El Diablo: un nuevo mundo y una nueva especie

La mayoría de los iconos de la Bande Dessinée clásica se mantienen en su concepción original. Está el caso de Tintín, de quien no ha habido nuevas aventuras desde el fallecimiento de su creador, Hergé. Pero la mayoría han seguido protagonizando nuevos relatos. Algunos intentando conservar el espíritu y parámetros originales, como Astérix, Blake y Mortimer o, entre otros Corto Máltes (incluidas sus aventuras modernas). Otros, sin embargo, han probado la experimentación de nuevos enfoques y propuestas. Es el caso de, por ejemplo, Blueberry, Lucky Luke, Spirou o, el personaje que hoy centra nuestra atención: Marsupilami.

Creado por André Franquin en 1952 como un curioso secundario en las aventuras de Spirou, fue un personaje recurrente en la etapa del autor con el personaje (quizá la mejor de su historia), si bien Marsu despareció de sus páginas tras la marcha del autor en 1970, volviendo a protagonizar cabecera propia en los años 80, aunque se tratara de otro personaje de la misma especie. Desde entonces, Marsupilami protagonizó una serie propia, alimentada por Greg y Batem, y supervisada hasta su muerte por el propio Franquin, que le consolidó como uno de los iconos de la Bande Dessinée.

Además de la serie, digamos “oficial”, Marsu ha protagonizado otros cómics con perspectivas y enfoques mas autorales. Baste ver los volúmenes que editó Dupuis – y editados en castellano por Nuevo Nueve – que compilaban historias cortas de varios autores con el personaje. O el colosal “La Bestia”, de Zidrou y Frank Pé: la acertada revisitación de la criatura de Franquin desde una perspectiva más realista. A estos títulos se les ha de sumar el que hoy nos ocupa: “El Diablo”, de Lewis Trondheim y Alexis Nesme, recientemente editado en castellano y catalán por Editorial Base.

El Marsupilami de Trondheim y Nesme es, de partida, un enfoque fresco que conviene poner en valor, pues nos presentan una aventura ambientada en la época del descubrimiento de América. Justo en el momento en los que exploradores se adentraban en ella, cuando Palombia aún no era conocida como tal y los mitos de ocultos tesoros y yacimientos comenzaban a gestarse. Ese es el momento en el que sitúa la acción Trondheim, que hábilmente combina elementos característicos del concepto del personaje con las particularidades de la época donde se desarrolla la aventura.

Una aventura para todos los públicos, que funciona a varios niveles. Tanto para los neófitos que se acerquen al álbum como para los que ya conozcan a la entrañable mascota creada por Franquin. Si bien estos últimos la van a disfrutar más, como es obvio. Pero eso no es óbice para nadie, pues Trondheim nos propone un relato entretenido y listo para ser disfrutado por todos, donde el equilibrio entre humor y aventura se equilibra de forma orgánica

A ello ayuda el entrañable trazo de Nesme, que potencia aquí el relato con su habitual estilo caricaturesco, dotando de una expresividad notable a cada personaje. Suavizando incluso los momentos peligrosos a los que se enfrentan los personajes, el resultado es a todas luces bello y entrañable. Sirva de muestra el Marsupilami que cobra vida con el arte de Nesme, un animalito que resulta entrañable, muy alejado de la fiereza del caracterizado (acertada y original, por otra parte) por Frank Pé en “La Bestia”.

El color natural de Dagmar Gosejacob ayuda a potenciar esas sensaciones, siendo el guache un catalizador del sentido de la aventura exótica que desprende el álbum en sus páginas. Haciendo que el paseo por sus páginas sea gustoso y atractivo por su colorido y magnetismo. Cautivando por lo gráfico por lo exuberante del resultado.

Al culminar las 64 de “El Diablo”, traducidas al castellano por Héctor Cesena Mèlich, deja una sensación de querer saber más de este antepasado de Marsu. Quizá esta versión, tanto por potencial como por desarrollo, pudiera protagonizar más páginas. Elementos atractivos no le faltan. Señal que, por el momento, lo que han ofrecido Trondheim y Nesme no es una visión más, sino una personal, llena de exuberancia y exotismo, a la par que entrañable. Es pues un descubrimiento, el de una nueva especie de un nuevo mundo. Antes de que a Palombia se le conociese como tal.

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