Masacre de Daniel Way Volumen 2: Soy tu hombre. Cómico carmesí    

Hay un lugar en el Universo Marvel donde la lógica se toma vacaciones, la violencia es el lenguaje del amor y los chistes malos vuelan tan rápido como las balas. Ese lugar tiene nombre y apellidos: Wade Winston Wilson. Y este segundo volumen de «Marvel Héroes: Masacre» es un billete de ida al corazón de la locura, con Daniel Way a los mandos y un ejército de dibujantes y coloristas en modo berserker. Aquí no queda espacio para medias tintas ni para filosofías de salón: lo que hay son 472 páginas de acción al rojo vivo, humor negro que podría derretir el escudo del Capitán América y un retrato inesperadamente conmovedor de un hombre al que la vida le dio tantas patadas que decidió responder con katana en mano y una sonrisa bajo la máscara.

Daniel Way agarra al mercenario bocazas y lo lleva un paso más allá. Después de que el primer volumen nos enseñara cómo Wade puede convertir hasta un genocidio en una sitcom, este segundo tomo es la prueba definitiva de que Masacre no solo es el rey del humor negro, sino también un personaje mucho más complejo de lo que parece. Porque sí, hay chistes sobre intestinos, referencias metatextuales y la habitual orgía de violencia creativa… pero en el fondo hay un hombre hecho trizas intentando pegar los pedazos de su alma con cinta adhesiva y sarcasmo. Por eso, Daniel Way sigue demostrando que nadie entiende mejor la voz de Masacre. Los diálogos fluyen como metralla lanzada desde un helicóptero, las rupturas de la cuarta pared son tan frecuentes que uno empieza a mirar a los lados por si Wade está detrás del sofá, y el ritmo es un torbellino que nunca te deja respirar. Hay capítulos que parecen una comedia con rifles de asalto y otros que se sumergen en el drama de un hombre que se odia a sí mismo, pero no sabe cómo dejar de ser el monstruo que el mundo ve.

Aquí está el corazón de estos comics, nuestro mercenario quiere ser un Hombre-X. Sí, el tipo que dispara a la gente por dinero, que habla solo con las voces en su cabeza y que tiene una cara como una pizza que se cayó al suelo, cree que puede encajar con la Patrulla-X. La premisa ya es tan absurda como prometedora, y Way la exprime hasta la última gota. A lo largo de estos números, Wade hace lo imposible por demostrar que puede ser un héroe. Cada intento es más desastroso, más sangriento y más hilarante que el anterior. Si alguna vez has querido ver cómo se rompe un sueño en cámara lenta mientras suena un coro de carcajadas en la banda sonora, este es tu cómic. Pero no todo son risas. Entre viñetas llenas de pólvora y diálogos tan afilados como un cuchillo, asoma el verdadero Wade Wilson: un hombre que ha visto demasiado, que ha perdido demasiado y que solo quiere dejar de sentirse un monstruo. Cada encuentro con la Patrulla X es un recordatorio cruel de que no importa cuánto lo intente, nunca será “uno de ellos”. Aun así, sigue intentándolo, porque hasta los payasos sangrientos necesitan una familia.

Por supuesto, esto no sería Masacre sin una buena dosis de cameos estelares. Spider-Man y Wade protagonizan algunas de las mejores páginas del tomo, con un dúo que es a la vez desternillante y entrañable. La química entre ellos es tan potente que podría iluminar una pequeña ciudad. Lobezno, el eterno saco de boxeo de Wade, también aparece para repartir mamporros y malos consejos, mientras Thor y el Motorista Fantasma aportan sus propias dosis de épica y locura. También el Capitán América y la sensual Viuda Negra tiene su pequeña intervención en estas páginas. Cada aparición tiene sentido, cada diálogo chispea y cada interacción demuestra que Wade es el pegamento caótico que mantiene unido el universo Marvel… aunque nadie lo haya pedido.

En el apartado gráfico, el delirio sigue sin descanso: Carlo Barberi, Paco Medina y Shawn Crystal son los titanes principales, con un estilo dinámico y expresivo que convierte cada escena en un festival visual. Bong Dazo y Tan Eng Huat aportan sus propias pinceladas de excentricidad, mientras Philip Bond le da un aire indie al capítulo guionizado por Duane Swierczynski que parece sacado de un fanzine con esteroides. Los colores de Marte Gracia, Antonio Fabela y el resto del equipo hacen que todo explote en tu retina como si Wade hubiera mezclado sus medicinas con un bote de pintura neón. Aquí no hay espacio para la sobriedad: todo es exceso, velocidad y puro espectáculo.

Para rematar, Panini Comics viste la locura de Wade con su formato de Marvel Héroes, un tomo en cartoné robusto como la piel del propio Masacre que recopilan los números Deadpool #13 al #31. La traducción de Uriel López mantiene el pulso y la mala leche de cada diálogo como si las palabras fueran disparos directos a la sien, y los extras como las portadas alternativas de Stephen Segovia y Rain Beredo, Chris Giarrusso, Jason Pearson o los bocetos de Paco Medina rematan la jugada junto a la introducción de Pedro Monje.

Al cerrar el tomo, te queda la sensación de haber acompañado a Wade en un viaje tan frenético como catártico. Has reído, has visto decapitaciones absurdas y has presenciado uno de los retratos más sinceros de la soledad en el cómic mainstream. «Masacre: Soy tu hombre» es eso: el relato de alguien que, a su manera retorcida y sangrienta, solo quiere pertenecer, ser amado y dejar de ser el monstruo que el mundo ve. Ahí está la magia. Wade puede disparar a un ejército de ninjas, bromear sobre tacos y romper la cuarta pared cada dos páginas, pero al final sigue siendo un tipo que, pese a todo, se levanta cada día con la esperanza de que mañana será distinto. Ese equilibrio imposible entre lo salvaje y lo tierno es lo que hace que este volumen tenga un nivel lo suficientemente alto para estar en lo mejor del personaje. Porque sí, Wade Wilson está loco, pero dentro de su caos hay más verdad de la que muchos otros héroes se atreven a mostrar.

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