Biblioteca Marvel El Asombroso Spiderman 16: entre Mercurio y El Conmocionador

Hay una regla no escrita en el Universo Marvel de los años sesenta. Si eres Peter Parker y te levantas por la mañana, algo va a salir mal. Si además decides ponerte el traje de Spiderman, entonces ya puedes ir preparando una excusa para tu novia, una mentira para tu tía, una discusión con tu jefe y una paliza cortesía del villano de turno. Lo extraordinario no es que el pobre Peter sobreviva a todo eso. Lo extraordinario es que siga siendo una persona relativamente funcional. Por eso en esta decimosexta Biblioteca Marvel del «El Asombroso Spiderman» que recoge los números 71 al 76 de la colección original, vuelve a demostrar por qué la serie del trepamuros era la auténtica gallina de los huevos de oro. Mientras otros héroes salvaban galaxias enteras o luchaban contra amenazas capaces de destruir el universo cada dos jueves, Peter Parker seguía intentando resolver problemas mucho más complicados: pagar facturas, mantener amistades, llegar puntual a sus citas y evitar que J. Jonah Jameson sufriera una apoplejía cada vez que veía una fotografía suya. Y es precisamente ahí donde reside la magia de esta colección.

Estamos leyendo cómics publicados hace casi sesenta años y se nota: Hay diálogos que ocupan media página para explicar algo que hoy se resolvería con una mirada. Villanos que anuncian sus planes con la sutileza de un megáfono. Hay casualidades tan imposibles que harían sonrojarse a una telenovela. Pero, por alguna razón difícil de explicar, todo sigue funcionando. Stan Lee tenía una habilidad especial para convertir el melodrama en combustible. Peter Parker no vive una vida. Vive diecisiete vidas simultáneas, todas ellas al borde del desastre. Cuando no está peleándose con delincuentes disfrazados, está intentando que su relación con Gwen Stacy no se derrumbe. Cuando no está preocupado por Gwen, está preocupado por Harry. Cuando no está preocupado por Harry, está preocupado por la Tía May. Y cuando no está preocupado por nadie en concreto, aparece el destino para recordarle que aún quedan problemas disponibles. Y ahora encima tenemos a Mercurio circulando sin frenos por las viñetas.

La pobre Tía May merece un capítulo aparte. A estas alturas de la colección ya no es un personaje. Es una emergencia médica con patas. Cada vez que aparece en escena uno tiene la sensación de que alguien debería llamar a una ambulancia de manera preventiva. Da igual lo que ocurra. Si Peter llega cinco minutos tarde, ella se preocupa. Si llega cinco minutos antes, también se preocupa. Si respira demasiado fuerte, preocupación. Si respira demasiado flojo, preocupación. Es probablemente el ser humano más frágil jamás creado en una viñeta. Y, sin embargo, forma parte esencial del encanto de la serie. Porque el verdadero superpoder de Peter Parker nunca fueron sus telarañas ni su fuerza proporcional a la de una araña. Su auténtico poder consiste en cargar con una cantidad absurda de responsabilidades sin perder completamente la cabeza.

Mientras tanto, el reparto secundario sigue demostrando por qué es uno de los mejores que ha tenido jamás un cómic de superhéroes. Hay que reconocer algo. El Conmocionador jamás ganó un concurso de elegancia. Su traje parece diseñado por alguien que confundió una colcha acolchada con una armadura táctica. Sin embargo, funciona extraordinariamente bien como enemigo recurrente. Tiene poderes claros, objetivos sencillos y una capacidad admirable para seguir regresando después de cada derrota. Es el equivalente superheroico a esa mala hierba que siempre vuelve a crecer. Pero el gran protagonista entre los enemigos es, sin duda, el Lagarto. Y aquí es donde la colección demuestra que podía ofrecer algo más que simples peleas. Curt Connors es uno de los personajes más trágicos creados por Marvel durante aquella época. No es un conquistador mundial. No quiere dominar la humanidad. No busca riquezas infinitas ni poder absoluto. Lo único que quiere es dejar de convertirse en un reptil gigante. No parece una petición especialmente complicada. Sin embargo, cada vez que parece acercarse a una solución, todo vuelve a salir terriblemente mal. El resultado es un personaje que genera empatía incluso cuando está intentando arrancarle la cabeza al protagonista. Las historias protagonizadas por el Lagarto poseen una dimensión dramática que las hace destacar inmediatamente. Hay una sensación constante de tragedia. Spiderman no lucha simplemente para detener a un monstruo. Lucha para salvar a una persona. Y eso marca una enorme diferencia.

Gráficamente, el tomo es una auténtica maravilla. John Romita (Padre) se encuentra en un momento espectacular de su carrera. Su interpretación de los personajes posee una elegancia que sigue siendo difícil de igualar. Peter parece un joven normal. Gwen parece salida de una revista de moda. El Capitán Stacy tiene su porte elegante. Jameson parece enfadado incluso cuando duerme. Todo funciona. La llegada de John Buscema añade todavía más calidad al apartado artístico. Aunque los créditos no siempre permiten identificar con precisión quién dibuja cada secuencia, la combinación de talentos resulta magnífica. Y luego está Jim Mooney, cuya labor de entintado ayuda a unificar el conjunto y proporciona una consistencia visual admirable. Las escenas de acción continúan siendo especialmente brillantes. Spiderman se mueve con una fluidez extraordinaria. Cada salto, cada balanceo y cada combate transmiten energía. Hay momentos en los que las páginas parecen moverse solas. Resulta fascinante comprobar cómo estos artistas lograban semejante sensación de dinamismo utilizando herramientas mucho más limitadas que las actuales.

Por supuesto, no todo ha envejecido perfectamente. Hay situaciones que hoy resultan involuntariamente cómicas. Hay personajes que toman decisiones discutibles. Hay diálogos que parecen competir por el récord mundial de palabras por minuto. Pero esa es precisamente parte de la gracia. Leer estos cómics es viajar a una época diferente del medio. Una época donde la sinceridad emocional importaba más que el cinismo. Donde los héroes podían ser nobles sin pedir disculpas por ello. Donde una historia podía ser exagerada, melodramática y tremendamente divertida al mismo tiempo. Y pocas colecciones representan mejor ese espíritu que Amazing Spider-Man.

La edición de Panini Comics vuelve a estar a la altura de las expectativas. El formato Biblioteca Marvel sigue consolidándose como una de las mejores iniciativas para recuperar este material clásico. Los artículos complementarios, las páginas reproducidas a lápiz, los correos originales de los lectores traducidos por Víctor Rubio junto a Juanan Cruz y los textos de contexto convierten cada volumen en algo más que una simple recopilación.

En definitiva, esta decimosexta Biblioteca Marvel del Asombroso Spiderman es otro recordatorio de por qué Peter Parker sigue siendo uno de los personajes más queridos de la historia del cómic. Stan Lee, John Romita, John Buscema y Jim Mooney construyen aquí un universo lleno de emoción, humor, tragedia, acción y personajes inolvidables. Un universo donde los villanos nunca descansan, donde la Tía May parece sobrevivir únicamente gracias a la fuerza de voluntad, donde Jameson convierte el rencor en una forma de arte y donde Peter Parker sigue intentando hacer lo correcto, aunque el destino parezca empeñado en demostrarle que esa decisión suele salir carísima. Por suerte para nosotros, de esas desgracias nacieron algunos de los mejores tebeos de superhéroes jamás publicados.

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