclo que hoy inauguramos.

Por lo pronto, hoy centraremos el foco en aquel primer álbum que ya lleva cinco ediciones en castellano de la mano de Norma. Es en ese cómic donde comienza esta saga. Ambientado en una época que el Roma era la potencia hegemónica de Europa, el siglo I antes de Cristo. En los bosques de Germania, donde Roma se enfrenta a los bárbaros, la victoria de Druso el mayor sobre los Queruscos obliga a Sigmar, su líder, a entregar a su hijo Arminio como rehén para ser educado como romano.

En la Ciudad Eterna, Arminio quedará bajo la tutela de Tito Valerio Falco, que lo acogerá en su casa. Allí conocerá a Marco, el hijo de Falco, y con el que forjaran una amistad cimentada en los lazos establecidos por una hermandad de sangre entre los dos muchachos. A partir de ahí comienzan a desplegar sus alas “Las Águilas de Roma” en este primer álbum. Uno que sirve como primera toma de contacto con contexto y personajes. Donde Marini comienza esta saga de violencia, intrigas y sexo. De forma sencilla, sin excesos narrativos, toma forma un guion lleno de oficio, bien documentado en lo histórico compensado en cuanto a ritmo y golpes de efecto. Sin artificios, pero con la voluntad de ir dejando semillas que luego germinarán en entregas posteriores. Sobre todo, en el sentido de caracterización de los dos personajes principales, muy bien definidos en cuanto a sus rasgos psicológicos. Aquí podemos ver esa gestación. Sencilla pero lograda, ya que es efectivamente funcional para lo que se quiere contar. Un pequeño paso, pero determinante y esencial para componer algo que se torne consistente en su evolución.

Ese es el germen que se siembra en esta primera entrega. Uno que obviamente queda amplificado por el inmenso arte de Marini, que saca el máximo partido a su guion en páginas que no solo cautivan, sino que fascinan. Por la combinación de efectividad narrativa y belleza plástica. Por la capacidad para transportar a la Roma clásica a cualquiera que se asome al cómic. Seduciendo, en definitiva, a cada viñeta, gesto y encuadre.

Es pues “Las Águilas de Roma. Libro I” una primera toma de contacto en un contexto de iniciación. El de los dos personajes principales, que comienzan su vida adulta a la vez que la adolescencia les impregna de hormonas y orgullo. Son los años seminales y causa de lo que vendrá después. Donde la amistad se forja, pero también los recelos fraternales. Con esos mimbres, que pudieron parecer sencillos, se forjó uno de los péplums en viñetas más notables de los últimos veinte años en Europa. Sin más finalidad que entretener desde la excelencia plástica, pero con la cualidad de contar un relato donde se cuida tanto el oficio como la documentación. Espectacular en lo gráfico y efectivo en lo argumental, este fue el comienzo del vuelo de “Las Águilas de Roma”.

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