Drácula, de Jules: visión personal y poderosa

“¿Pueden explicarme por qué en las pampas – ¡oh, y en muchos otros lugares! – existen criaturas, que al amparo de la noche, asaltan al ganado y a los caballos para chuparles la sangre y secarles las venas?”

Sin duda, una de las novelas que ha traspasado más veces el papel para llegar a otros medios de expresión es la novela de Bram Stoker. Publicada en 1987, “Drácula” es la novela gótica que cuenta con una robusta longevidad, llevando tras su paso el mito de los vampiros al siglo XX con un vigor que todavía se conserva en pleno 2025. A lo largo de este tiempo, el “no muerto” más célebre de la ficción ha conocido numerosas adaptaciones al cine, teatro, televisión y cómic. Siendo en el noveno arte destacables varios trabajos realizados en torno al personaje, desde las adaptaciones de Fernando Fernández, George Bess o, entre otros, Esteban Maroto hasta su inclusión en el universo Marvel, donde el maestro del claroscuro, el gran Gene Colan, realizó páginas de varios quilates en los años ´70. Por méritos propios cabe destacar también la adaptación del film de Francis Ford Coppola a las viñetas, obra de Roy Thomas y un Mike Mignola pletórico, consiguiendo éste último que el cómic tuviera una personalidad propia tan rotunda como la película que adaptaron.

Todas ellas son prueba del potencial y capacidad de seducción que tiene el personaje e historia original creado por Stoker. De hecho, cada cierto tiempo los aficionados a los vampiros se encuentran material de este subgénero gótico de nueva creación, ya sean obras que amplían la temática (como “El Baile del Vampiro” de Sergio Bleda: toda una saga de culto del cómic español) como nuevas revisitaciones del clásico de Stoker. Es el caso de la realizada por Jules (“La Madriguera”, “Todos los tiempos el tiempo” o “Banzai”), publicado en España por Bang Ediciones, dentro de su colección clasicomix, donde con total libertad se adaptan los clásicos de la literatura a las viñetas.

A estas alturas hacer algo que resulte fresco con el texto de Stoker entraña un grado de dificultad. Habrá quién piense que está todo dicho o dibujado. Pero siempre quedan terrenos por explorar y eso es lo que hace Jules, que conserva la esencia de la novela mientras que se toma refrescantes licencias que, lejos de apartarse del camino original, dan nuevas texturas al relato.


La primera es la contextual, pues Jules traslada la acción al Mar de Plata de mediados del siglo XX. Dejándo atrás en lo formal el Londres victoriano del texto original, pero conservando el toque decadente y gótico que envolvía tanto a Mina, Harker, Lucy y el seductor y sofisticado Conde.

La segunda licencia es, de forma sutil, hacer énfasis en la vía de deseo que esconde el tradicional mordisco en el cuello. Un deseo confrontado con las rigideces sociales. Eso ya subyacía en la novela de Stoker y Jules lo focaliza en la relación entre Mina y Lucy, llevando a los personajes a terrenos que, si bien ya han sido explorados con anterioridad, no se han realizado con la mirada que aporta Jules. Una llena de un trazo personal, que va destilando la sensualidad y horror del texto original para mezclarlo en nuevos caminos y soluciones, tanto gráficas como argumentales.

Esa es la fuerza del Drácula de Jules. Uno que transpira una personal sensualidad por los poros de sus viñetas. Que no renuncia al horror y a la esencia del clásico a lo largo de sus 72 páginas, proponiendo un tebeo que es, a la vez, transgresor y clásico. Todo un logro.

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