“Monte Arruit” es un cómic que no deja indiferente. Además de ofrecer la posibilidad de conocer hechos históricos, el tebeo nos aproxima a lo que se vivió durante el verano de 1921 en la trágica guerra del Rif, construyendo en base a ello un relato sólido de los que no se olvidan. Una lectura de las que, una vez se finaliza, se quiere saber más. Y nada mejor para ello que poder entrevistar a sus autores: David Braña y Óscar Bermejo.

“Monte Arruit” es un relato duro e inmisericorde, pero a la vez emotivo y fiel a los hechos históricos. ¿Qué es lo que os atrajo para abordar este capítulo de la guerra del Rif?
Óscar Bermejo: Desde el principio lo que nos atrajo, creo que a ambos, es que es una historia de la cual no hemos oído hablar, está como “olvidada”, o que no se quiere conocer lo que allí ocurrió. En mi caso desconocía esta cruel batalla y eso fue lo que me atrajo. Desde el principio le vimos mucho potencial a estos hechos y querer contar con total respeto a lo que esos soldados vivieron encerrados a su suerte cual ratonera, fue lo que nos motivó a hacerlo.
David Braña: Coincido con Óscar en que se trata de un episodio un tanto desconocido en nuestra historia más reciente y que merecía ser contado. También tuvo importancia el cómo visualizaba yo la historia en mi cabeza. Ya conocía el trabajo de Óscar con anterioridad, de haber trabajado con él en el cómic ‘Mil Lobos’ , y vi mucho potencial y fuerza como producto en este cómic.
Partir de la premisa de una carta real de un soldado que falleció allí sin duda refuerza la carga emocional del guion. ¿Qué supuso para ti, David, desarrollar esta historia y a la vez intentar ser respetuoso con las vidas de esos soldados?
David: Todo guion supone un reto. En este caso concreto, lo que más me “preocupaba” era ser capaz de reflejar con respeto y rigor histórico lo allí ocurrido. Yo siempre me he caracterizado por escribir historias de ficción, ya sean en entornos reales y/o reconocibles, o totalmente salidos de mi imaginación. Pero dio la casualidad de que “venía” de escribir otro guion con tintes históricos, en la época de la posguerra civil española (que se encuentra en proceso de dibujo) y me resultó muy interesante sumergirme en esa época y contexto histórico. En este tipo de proyectos se suman varias dificultades a la hora de abordarlo: encontrar información y referencias en las que apoyarse y construir la propia historia, la narración. Lo primero pude subsanarlo gracias a internet, lo segundo lo vi claro cuando descubrí la “famosa” carta de amor del soldado que combatió allí. Me pareció un recurso perfecto para conducir la historia, aunque fuese adaptándola para mis propios fines, que era reflejar sensaciones y emociones de todo tipo. La experiencia resultó enriquecedora y dura por momentos.
Uno de los aspectos que destacan del tebeo es el tratamiento humano de los personajes, tanto en los diálogos como en los diseños. Tanto a nivel literario como gráfico, ¿cómo fue el proceso de perfilar las caracterizaciones de los mismos?
Óscar: Respecto a la caracterización de personajes y a nivel gráfico, nos interesaba ser naturales y que hubiera cierta variedad de proporciones y formas, ya que teníamos un gran grupo de personajes al tratarse de un ejército, de los cuales luego desarrollaríamos más a fondo los protagonistas principales, y a su vez que fuesen llamativos. Que unos tuviesen un punto de vista distinto a otros para así abordar distintos temas morales dentro de la personalidad de cada personaje.
David: Algo que tengo claro es que uno de los elementos para que una historia funcione son los personajes. Que se sientan “cómodos” dentro de la historia, que transmitan naturalidad y, como decía antes, emociones. En este caso, en un entorno hostil y dramático, reforzar ciertos lazos y reflejar distintas personalidades me pareció una prioridad. Yo no he vivido ninguna guerra en primera persona, empatizar con lo que allí ocurrió y con las reacciones de los que allí estuvieron puede ser fácil, “comprenderlo” creo que es prácticamente imposible por mucha imaginación e información que se tenga, pero mi trabajo, como guionista, es acercarme lo máximo a esa posible realidad y así acercársela al lector. En situaciones de máxima tensión como las que allí se vivieron, las sensaciones pueden estar a flor de piel, incontrolables, u ocultas, dejándolas “morir” como recurso de autodefensa. Me parece muy interesante el aspecto psicológico de los personajes que trato. Sin descuidar, como no, el aspecto más general, que sitúe al lector y le haga partícipe de la historia que está leyendo.
La historia reparte de forma coral el protagonismo. ¿Es un hecho deliberado para que el lector conozca esa tragedia desde los diferentes puntos de vista de diferentes soldados que sufrieron este asedio?
Óscar: Desde luego, nos interesaba abordar ese tema. Hay variedad de personajes para comprender las distintas situaciones, para tratar el tema principal desde varios puntos de vista y así implicarte más en la historia y comprender el conflicto desde varios ángulos y, a su vez, dar una visión de hermandad y familiaridad en las terribles situaciones que tuvieron que vivir los soldados acorralados por el enemigo.
David: Sí, uno de los motivos de plasmar así la historia es justamente al que haces alusión. Me parecía interesante “repartir” el protagonismo para darle más empaque a lo que allí sucedió, tener una gama más enriquecedora de sensaciones y emociones, de distintas reacciones, de personalidades… Eso también aporta naturalidad. Otro de los motivos era los recursos narrativos que eso me ofrecía, poder darle dinamismo y ritmo al guion. Hay que tener presente que, aunque la Historia está “escrita” de alguna manera, algunos aspectos entre unos hechos y otros pueden dar un “colchón” de maniobra de cierta “ambigüedad”. Aquí no, el final debía ser rotundo y no cabía más que una interpretación. Por lo que todo el interés y fuerza debía recaer en lo que ocurría antes de ese final, que incluso pudiese hacérselo “olvidar” al lector que ya lo conocía, dotándole de una “falsa” esperanza hasta sucumbir a la realidad.
Del mismo modo, entendemos que la documentación en un cómic histórico es imprescindible para darle a la obra una sensación de verosimilitud. ¿A qué fuentes habéis recurrido ambos para lograr esa sensación?
Óscar: Desde el principio este fue uno de los problemas, pues hay muy poca documentación sobre el tema. Sí que hay varios escritos y libros de los cuales podíamos sacar información, pero casi todo lo que encontramos era después de la batalla. Respecto a la parte gráfica sí que teníamos referencias de uniformes, fotografías de generales y soldados, planos del fuerte… Pero casi todo lo que encontramos era posterior a la masacre. También me vi documentales de los que saqué algunas ideas y alguna serie como Tiempos De Guerra en la que se apreciaban bien los uniformes y armas, pero tuvimos que improvisar bastante por la falta de documentación, esperamos haberlo solventado bien.
David: Internet. De ahí saqué toda la información para recoger apuntes y formarme una idea aproximada de lo ocurrido, ya fuese a modo de artículos y entrevistas en formato escrito o por medio de algún documental. Ahí también di con la carta del soldado, que, como dije antes, me abrió un interesante abanico de posibilidades y me produjo ciertos escalofríos. También contábamos con el hándicap del tiempo de entrega. Habíamos pactado una fecha con la editorial y no queríamos retrasarnos (o al menos no demasiado), con lo que los tiempos para acaparar información y referencias debían ser ágiles y a la vez efectivos. Pero, sinceramente, creo que lo subsanamos con nota.
Se observa en las páginas de “Monte Arruit” mucha información, tanto descriptiva como contextual, que sin embargo no entorpece el dinamismo de la historia. ¿Fue complicado lograr ese equilibrio para que la historia no perdiera ritmo en ningún momento?
David: Creo que no, porque el guion, tal y como está escrito, tiene ese ritmo. Si antes decía que una parte fundamental para que una historia funcione recae en los personajes, otra parte no menos importante recae en el ritmo, y suelo poner mucho cuidado en ello. El entorno también ayudó pues, aunque los hechos transcurren en una zona limitada, los espacios abiertos y la atmósfera, facilitaba que no se perdiese fluidez. En este aspecto debo decir que Óscar hizo un trabajo estupendo, sobre todo gracias a la paleta de color que utilizó.
Lo ocurrido aquel verano de 1921 en la colonia marroquí es una de las tragedias olvidadas de la historia reciente de este país. ¿Creéis que esto es deliberado o que realmente somos un país que tenemos la asignatura pendiente de conocer mejor nuestro pasado?
Óscar: Creo que, como bien dices, nos falta conocer bien nuestro pasado. Como ya os he comentado, yo no conocía esta historia y eso se debe a que cuando estudiamos esos temas, los pasamos muy por alto y por encima, y esto hace que desconozcamos por completo nuestra propia historia. Aunque esta batalla también tiene un punto quizás de «ocultismo» por la masacre tan descabellada y terrible que fue y que hace que la tengamos olvidada, o incluso podría decirse borrada de la historia, por eso es muy importante la labor que está haciendo Cascaborra Ediciones para intentar que no que quede nada en el olvido.
David: Pues no sabría decirte, la verdad. Por un lado, creo que no profundizamos demasiado en nuestro pasado, incluso diría que “renegamos” un tanto de él. El problema, en mi opinión, comienza desde niños, pues en los colegios se trata lo básico y es casi más una decisión personal el tener interés en la Historia en general y en la nuestra en particular, y desarrollar ese interés a lo largo de los años. Lo ocurrido en Monte Arruit destapa muchas vergüenzas, por lo que no sería de extrañar que se hubiese corrido “un tupido velo” de forma consciente. Pero para eso está Cascaborra Ediciones y su estupenda colección ‘Historia de España en Viñetas’ entre otros títulos que publica. Lo que sí me gustaría resaltar es que la Historia nos pertenece a todos y que no se debe amoldar a intereses propios, sino que se debe aprender de ella en los aciertos y errores. Pero para eso, claro, debe conocerse y poder contrastar lo que muchas veces nos intentan “vender” como “la verdad absoluta”.
En esta obra, Óscar y David repetís como pareja artística, al igual que en “Mil Lobos”, si bien estamos ante un trabajo con un registro tanto dramático como estético muy diferente. ¿Cómo abordáis este cambio de registro? ¿Supuso algún cambio en vuestra forma de trabajar?
Óscar: Bueno para mí sí que supuso un cambio importante, pues me enfrentaba a un hecho histórico y quería darle un estilo distinto al apartado gráfico sin salirme por supuesto de mi estilo de dibujo. En este cómic ya estaba más suelto que en «Mil Lobos», que fue mi primera obra, y aprendí de los errores que tuve. Además, creo que, como narrador, esta historia te plantea más retos y dificultades que hay que saber expresarlas en el papel.
Respecto a la forma de trabajar no es muy diferente a la anterior, Braña me pasa el guion y yo dibujo lo que él quiere transmitir, es un trabajo colaborativo, una especie de simbiosis en la que hablamos en todo momento.
David: En lo que respecta a la metodología, trabajé como siempre. Recabando información (en este caso, parte fundamental), apuntes, perfilando y puliendo ideas… Luego es cuestión de ponerme a escribir e ir encajando piezas. Muchas veces los guiones surgen con cierto “desorden” y hay piezas que encajan antes de que les “llegue el turno”. Ideas que tengo muy claras y otras que se resisten, pero todo es cuestión de paciencia y buscarle “acomodo” a los elementos dónde y cuándo les toque. Una vez tuve el guion técnico terminado, se lo pasé a Óscar y, a partir de ahí, es cuestión de consensuar páginas. Trabajar con Óscar no es nada complicado, es un dibujante con mucho talento y pasión, y además tenemos buena química.
Sí que es verdad que, en mi caso, abordar una obra de estas características, con el tema que toca, me despertaba algunas “inseguridades”. Tenía que hilar fino para que el cómic transmitiese aquello que buscábamos, que era entretener y resultar didáctico de alguna manera, sin descuidar la narración y la narrativa. Era, de alguna manera, salirme de mi zona de confort, lo cual siempre es bueno para un autor. En los tiempos actuales, parece que afrontar una historia con trasfondo histórico es sinónimo de correr ciertos riesgos, más allá de los que ya asumes cuando expones tu trabajo a la vista de todos. La sociedad parece tener “la piel muy fina” con algunos temas. Pero estoy muy satisfecho por cómo ha sido acogido el cómic por parte de los lectores y de la crítica, y del trato recibido por parte de la editorial.
Tras estos dos trabajos y vistos los resultados, la pregunta final es obvia: ¿Tenéis algún proyecto conjunto en desarrollo? ¿Y por separado?
Óscar: Bueno, yo estoy muy a gusto trabajando con Braña, desde el principio hemos colaborado muy bien el uno con el otro y nos llevamos muy bien, así que mientras que Braña quiera yo estoy a su disposición. Y sí, estamos preparando algo una vez más, y por separado tengo otra colaboración, pero esta vez como colorista en el cómic Dupin.
David: Suscribo las palabras de mi compañero. Un placer trabajar con él y sí, estamos ya maquinando nuevos proyectos, “nos va la marcha”. Por separado tengo varias cosas pendientes de ver la luz: Vivar (género negro) con la editorial Nowevolution y Pedro Segade en el apartado gráfico; Lady Enigma (terror paranormal en el Londres de la época victoriana), una serie que llevamos publicando Olga Carmona (dibujante y colorista) y servidor en la editorial digital inglesa Aces Weekly, desde hace 3 años y que en 2021 verá la luz, recopilada en castellano y en formato físico, de la mano de The Rocketman Project; Córtex (cifi, humor, superhéroes…), un cómic para adultos muy “burro” y divertido, con Álex Cervera al dibujo y Carlos Mercé (Madeja) al color, que también publicará The Rocketman Project; Libre, un proyecto muy especial para mí, con las aventuras y desventuras de un taxista en Barcelona, durante la posguerra civil, con Antonio Maldonado a los lápices y tintas y Manuel M. Vidal al color, también con The Rocketman Project como editor; los dos números que restan de la miniserie de La Curandera, con Gabi Iglesias al dibujo y Carlos Ríos al color, publicada por Drakul Editorial; El Azote, otra miniserie que podéis leer en la plataforma de cómic digital Tebeox, con dibujo de Ángel Bernuy; y, por último (que soy un coñazo, ya lo sé), la serie Sugar Brown, publicada por entregas en la revista de terror Cthulhu, junto al dibujante Rubén Gil. Todos estos proyectos irán publicándose a lo largo de este año y el próximo.
Además de estos trabajos “seguros”, estoy a punto de firmar un nuevo contrato para el cómic Dugan (ci-fi) con Alberto Cimadevilla al dibujo y Carlos Mercé, de nuevo, al color. Y estoy preparando nuevos proyectos para presentar a editoriales, de los que espero cuajen unos cuantos. O todos, por pedir que no quede…
Así se presenta el futuro cercano, plagado de inminentes proyectos. Un buen punto final para esta conversación con David y Óscar, agradeciendo su tiempo y disponibilidad para charlar en torno a la gestación de “Monte Arruit”, un tebeo de los que dejan poso tras su lectura.