Existe algo profundamente maravilloso en coger a un grupo de personajes que, en circunstancias normales, apenas aguantarían cinco minutos juntos sin intentar arrancarse la cabeza, meterlos en un futuro distópico gobernado por un tirano mesiánico y decir: “Venga, chavales, ahora sois un comando suicida”. Eso es exactamente lo que propone «La Era de Revelación: Los seis de Siniestro», y lo hace con la misma elegancia con la que Mister Siniestro se peina la capa delante del espejo mientras el mundo arde detrás de él. Porque sí, el concepto ya es gloriosamente ridículo en el mejor sentido posible. Mr. Siniestro (ese genetista teatral que parece diseñado por alguien que mezcló a David Bowie con un vampiro de Las Vegas) decide reunir a Kaos, Dominó, La Gata Negra, Rojo Omega, Fantomex y Veneno para encontrar una cura al Virus-X y, de paso, quizá conquistar el mundo si queda tiempo entre explosiones. Es literalmente el equivalente mutante de montar una empresa con seis personas que se odian y darle acceso a armamento pesado. ¿Qué podría salir mal? Pues absolutamente todo. Y gracias a eso el tomo funciona tan bien.

Lo primero que sorprende es que esta miniserie no intenta ir de “algo muy imprescindible para seguir el evento principal”. No. Aquí el tono es más cercano a una película de atracos protagonizada por psicópatas cansados de vivir en un infierno futurista. Hay acción, conspiraciones, traiciones y discursos grandilocuentes, claro, porque esto sigue siendo Marvel y nadie puede estar más de tres páginas sin anunciar que “el destino de la humanidad está en juego”. Pero debajo de toda esa parafernalia hay algo bastante más interesante: personajes rotos intentando sobrevivir en un mundo todavía más roto. David Marquez entiende perfectamente que el verdadero gancho no está en la misión, sino en ver cómo interactúan estos desastres humanos. Y funciona. Funciona muchísimo mejor de lo que debería. Porque uno mira la alineación y piensa: “Esto parece una mesa de rol donde todos los jugadores quieren ser el protagonista”. Pero el guion consigue que cada miembro tenga espacio para respirar, sufrir y demostrar por qué han terminado trabajando para el señor más con más gomina del universo Marvel.
Kaos, por ejemplo, carga aquí con una tristeza casi permanente. El cómic nos enseña fragmentos de su vida junto a Polaris y cómo el reinado de Revelación arrasó cualquier posibilidad de normalidad. Y ahí está uno de los grandes aciertos del tomo: bajo toda la estética apocalíptica y las poses dramáticas hay bastante dolor genuino. No es el típico “futuro oscuro” donde todo el mundo simplemente habla como si hubiera leído demasiados poemas depresivos. Aquí las pérdidas pesan. Dominó también sale especialmente beneficiada. La relación entre ella y el Virus-X aporta una dimensión más amarga al personaje. Siniestro, de manera muy inquietante, aparece casi como un benefactor. Claro, estamos hablando de Mister Siniestro, así que ayudar a alguien siempre parece parte de un plan que acabará incluyendo clones, traumas psicológicos y probablemente cadáveres flotando en líquido verde fluorescente. Pero aun así se entiende por qué varios personajes terminan siguiéndole. En este mundo, la desesperación convierte hasta al peor monstruo en una opción razonable.

Luego está Veneno. Porque aparentemente cualquier equipo mejora automáticamente cuando añades un simbionte gigante con problemas de ira. Marvel lo sabe. Nosotros lo sabemos. Hasta Siniestro probablemente lo sabe mientras rellena formularios titulados “Cómo convertir una operación encubierta en un desastre biológico”. La presencia de Veneno aporta justo el caos que necesita la serie para no caer demasiado en la solemnidad distópica. Cada vez que aparece parece que el cómic recuerda que también puede ser tremendamente divertido. La dinámica grupal es, posiblemente, lo mejor de toda la miniserie. Nadie confía en nadie. Todos parecen estar a dos frases de traicionarse. Hay discusiones constantes, tensión y esa maravillosa sensación de que el plan podría venirse abajo porque alguno decidió actuar según sus propios traumas personales. Es como ver Ocean’s Eleven si George Clooney estuviera rodeado de asesinos mutantes inestables. Además, el ritmo está muy bien llevado. Los tres números van al grano y evitan esa sensación tan típica de algunos tomos donde seis páginas están dedicadas a gente mirando pantallas holográficas mientras alguien dice “necesitamos más tiempo”. Aquí pasan cosas constantemente. Infiltraciones, persecuciones, ataques, revelaciones dramáticas y hostias como panes. Muchas hostias.
En el aspecto gráfico, Rafael Loureiro se marca unas viñetas muy potentes. El dibujo tiene esa energía exagerada que necesita una historia así. Los personajes parecen siempre al borde del colapso físico o emocional, y las escenas de acción son explosivas sin caer en el caos ilegible. Aquí entiendes perfectamente quién está golpeando a quién y con qué cantidad absurda de violencia. Rojo Omega luce particularmente espectacular. Cada aparición suya parece diseñada para recordar que sigue siendo uno de los personajes más intimidantes del universo mutante. Las habilidades se sienten enormes, peligrosas y teatrales. Muy teatrales. Pero claro, en un cómic donde Mister Siniestro lidera el equipo, la sobriedad nunca fue una opción. El color de Alex Sinclair merece muchísimo reconocimiento. Hay páginas que literalmente parecen iluminadas por el fin del mundo. Los poderes destacan, las escenas de combate tienen un impacto brutal y el tono apocalíptico nunca se vuelve gris o aburrido. Que esto pasa mucho en los futuros distópicos de superhéroes: todo termina pareciendo un aparcamiento mojado a las tres de la madrugada. Aquí no. Aquí hay color, energía y una sensación constante de catástrofe épica.

El mayor mérito de este tebeo es precisamente convertir una idea que parecía puro superficial en algo sorprendentemente sólido. Porque admitámoslo, esto podría haber sido un desastre glorioso lleno de poses vacías y diálogos sobre “esperanza”. Y en parte lo es, pero de la mejor manera posible. Tiene personalidad. Tiene ritmo. Tiene personajes carismáticos. Y, sobre todo, entiende perfectamente el tipo de historia que quiere contar. Lo que busca es darte una aventura mutante pasada de vueltas con un equipo imposible, toneladas de acción y suficiente drama para que no parezca simplemente un desfile de explosiones. Y lo consigue.
Además, Panini Comics presenta el tomo en una edición muy resultona dentro de esta línea de La Era de Revelación. Se incluyen los tres números de Sinister’s Six con traducción de Uriel López que se convierten en una lectura rápida pero intensa que entra peligrosamente bien. De esas que empiezas pensando “voy a leer un par de páginas antes de dormir” y acabas a la una de la madrugada viendo a Rojo Omega destrozar medio escenario mientras Siniestro probablemente está calculando cuántas traiciones puede monetizar antes del desayuno. Al final, «La Era de Revelación: Los seis de Siniestro» es exactamente el tipo de cómic que uno quiere encontrar dentro de un gran evento. Una historia pequeña dentro del caos gigante, con identidad propia y personajes que consiguen importar más allá del espectáculo. Y sí, también tiene a Mister Siniestro liderando un escuadrón de mutantes desesperados mientras pone cara de diva intergaláctica. Francamente, con eso ya tenía media reseña ganada.
