
Las tres “D”: diamantes, diplomacia y dispersión. Son las que componen la trilogía de “Katanga”, de Fabien Nury, Sylvain Vallée y Jean Bastide, que vuelven en un integral recién estrenado por Norma Editorial. Una serie que ya sacudió a quien la leyó cuando fue publicada por separado en nuestro país entre 2018 y 2019 y que forma parte de esos títulos que han conquistado la eternidad. Las razones de ello radican en los territorios que explora: la parte más oscura del alma, la que está bañada de mezquindad, egoísmo, crueldad y rapiña.
Después de la celebrada “Érase una vez en Francia”, Nury y Vallé nos llevaron a otra época histórica y traumática a la vez: la del Congo postcolonial, donde oportunistas, buscavidas, políticos y mercenarios se dedicaron a esquilmar todo lo posible los recursos naturales del territorio, aprovechando el momento de transición de países que nacían tras la emancipación de quien los ocupó. Estados coloniales que dejaron de serlo, pero no de seguir aprovechando las oportunidades económicas que habían encontrado durante esos años.

En ese contexto, cuando Bélgica abandonó el Congo, una de sus zonas más ricas en yacimientos de diamantes, Katanga, proclamó su independencia, abocando al joven estado a una crisis de proporciones dantescas en términos humanos. Fue, entre otras causas, el caldo de cultivo perfecto para que germinara una cleptocracia que perduró por décadas.
De ahí parte “Katanga”, del momento convulso en el que la independencia política del Congo Belga se consumó, con la consiguiente ganancia de multiples oportunistas, que aprovecharon el rio revuelto de revueltas y descontrol, rapiñando recursos sin miramientos. Con esos mimbres, Nury (“Carlota Emperatriz”, “W.E.S.T.” o, entre otros, “Yo soy Legión”) construyó un relato duro e inmisericorde. Una ficción histórica donde la acción y lo bélico se encuentran con intrigas políticas y elementos del género negro.

Para llevarlo a cabo, Nury se sirvío de un acertado reparto coral que, juntos, componen un certero fresco de esos momentos de violencia y corrupción, donde no hay más valor que las ambiciones personales, enturbiados de sangre si es menester, a cambio de conseguir los objetivos fijados. Este cómic es una ficción, pero no deja de mostrar “verdades” de aquellos años, como la de los políticos corruptos que estuvieron cuidando intereses de empresas internacionales; como la de mercenarios que hicieron su agosto en esas tierras mientras guerreaban al servicio del postor que se lucraba con ello.
Suena amargo, pero, como digo, tiene un poso verídico este relato. Y de ello Nury compone un guion duro y sólido. De esos que atrapa a quien lo lee. En ese proceso, el arte de Sylvain Vallé (“Antananarivo”) se antoja imprescindible, pues es capaz de llevarnos con sus viñetas a esa tumultuosa época, capturando con su lápiz la miseria humana que esconde la mayoría del dramatis personae mostrado. No dejando indiferente al lector con esas páginas que nos llevan a lo más miserable del alma humana. Esa donde la codicia se viste con diplomacia con el único objetivo que lucrarse a toda costa. Da igual el precio, pues lo pagarán otros.

“Los ricos no tienen color”
Eso espera en estas tres D: “Diamantes” (“Diamants”), “Diplomacia” (“Diplomatie”) y “Dispersión” (“Dispersion”), recopiladas en las 224 paginas que componen “Katanga. Edición Integral”, traducido por Gema Moraleda . Un volumen de una pieza que muestra cuan ambicioso y cruel puede llegar a ser el ser humano por conseguir sus objetivos. Una guerra sucia donde no hay más objetivo que lucrarse. De eso se nutre Katanga. Y por ello conviene degustarlo. Para asomarse a lo más miserable del alma humana.
