Los Cuatro Fantásticos de Pacheco, Marín y Merino: Las aventuras de tres tíos de Cádiz en el Universo Marvel. Parte I

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“Los Cuatro Fantásticos los hacen tres tíos de Cádiz”.


Esta frase, leída en la edición en grapa de Forum del primer número a cargo de Carlos Pacheco, Rafael Marín y Jesús Merino, llenó de orgullo a muchos lectores de la época. Era octubre del 2001 y por fin veía la luz en España el ansiado #35 del volumen 3 de Fantastic Four, que llegaba con un año de retraso en comparación con su edición original, que salió a la venta en las comics-shops estadounidenses justamente un año antes, con dos meses de antelación a lo que marca su fecha de portada, como suele ser habitual.

Para la ocasión, Forum inauguró colección de la primera familia en unas deliciosas grapas que justificaron su compra por el material adicional que ofrecían. Y es que por aquel entonces ya era una seña de identidad (ahora por desgracia perdida) de los tebeos de Planeta darles un sello personal con material de complemento que daba contexto y un plus a la edición en castellano del numero usa. En este caso esta colección se vio acompañada por el “Consultorio del profesor Aschumpeter”, alias bajo el que se escondía el entrañable Pere Olivé, y la columna de ”El Mundo Marvel de Raimon Fonseca«. Junto a esas dos secciones fijas estaba el «Fantastic Forum” de Sebastián Santos, que entrega tras entrega nos contaba la trastienda de la elaboración de esos números con declaraciones de los propios autores, hecho que enriquecía esa edición.

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Mientras leíamos las aventuras de ficción de la primera familia Marvel, pudimos descubrir las “aventuras” que vivieron “los tres tíos de Cádiz” en su fantástica etapa con Reed, Sue, Ben y Johnny. Porque a pesar de todas las piedras en el camino, esta etapa recuperó el sentido al sobrenombre que tiene esta cabecera en Estados Unidos: “los mejores cómics del mundo”. Pacheco, Marín y Merino (y todos los colaboradores que pasaron en su etapa) hicieron justicia a ese eslogan, devolviendo la grandeza a los Cuatro Fantásticos situando su trabajo, y ahora en la distancia que otorgan dos décadas transcurridas, a un nivel cercano al del magistral John Byrne de los ’80. Y eso ya saben los aficionados que es decir mucho. Pero es que mucho y bueno había en estas páginas cuya magia a día de hoy sigue inmaculada.

Quizá por ello, para esta etapa vamos a dedicar dos artículos, pues entendemos que así lo merece. Hoy nos centraremos en las primeras entregas, del #35 al #45, publicados en Estados Unidos entre octubre del 2000 y septiembre del 2001, y que vieron la luz en la edición española en grapa de Forum en las nueve primeras entregas del cuarto volumen de “Los Cuatro Fantásticos”.

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Unos tebeos que han contado con reediciones varias a ambos lados del Atlántico, siendo reeditados por Panini en su formato “Best of Marvel Essencials” en 2007 en tres volúmenes que compilaron del #35 al #50 USA, para con posterioridad hacer una edición integral (aunque en un formato más pequeño que, en nuestra opinión, deslucía estos impresionantes tebeos) en la Colección Extra Superhéroes en 2015, donde en dos volúmenes ofrecían del #35 al #50 y la serie de Inhumanos a cargo Pacheco y Marín con dibujo de Ladronn, de la que también daremos buena cuenta próximamente en este espacio web.

Desde Marvel comics se han reeditado en formato tpb en varias ocasiones. Los números que nos ocupan hoy se conocen en formato compilado como “Flesh & Stone” (“Carne y Piedra”) e “Into the Breach” (“En la brecha”).

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Unos tebeos con los que el trio Gaditano demostró su arte y savoir faire con la primera familia Marvel, tanto por el ritmo y tono que imprimían a sus tebeos, cargados de emoción y ciencia ficción como por el amor hacia los personajes que demostraron. Ni que decir tiene que plagaron sus viñetas de guiños y referencias y vertieron sus años como lectores en unos relatos tan solventes como sólidos. Con ese punto de frescura y, a la vez, entroncados con el legado clásico de lo que significa e implica la abreviatura “FF”.

Muestras de ello nos las encontramos por doquier en estas 11 entregas (nueve en el caso de la edición de Forum). Para empezar: una aventura donde el primer personaje español de Marvel, Esteban De Ablo (denótese el juego fonético del nombre si se pronuncia en inglés), más conocido como “El Diablo” se enfrentaba a los Cuatro Fantásticos, mientras que la corporación Gideon se hacía con las propiedades del grupo, que no eran otras que “El Espigón” donde tenían su cuartel general hasta la fecha. Pero el nuevo edificio Baxter «estaba al caer«…

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Personajes nuevos, como Blanca del Hierro o Noe Baxter, compartían páginas con clásicos como el Super Skrull, Namor, Maximus el Loco, Annhilius, Hulka, Namorita, el Hombre Hormiga, Control de Daños Spiderman o Daredevil. Incluso se permitieron la broma de sacar a Peter Parker haciendo fotos junto al fotógrafo “de la competencia”: Jimmy Olsen.

Se dio la paradoja que, a partir del #39, Marvel les impuso a Jeph Loeb como encargado de escribir los diálogos, porque sabía darle el estilo textual de NYC a lo que decían los personajes. Algo paradójico sin duda, porque Rafael Marín, además de poseer en su haber varias novelas y guiones escritos, tiene la licenciatura en filología inglesa, habiendo ejercido como profesor de inglés y siendo traductor. Cosas de los yanquis suponemos. Anyway, de cualquier modo, Loeb respetó las intenciones originales del guion en su aportación. Si hubo injerencias en el guion, que las hubo, vinieron de más arriba.

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Pero no deslucieron el trabajo, por lo menos lo que se vio editado en España, porque en la traducción al castellano se primó la intención de los autores gaditanos. Ejemplo de ello fue el #45, donde el arte estuvo a cargo de Jeff Johnson y Joe Weems, cuya edición inglesa suavizaba (y a la vez quitaba fuerza argumental) la coexistencia de un pueblo en manos del “Amo de las Marionetas” que toleraba el Gobierno Estadounidense. Un pueblo donde los residentes libre y voluntariamente aceptaban privarse de libertad a cambio de comodidad y seguridad. En Marvel consideraron que mejor optar porque en ese pueblo vivían criminales rehabilitados… Como se puede comprobar, la dictadura de lo políticamente correcto ya empezaba a extenderse.

No obstante, y a pesar de esas “injerencias”, Pacheco, Marín y Merino llevaron a buen puerto estas once grapas, llevando a enfrentarse a los Cuatro Fantásticos con una empresa colosal, Gideon, que no dudaba en entrar en La Zona Negativa para esquilmarla y exterminar a todo bicho viviente que se cruzara con ellos. Donde Johnny, que no viajó a la dimensión de iones negativos, monta sus “Cuatro Fantásticos de emergencia” con Hulka, Namorita y el Hombre Hormiga, después de darse una buena sesión “de tortas” con Namor, en un excelente número, el #42, dibujado por Stuart Immonen y Wayne Von Grawbadger. El #43 el arte estuvo a cargo de Joe Bennet y Sandu Florea, que, si bien hacen un buen trabajo, bajan el nivel con respecto al equipo titular de la serie. El color de toda la etapa, con independencia de quien empuñara el lápiz o el pincel, estaba a cargo de Liquid! Graphics.

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Mención especial en esa saga (“Into the Breach”) es la aparición de Hellscout, un puritano en al mejor estilo “Solomon Kane” que vaga junto con sus parroquianos por la Zona Negativa y se encarga de que “el maligno” no llegue a nuestra dimensión. Todo un homenaje al personaje de Robert E. Howard que funciona a la perfección en la zona controlada por Annhilius. Todo un hallazgo de Marín y Pacheco que no entendemos como no se ha aprovechado más después del paso de los gaditanos por Fantastic Four.

El ritmo editorial impuesto en la época prefirió, en lugar de retrasar entregas, imponer números de fill-in que dibujaran otros artistas. Hecho que, salvo la excepción de Immonen, bajó la calidad en su conjunto. Ahora en la distancia hubiera sido más deseable que todas las páginas hubieran sido firmadas por Pacheco y Merino, pero no olvidemos que los comics mainstream son, ante todo, una industria.

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Con todo y con eso, esperan en estos cómics relatos fantásticos con ese sabor que entronca con el sentido de la maravilla de la Marvel clásica, con una colección de guiños y coñas servida como huevos de pascua en muchas viñetas. Sirva de ejemplo el parecido de los Negaexploradores de Gideon con Village People o el nombre de una de las tumbas de Transilvania: Gene Conanoff. No diremos más para no destripar más sorpresas. Solo nos atrevemos a decir que sigue dando la sensación de que, cuando se hicieron estos tebeos, sus autores disfrutaron con ello. Tanto o más que cuando los lectores pudimos leerlos.

Así es como tres tíos de Cádiz llevaron a lo más alto a los Cuatro Fantásticos.

Continuara…

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