Santuario de Buitres: La vigencia de Robert E Howard cuando cae en buenas manos

Ya solo por haber creado a Conan, Solomon Kane y Kull, Robert Ervin Howard (22 de enero de 1906-11 de junio de 1936) merece un lugar destacado en la ficción literaria del siglo XX. Pero la lista no acaba ahí: muchos más arquetipos de héroes aguerridos en territorios de frontera salieron de los textos que escribió: El Borak, Dark Agnes de Chastillon, Bran Mak Morn, Kirby O’Donnell, Steve Harrison y, entre otros, una primeriza Red Sonya. Esta última adaptada posteriormente por Roy Thomas y Barry Windsor Smith en la diablesa de la espada que ha hecho historia en los cómics.

Denostado por la crítica literaria durante largo tiempo, sus relatos “pulp”, han resistido la fuerza del paso del tiempo con una mejor salud que muchas de las novelas consideradas notables en su momento. Signo de que la aventura que entrañan sus textos se mantiene  inmaculada, con esos escenarios de frontera , ya sean ambientados en terrenos fantásticos (la edad hybóera o terrenos más propios de la ciencia ficción de comienzos del siglo XX) o más históricos, como bien pudiera ser la Francia del siglo XVI (en el caso del Dark Agnes), los comienzos del siglo XVII (Solomon Kane),  la invasión romana a las islas británicas ( Bran Mak Morn),  o canónicos de otros géneros como el noir (Steve Harrison), las aventuras en tierras exóticas  tan propias de la época del colonialismo (El Borak o Kirby O’ Donell) o el Western.

Precisamente en el género de frontera por antonomasia nos detenemos, pues el tebeo que hoy nos ocupa adapta un relato del oeste de Howard. Nos referimos a “Santuario de Buitres” (“‘Vultures’ Sanctuary’”),  cuya adaptación al cómic han llevado a cabo Ángel García Nieto y Benito Gallego, que vio la luz el pasado 2025 de la mano de Cartem.

Publicado originalmente después de que falleciera Howard en “Argosy Volume 269”, con fecha de edición noviembre de 1936, fue una de esos relatos que se guardaban como material adicional para cubrir posibles huecos en los magacines de relatos que llevaba idea de revivir el editor John F. Byrne. Sin embargo, esto no ocurrió. De hecho, en enero de 1936 el propio Byrne, se disculpó por carta con Howard por tener el relato en “la recamara” durante un largo tiempo. El mismo Byrne expresaba en su carta los puntos fuertes del relato (“  This is a well told, well motivated yarn”).

En ella nos encontramos con el típico héroe arquetipo de Howard: un varón fornido y rudo, con un gran y elevado sentido de la justicia por mucho que sea un buscavidas. Podría valer esta definición para Conan, pero es Bill McClanahan, “Gran Mac” («Big Mac«). El cual se verá envuelto, en Capitán, pueblo sin ley, a socorrer a un viejo granjero y su joven y hermosa hija de las garras de unos forajidos.

Como se puede suponer, en el relato están todos los ingredientes de manual del género. No por nada, el Western en los años ´30 del siglo XX estaba en su apogeo, tanto en el cine como en los cómics y los pulps. Howard los utiliza de forma hábil y directa para construir un relato directo que apela al instinto y las vísceras.

Puede ser “Santuario de Buitres” un relato menor de Howard. No obstante, atrapa en cada línea mientras la tensión y el peligro aumentan. Conservando, más de noventa años después de cuando fue escrito, toda su fuerza.  No hay que olvidar que en enero de 1936 Byrne se disculpó por carta con “Bob Dos Pistolas” – ese era el apodo que le puso Lovecraft al escritor tejano – por no haberlo publicado todavía.

Esa fuerza narrativa, tan básica y a la vez tan efectiva, es la que han sabido mantener en la adaptación al cómic Ángel García Nieto y Benito Gallego.  En primer lugar, mediante el guion de García Nieto («Conan de Cimmeria«) que va  a la esencia, dejando lo primordial del relato con un tono y ritmo que aumenta la tensión e interés de lo contado. Seco como un buen western, del que se sirven de todos los tópicos del género, en sus páginas en ocasiones parece oírse a Ennio Morricone. Señal del oficio con que se ha encarado esta adaptación.

En lo gráfico, Benito Gallego (“Tarzán”, “Lord of the Jungle” o, “Apama”) , saca su lado más Buscema. Y con el influjo de “Big John” compone paginas de poses imposibles, pero que funcionan dentro del relato, llenas de acción. Con un héroe que nos remite, por su corpulencia y rostro, al bárbaro que vino de cimmeria a pisotear con sus sandalias los enjoyados tronos de la tierra. Visto en conjunto, su “Gran Mac” funciona, tanto por la tensión que transpira en las escenas que no son de acción como por la vitalidad que desprende en las viñetas donde los golpes y las armas hablan.

Los detalles importan. Y en este tebeo eso se nota tanto en el imponente formato de álbum y sus dimensiones (29 por 21 cm) como en el cuidado diseño que ha realizado para la ocasión El Torres de las portadas del mismo. Lo digo en plural porque, si bien la edición ha visto la luz solo con la portada en la que vemos a Gran Mac entrar en un desfiladero, en su interior, están el resto encuadradas a modo de portadas de una hipotética serie de grapas. Detalle que, sin duda, suma y aporta mayor savoir faire al tebeo.

Queda así definido el conjunto con unas páginas vigorosas, que apelan al polvo del desierto y a la épica de frontera. Que puede que no sean perfectas, pero si son ideales para lo que cuentan y transmiten, maridadas ejemplarmente con el guion de Ángel García Nieto, te meten de lleno en el “Santuario de Buitres”. Recordando, una vez más, lo vigente que está el Pulp y Robert Ervin Howard en el entretenimiento popular de aventuras. Como muestra, esta efectiva adaptación de un relato aparentemente menor, que tiene todos los tópicos en su recorrido, pero deja con un estupendo sabor de boca. El que dejan, en definitiva, las aventuras inmortales.

Posiblemente a Howard nunca lo incluirá la crítica literaria como un autor destacado del siglo XX. Ellos se lo pierden. Sus relatos siguen transmitiendo el sentido de la aventura, lo exótico y el peligro a quien se acerque a ellos. Ya sea por vez primera o como una recurrente cita. Sus aventuras siguen viviendo en nuevas lecturas, ya sea de forma original o de solventes adaptaciones como este “Santuario de Buitres” que conviene visitar y degustarlo como la golosina pulp en viñetas que es, con sabor a far west y mucho oficio en sus páginas.

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