Anzuelo: Tsunami de emociones

Tu hambre de caricias invoca a los dioses compasivos, que solamente ven una necesidad vacía que suplir con alimento. Fingen darte sustento para saciarte a si mismos. En realidad, lo único que quieren es librarse de la desgracia ajena

Hay historias que van más allá de lo narrado en sus páginas. Historias que, como olas, golpean nuestra mente y nuestra alma, arrastrándonos a reflexionar sobre lo que significa vivir, existir y encontrar propósito en un mundo que, en un abrir y cerrar de ojos, puede transformarse en algo irreconocible. «Anzuelo«, el nuevo tebeo de Emma Ríos, es una de esas historias. Es un relato que se aferra a nuestros pensamientos mucho después de haber pasado la última página, que nos deja flotando en la marea de sus preguntas, sumergiéndonos en la incertidumbre de la existencia misma.

Desde el primer trazo, Ríos nos lanza a un mundo que ha cambiado para siempre. Tres niños se quedan solos tras un tsunami que arrasa con todo lo que conocían. Se ven obligados a enfrentarse a la inmensidad de lo desconocido. Al principio sobreviven: buscan tierra firme, encienden fuego, consiguen alimento. Pronto la trama se desliza hacia algo más profundo, más inquietante, donde surgen muchas preguntas: ¿Qué significa tener un propósito en un mundo que ya no es el mismo? ¿Cómo construimos de nuevo una comunidad sin perder nuestra identidad? A medida que los niños exploran la nueva situación, algo comienza a cambiar en ellos. No solo deben enfrentarse al hambre, al frío y a la soledad, sino también a la transformación de sus propios cuerpos. Mutaciones extrañas emergen poco a poco, como si la misma naturaleza estuviera reclamándolos de vuelta. Agallas que antes no estaban como las de los peces de las profundidades, formas de pájaro que sobrevuelan los cielos o transformaciones en coral que se alimentan del mismo océano. En este escenario de desolación, los protagonistas se ven atrapados en la angustia de lo desconocido, preguntándose si aún son humanos o si la catástrofe los ha convertido en algo más.

Dicen que el tacto es el último sentido que se pierde, y que por eso tomamos de la mano a los que se están muriendo”.

La naturaleza de la tragedia en «Anzuelo» no reside solo en la pérdida de lo que fue, sino en la incertidumbre de lo que vendrá. No hay adultos que guíen el camino, no hay estructuras establecidas, solo la vastedad de un mundo que ahora es extraño. La creadora gallega desarrolla el relato en este vacío, en el conflicto entre la necesidad de unirse para sobrevivir y el miedo a diluirse en esa unión. En una sociedad colapsada, ¿seguimos siendo individuos o nos convertimos únicamente en la función que desempeñamos para los demás? A medida que los niños maduran encuentran otros supervivientes y estas preguntas se vuelven aún más apremiantes. Ríos nos muestra con maestría cómo la necesidad de orden y estructura puede convertirse en una trampa silenciosa. Al principio, el orden es sinónimo de seguridad: establecer reglas, dividir tareas, garantizar la supervivencia. Pero, ¿en qué momento el orden se convierte en opresión? ¿Cuándo la necesidad de pertenecer comienza a ahogar la individualidad? El tebeo nos sumerge así en esta dualidad, en la lucha constante entre el deseo de formar parte de algo más grande y el temor de desaparecer en ello. Al igual que usa esos detalles de la alimentación de los niños que tenemos tan arraigados en el primer mundo, mostrando que no todo es comer o ser comido. Y que consecuencias tiene que alguien piense antes en no matar que en alimentarse.

El arte de Emma Ríos es un personaje en sí mismo dentro de la obra. Sus acuarelas transmiten tanto la calidez del compañerismo como la opresión de la incertidumbre. Lo más sorprendente es su uso del color. En una historia sobre el océano y la destrucción, uno esperaría una paleta con tonos más azules y grises. En cambio, Ríos elige rojos, naranjas y amarillos, colores que evocan la calidez del fuego, de la vida, del contacto humano. No parece accidental: es un recordatorio constante de que, a pesar de la soledad y el vacío, la humanidad persiste. Incluso en la adversidad, seguimos buscando calor, seguimos buscando conexión. Aunque uno de los personajes a medida que va evolucionando también cambia su tonalidad de piel de rosáceo a tonos mucho más claros, cosa que consigue que empatices mucho con lo que le sucede. Otro aspecto que destaca es la manera en que Ríos enmarca la historia. Las viñetas están meticulosamente ordenadas, con líneas y bordes que las encapsulan pero que explotan a la vez en contraste con las acuarelas etéreas que los habitan. Esta elección refuerza una de las preguntas centrales de la obra: ¿el orden que imponemos al mundo es natural o es una construcción artificial que nos da una falsa sensación de control? Mientras los personajes luchan por encontrar una estructura en su nueva realidad, las propias viñetas parecen hacer eco de esa lucha, dándonos un marco claro en el que lo dibujado esta demasiado vivo para ser contenido.

Si existe la posibilidad de traer de vuelta a los muertos. Deberíamos preguntarnos si ellos estarían de acuerdo

Más allá de la estética, el corazón del comic florece en su exploración filosófica. A lo largo de la historia, nos enfrentamos a preguntas que no tienen respuestas fáciles. ¿Quiénes somos cuando el mundo que nos definía deja de existir? ¿Podemos encontrar un propósito sin ser reducidos a nuestra utilidad para los demás? Y, quizás lo más inquietante, ¿qué sucede cuando dejamos de cuestionarnos estas cosas? Ríos nos muestra que la resignación puede ser tan peligrosa como la desesperación, que aceptar el mundo sin cuestionarlo puede ser otra forma de rendirse. En la lucha por la supervivencia, la esperanza no siempre es explícita, pero es imprescindible. Si bien la historia en sí es muy atrayente, su reflexión con nuestra realidad contemporánea la hace aún más impactante. «Anzuelo» puede entenderse como una parábola de los tiempos modernos, en los que el cambio climático, las crisis sociales y la incertidumbre global nos obligan a replantearnos quiénes somos y cómo nos relacionamos con los demás. El tsunami que arrasa con la civilización de los protagonistas bien podría ser un reflejo de la destrucción ambiental que acecha nuestro futuro. Nos enfrenta con la pregunta más aterradora de todas: ¿qué mundo dejaremos atrás, y cómo vivirán en él quienes vengan después de nosotros?

Publicada originalmente por Image Comics el pasado noviembre, Astiberri la acaba de estrenar con un formato exquisito de 304 páginas a color, en un objeto físico que realza la belleza del trazo de Ríos, permitiendo que cada detalle de sus acuarelas respire y se expanda en la página. Cuando cierras el volumen, esa idea de expansión se instala en lo más profundo de tu ser: los niños son el reflejo de todos nosotros: mutando, cambiando, perdiendo algo y ganando otra cosa en el proceso. Como ellos, vivimos atrapados entre lo que fuimos y lo que seremos. Y quizás, en ese abismo de incertidumbre, es donde realmente nos encontramos. Porque al final, más allá del miedo y de la transformación, lo único que nos queda es el anhelo de no olvidar, de seguir siendo, aunque el mundo nos arrastre en su marea implacable. Si alguna vez te has sentido a la deriva, si alguna vez te has preguntado qué te define cuando todo a tu alrededor cambia, este libro es para ti. Porque «Anzuelo» no solo cuenta una historia, también lanza una pregunta al corazón del lector y como su nombre lo indica, una vez que te atrapa, no te suelta. Leerlo es dejarse llevar por su corriente, es aceptar la belleza de lo incierto y descubrir que, incluso en los restos de lo perdido, aún podemos encontrar algo profundamente nuestro.

Es posible que ya te hayan contado la historia. Una vez traté de ayudar a una persona que quería ser devorada por el mar”.

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