Marcel Cerdan. El corazón y los guantes: Los puños que cuidaron de Francia

“Pero yo solo se decir
Mis dos puños cuidan de mi.”

Estos versos, provenientes de la canción “Bestia, Bestia” de Ilegales, pueden ilustrar y definir al personaje del cual nos ocupamos hoy: Marcel Cerdan (Sidi Bel Abbes, 22 de julio de 1916 – São Miguel, 28 de octubre de 1949), el boxeador que, de alguna manera, cuidó a toda Francia al obtener el título mundial de los pesos medios al derribar a Tony Zale el 21 de septiembre de 1948, en un momento que el país galo se recomponía tras la ocupación y la Segunda Guerra Mundial.

Obviamente, ese cuidado a través de los puños que indicaba en la canción ilegal Jorge Martínez debemos de despojarlo del halo camorrista con que se canta, pues en el caso de Cerdan hablamos de un deportista que, desde sus orígenes humildes conquistó lo más alto del ring con sus puños. En unos años convulsos, los de la Francia derrotada y ocupada por el Tercer Reich, en cada combate hizo besar la lona a muchos de los púgiles que representaban el totalitarismo expandido por Europa. Convirtiendo cada victoria en un símbolo de pequeño orgullo y esperanza que alimentó a esa Francia derrotada, que encontraba en cada KO que propinaba un motivo de esperanza. Hecho que no se quedó solo en lo simbólico, pues Cerdan reservaba de cada combate una parte de dinero para alimentar la caja de la clandestina resistencia francesa.

Después de la guerra, vino la libertad, y la conquista del mundo. También el romance con “el gorrión de París”: Édith Piaf. Representando ella y el, la pareja que copó lo más alto del primer “Star System” francés de postguerra. Todo quedó truncado tras la prematura muerte del púgil en el fatal accidente de aviación del 28 de octubre de 1948. Pero su recuerdo prevalece como uno de los iconos franceses del siglo XX que trascendió lo deportivo para convertirse en un fenómeno social. De los 110 combates oficiales, sus 106 victorias le otorgaron el estatus de leyenda bajo el ring. Las cuatro derrotas nunca fueron por KO para este deportista que asestó, tanto metafóricamente como físicamente, buenos derechazos al totalitarismo fascista.

Con una vida así había material más que suficiente para construir una biografía en viñetas solvente. Y eso es lo que han hecho Bertrand Galic y Jandro González en “Marcel Cerdan. El corazón y los guantes” («Marcel Cerdan: le coeur et les gants«) recién editado por Norma en castellano con traducción de Gema Moraleda.

A lo largo de sus 104 páginas, Galic compone una sobria biografía sobre el deportista que más significó para Francia en los duros años de la ocupación. En una narración que parte de la infancia humilde en el protectorado marroquí y llega hasta la muerte en la cumbre. Desde el niño de familia humilde al que su padre obligó a calzarse los guantes de boxeo, hasta el joven púgil que ridiculizaba al racismo en cada combate que ganaba durante la Segunda Guerra Mundial. Del hombre que, a pesar de tener varios romances, siempre cuidó a sus partenaires y descendencia. También del símbolo que se convirtió y lo que llegó a significar para toda una nación necesitada de mitos tras la humillante ocupación….

Todo eso, en ocasiones de forma sutil y otras de manera más evidente, queda bien sintetizado por Galic, que Jandro («El misterio del paso Diátlov«, «La vampira de Barcelona» o «La sombra roja») se encarga de plasmar en resolutivas páginas que nos llevan a una época ya lejana en el tiempo, pero próxima en cuanto a convulsiones ideológicas. Relatando en lo gráfico, con una precisión narrativa notable, una vida que conviene recordar, por lo que supuso en lo deportivo, pero también en el valor simbólico político de muchas de sus victorias en el ring.

En “Marcel Cerdan. El corazón y los guantes” queda recogida certeramente, como bien indica el título, una vida entre lo personal, lo político y lo deportivo, que conviene poner en valor, por lo que implica y significa. Porque los puños de Cerdan no solo cuidaron de sí mismo sino que, de alguna manera, lo hicieron de todo un país en su momento de mayor oscuridad.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Me ha encantado. Qué estética tan hermosa. Qué buena pinta. En cuanto pueda lo adquiriré

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